El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 19 de febrero de 2024

Positividad tóxica: qué pasa cuando el optimismo se te va de las manos

 

En la actualidad la positividad se ha convertido en un mantra omnipresente. De forma diaria nos vemos bombardeados por mensajes que nos animan a "pensar positivo", "ver el lado brillante de las cosas" y "mantener una actitud positiva en todo momento".

Sin embargo, detrás de este aparente impulso hacia la felicidad perpetua, se esconde un fenómeno conocido como positividad tóxica. Whitney Goodman, autora de una obra literaria firmada bajo este mismo nombre, define este fenómeno como “la excesiva e inefectiva generalización de tener una actitud feliz y optimista en todas las situaciones”.

Imagen extraída de iStockPhoto

En la sociedad actual, la positividad tóxica se ha infiltrado en todas las áreas de nuestra vida. Desde las redes sociales hasta nuestro entorno cotidiano, pasando por accesorios de menaje o artículos de papelería, nos bombardea constantemente con mensajes que nos dicen que siempre debemos ser felices, exitosos y productivos.

Por otro lado, la positividad tóxica surge de una interpretación distorsionada de los principios de la psicología positiva. La psicología positiva, desarrollada por el psicólogo Martin Seligman, se centra en el estudio y la promoción de aspectos positivos del ser humano, como la gratitud, la resiliencia y el bienestar emocional.

A diferencia de la positividad tóxica, la psicología positiva reconoce la importancia de abordar tanto las emociones positivas como las negativas de manera equilibrada. En su modelo, Seligman aboga por una visión realista del optimismo, que implica reconocer y aceptar los desafíos, pero también cultivar una mentalidad orientada hacia soluciones y el crecimiento personal. Lo cual dista de la positividad tóxica que solo admite como válida aquella actitud positiva en todo momento, independientemente de las circunstancias.

La trampa de esta positividad tóxica es que se construye bajo la premisa de que ignorar o suprimir emociones "negativas" es la clave para la felicidad y el éxito.  La positividad tóxica se refiere a la imposición de un pensamiento positivo como la única forma de solución a los problemas, exigiendo que las personas eviten o nieguen pensamientos negativos y no expresen emociones negativas. Asimismo, se refiere a la creencia que las personas deben dar un giro positivo a todas las experiencias, incluyendo aquellas que puedan ser dolorosas y trágicas.

Jamie Long, psicólogo y copropietario de The Psychology Group, advierte que cuando la positividad se usa para encubrir o silenciar la experiencia humana, se vuelve tóxica precisamente porque al rechazar la existencia de ciertos sentimientos, se crea en un estado de negación y emociones reprimidas que impide el procesamiento saludable de nuestro mundo emocional.

No existen las emociones “buenas o malas” ni “positivas o negativas”, sino agradables o desagradables. Todas las emociones son válidas y tienen una función: comunicar, movilizar, aprender, regular nuestra conducta e incluso anticipar y prevenir algún daño. Por ejemplo, el enfado puede estar informándonos de que se están traspasando nuestros límites, o el estrés ante los exámenes puede servir para aprender a organizar mejor la rutina de estudio para un futuro. Al negar o suprimir emociones negativas, se corre el riesgo de que estas emociones se cronifiquen o se manifiesten de manera patológica, a través de sintomatología ansiosa o incluso somática, síntomas físicos como el dolor, irritaciones cutáneas o dolor de cabeza, se han relacionado invalidación emocional, “el cuerpo habla lo que la mente calla”.

Además, al perseguir constantemente la felicidad externa, se puede experimentar un vacío interior y una falta de conexión con uno mismo y con los demás. La imposición de alcanzar unos estándares poco realistas de felicidad puede distorsionar nuestro sistema de valores, imponiendo objetivos rígidos e inalcanzables que a medio o largo plazo generan frustración, indefensión, y con ello, una gran insatisfacción vital.

La presión por sentirse bien e irradiar felicidad de manera constante produce un efecto paradójico de infelicidad. Es decir, vivir bajo la creencia de que el éxito es sinónimo de felicidad supone que ante cualquier emoción diferente a esta felicidad generará rechazo; además, ten en cuenta que la realidad en la que vivimos está repleta de situaciones y circunstancias que activan todas las demás emociones que existen además de la felicidad. Por lo tanto, experimentar estas emociones “inadmisibles”, se genera una segunda emoción, la vergüenza o culpa por no alcanzar la utopía de la positividad tóxica. Este ciclo se retroalimenta, creando un círculo vicioso de emociones desagradables e inadmisibles, difícil de silenciar.

 

Desde la psicología se advierte que, la clave no es suprimir o negar nuestras emociones, sino aprender a manejarlas de manera saludable y constructiva.


Permíteme que te muestre el efecto que puede tener la negación emocional a través de una metáfora:

Si las emociones son mensajes que nos envía nuestra mente y cuerpo, las podemos comparar con un cartero cuyo trabajo consiste en hacernos llegar un paquete o carta a casa.

Su misión es hacernos llegar estos mensajes, no solo porque es su trabajo, sino porque también considera la importancia que estos pueden tener para su receptor, por lo que para cumplir con su labora utilizará diferentes medios. Si el cartero llama a nuestro timbre y nosotros decidimos que no le abriremos la puerta para recibir ese paquete, probablemente los paquetes se irán acumulando en la puerta, y el cartero cada vez insistirá más para cumplir con su trabajo. En el peor de los casos empezará a tratar de introducir algunos de los paquetes por debajo de tu puerta para que así puedas recibirlos.

Cuando nuestra puerta esté llena de paquetes, no nos quedará más opción que abrir la puerta, recogerlos e ir abriéndolos uno a uno. Para entonces, se habrán acumulado tantos que será mucho más complicado de gestionar y ordenar.

Algo similar sucede con las emociones, si no hacemos caso estas no desaparecen, sino que se van acumulando.  El riesgo de acumular emociones es que, cuando no nos quede más opción que enfrentarnos a ellas, puede que nos desborden y surjan como una explosión emocional. En cambio, si día a día vamos recogiendo cada uno de los mensajes que nos trae el cartero, y atendemos cada uno de lo que nos quieren comunicar nuestras emociones, serán más tolerables y fáciles de gestionar y sin que nos desborden.


Ana Callejo Matey - Terapeuta del CPA

 

domingo, 12 de noviembre de 2017

¿Estás aquí en este instante? Cómo centrarse en el momento presente

Fotografía: Ajusticenetwork, con licencia Creative Commons.
Habitualmente invertimos gran parte de nuestro tiempo pensando en el futuro: tareas pendientes, preocupaciones, planificaciones, etc. También reflexionamos sobre hechos de nuestro pasado: aquella discusión que tuvimos, el error que cometí y que me atormenta, las vacaciones del verano anterior, etc. Esta situación se ve además agravada por la omnipresencia tecnológica, que nos otorga la capacidad de estar en varios sitios a la vez. Pero, ¿cuándo dedicamos tiempo a estar en el presente, a estar en lo que hacemos?, ¿somos incapaces de estar aquí y ahora?
¿Qué pasa por no “estar” en el presente? ¿Tiene algo de malo?

Lógicamente, poder pensar en el futuro y en el pasado nos aporta importantes beneficios, dado que nos permite organizarnos y anticiparnos, así como aprender de nuestros errores y recordar situaciones agradables. El problema es cuando pasamos demasiado tiempo pensando sobre estos otros momentos, pudiendo aparecer problemáticas como la ansiedad y la depresión, entre otras.
En este contexto, en el que estar en el momento presente resulta cada vez más complicado, técnicas como el mindfulness van adquiriendo cada vez más protagonismo en nuestra sociedad.

¿Qué es el mindfulness?

Consiste en prestar atención o conciencia plena al momento presente, procurando no modificar ni juzgar lo que se siente o se percibe. Es decir, se busca que la persona que lo practica mantenga un rol de observador.

En el mindfulness, al contrario de lo que muchas veces se cree, no se trata de dejar la mente en blanco sino de sentir y percibir lo que ocurre aquí y ahora.

¿Qué beneficios tiene centrarse en el presente?

Entre otros muchos beneficios, destacamos una mejor focalización atencional, la reducción de los niveles de estrés y ansiedad (al dejar de anticipar y estar en varias tareas simultáneamente) y el mayor conocimiento y aceptación de nuestros eventos privados, que facilita su regulación.
Igualmente, al desconectar el “piloto automático” conseguimos aumentar el disfrute de nuestras actividades cotidianas.
¿Y cómo puedo empezar yo a practicar mindfulness?

Antes de nada, es importante tener en cuenta que mientras hacemos este tipo de ejercicios inevitablemente nuestra cabeza se irá a otro sitio y pensaremos en diferentes cosas. Cuando esto ocurre, lo conveniente es ser amable con uno mismo (no enfadarse, frustrarse o juzgarse), entender que es algo habitual y volver a centrar la atención en donde queremos tenerla. Asimismo, trataremos de aceptar experiencias desagradables que podamos sentir sin tratar de evitarlas.
Con respecto a las prácticas iniciales, tenemos varias opciones:
  • ·        Respiración

Cuando se empieza a practicar la atención plena se recomienda emplear la respiración como elemento a observar. Puedes sentarte de forma cómoda, con la espalda apoyada, y comenzar a observar cómo el aire entra y sale de tu cuerpo, sin tratar de modificar el ritmo de tu respiración. Como comentábamos antes, cuando aparezcan pensamientos distractores vuelve tranquilamente a atender a tu respiración. Empieza por tiempos cortos (5-10 minutos) y ve aumentándolos. Si eres una persona activa, también puedes practicar este ejercicio caminando.
  • ·        Body Scan

Otra práctica muy extendida consiste en efectuar un “escaneo corporal”, tanto en posición sentada como tumbada. Ve explorando cada parte de tu cuerpo y detente en ella, observando las sensaciones y sin querer modificar nada: ¿está tensa?, ¿dónde está apoyada?, ¿está en contacto con tu ropa? Cuando hayas terminado con esa zona, pasa a otra área.
  • ·        Actividades cotidianas

Hay multitud de actividades que realizamos con el “piloto automático”, como comer, lavarse los dientes, fregar o andar. De hecho, muchas veces compaginamos las actividades cotidianas con otras: comer viendo la televisión o repasando el examen que tenemos después, andar usando el WhatsApp o fregar mientras hablamos con alguien.  
Para poder prestar atención plena en estas y otras actividades, lo recomendable es que vayas prestando atención a tus cinco sentidos: ¿qué ves?, ¿qué forma tiene lo que ves?, ¿de qué color es?, ¿oyes algo?, ¿qué siente tu cuerpo?, ¿qué tacto tiene?, etc.

Recuerda que, como cualquier aprendizaje, conseguir atender al presente requiere constancia y esfuerzo. Así que ármate de paciencia y verás cómo los cambios se van dando progresivamente. Por último, como siempre, te esperamos en los comentarios del blog para cualquier duda o sugerencia.

Cristina Aristimuño de las Heras – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

Lavadilla, M., Molina, D. y López, B. (2008). Mindfulness o cómo practicar el aquí y el ahora. Barcelona: Ediciones Paidós.


Siegel, R. D. (2010). La solución mindfulness. Bilbao: Descleé de Brouwer.

domingo, 22 de octubre de 2017

¡Sálvese quien pueda, los mensajes positivos nos persiguen!


Fotografía: Hada del lago, con licencia Creative Commons.

Seguramente hayas visto que hoy en día nos rodean por todos lados multitud de mensajes positivos que nos transmiten la idea de que nuestro día sea el mejor, o de que todo lo que nos propongamos estará a nuestros pies para conseguirlo. Lo vemos en bolígrafos, en agendas, en tazas, en frases junto a fotos en nuestras redes sociales… nos acompañan allá donde vamos. Parece que el único fin de estos mensajes es mostrarnos las ventajas de alcanzar la felicidad suprema, y motivarnos para que todos queramos alcanzarla pero, ¿qué puede haber de malo en esto? Vayamos un paso más allá.

Desde pequeños hemos aprendido a expresar como nos sentimos a través de las emociones, cumpliendo cada una de ellas una función. Así, las emociones positivas tales como la alegría, la satisfacción…están asociadas a conductas de aproximación y a la percepción de oportunidades, que permiten a las personas que las alcancen a través del aprendizaje. En el otro lado están las emociones negativas como la tristeza, la ira o la frustración, que nos permiten ante determinados sucesos poder enfrentarnos a ellos y aprender de los mismos, cumpliendo tanto las emociones positivas como las negativas una función adaptativa.


Podemos ver un ejemplo de esto en la película Del Revés (Inside Out) de Pixar que habla del papel que cumplen las emociones en la vida de la protagonista, quien junto a su familia se traslada a una nueva ciudad por motivos laborales de su padre, dejando atrás a sus amigos y el lugar donde ha crecido, teniendo un impacto negativo para ella. Más allá de hablar de la película, hay un aspecto que nos interesa especialmente y es el papel que se le da a una emoción en concreto: la tristeza, representada de color azul.


Fotografía: BagoGames, con licencia Creative Commons

La tristeza es una emoción que ha tenido y tiene una ventaja evolutiva, nos permite enfrentarnos a las pérdidas y adaptarnos a la nueva situación que suponen, estando implicada en nuestra toma de decisiones.

El hecho de querer alcanzar la felicidad máxima o estar feliz en todo momento, hace que en ocasiones podamos frustrarnos cuando no lo conseguimos, pudiendo generar una serie de desventajas, entre ellas:
  • No dejar hueco para que las emociones como la frustración, la incertidumbre o la tristeza, cumplan su función adaptativa. Popularmente se suele decir que, a veces, tenemos que equivocarnos para poder aprender, y es como consecuencia de estas situaciones donde aprendemos a gestionar los momentos complicados de nuestra vida.
  • Evitar sentir estos estados emocionales puede generar que percibamos unas circunstancias que no son ajustadas a la realidad, pues la verdad es que a veces existen momentos complicados y sentir estas emociones nos ayuda a afrontarlos y, sobre todo, a aprender, a no cometer el mismo error en el futuro o a saber gestionarlo en caso de que vuelva a ocurrir esa situación.
  • Creer que vamos a ser felices siempre o a conseguir todo lo que nos propongamos, nos hará difícil entender que en ocasiones no vamos a poder conseguirlo, generándonos frustración y malestar.

Pese a la importancia de permitirnos sentir todo tipo de emociones y de la utilidad de sentir emociones negativas en aquellas ocasiones en las que son necesarias, hay que conocer dónde está el límite. Si estas emociones negativas se intensifican, se mantienen a lo largo del tiempo y te generan un malestar intenso sin estar vinculadas a situaciones estresantes, puede indicar que han perdido su utilidad adaptativa y que podría ser conveniente solicitar ayuda psicológica. Si es así, en el CPA podemos ayudarte.

Nos gustaría finalizar esta entrada queriendo conocer vuestra opinión: ¿Cuál es vuestro punto de vista sobre este tema?, ¿Hay algo con lo que no estéis de acuerdo? Estaremos encantados de que lo compartas con nosotros en los comentarios de esta entrada.

Elena Ballesteros Guerrero – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

- Pedrosa, L. P. (2016). Estudio de las emociones en los personajes animados de Inside Out. Revista Mediterránea de Comunicación/Mediterranean Journal of Communication, 7(1), 31-45.

- Antonio, J. (2012). Afectividad positiva y personalidad. En J. Bermúdez, A.m. Pérez-García, J.A. Ruiz, P. Sanjuán y B. Rueda (Eds). Psicología de la Personalidad. (pp.291-328). Vizcaya, España: UNED.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Recalculando ruta: ¿Dirección? Lo que más me importa

Menos momentos de los que nos gustaría dedicamos a sentarnos y ver si la dirección en la que caminamos es la dirección que queremos tomar. Muchas veces nos dejamos llevar y, de repente, nos encontramos ansiosos, aburridos, miedosos, enfadados, porque, el lugar al que hemos llegado, no era el destino al que queríamos llegar. También puede pasar que elijamos un camino por ser el que más nos llena, y que por alguna razón, las circunstancias que nos rodeen cambien, y tengamos que decidir qué valoramos más en base a la nueva situación. Puede ocurrir que hayamos elegido un camino, nos haga felices, pero no sepamos cómo continuar. Es satisfactorio, por otro lado, comprobar que caminamos en la dirección que hemos elegido, y que trabajamos en aquello que nos importa día a día.
Fotografía libre de derechos
En la entrada de hoy, te proponemos reflexionar acerca del valor que tienen para ti los distintos ámbitos de tu vida, y si realmente cumples los objetivos encaminados a alcanzar tus metas en estos ámbitos. En caso de que haya áreas en las que esto no sea así, te proponemos reflexionar sobre lo que te impide caminar en la dirección que te gustaría.
A continuación, te presentamos algunas áreas valiosas para muchas personas, y te proponemos lo siguiente: atreverte a realizar el cambio en dirección a aquello que te puede hacer más feliz. No todas las áreas tienen que tener el mismo valor para ti, incluso puede ser que algunas no sean valiosas. No hace falta que reflexiones sobre todas ellas. Céntrate en aquellas que más te importen.
Primero: ¿qué ámbitos de la vida son más valiosos para ti?
Te proponemos pensar y comparar cómo te encuentras en cada uno de ellos, y en qué medida discrepa tu actuación actual de lo que te gustaría ser o hacer en el ámbito que te importa:
  • Matrimonio/pareja/relaciones íntimas: piensa en el tipo de persona que te gustaría ser en una relación íntima y la clase de relación que te gustaría tener. Focalízate en tu papel dentro de esa relación.
  • Relaciones familiares: recapacita acerca del tipo de hijo/a, hermano/a, padre/madre que te gustaría ser, las cualidades que te gustaría tener en esas relaciones, como tratarías a esas personas teniendo la relación ideal.
  •  Amistades/relaciones sociales: medita acerca de qué significa para ti ser un buen amigo y qué cualidades debieras tener para serlo.
  • Empleo: cavila qué tipo de trabajo te gustaría desempeñar (puede ser muy específico o más general), después piensa en por qué te gustaría desempeñar ese trabajo, dónde lo quieres desempeñar y cómo te gustaría que fueran las relaciones con tus empleados o compañeros.
  • Educación/formación: medita acerca del tipo de educación que quieres recibir, formal o informal, o si prefieres una formación especializada. Piensa acerca de por qué esa clase de educación o formación te atrae.
  • Bienestar físico/salud: piensa en lo que significa para ti mantener tu bienestar físico. Piensa en temas relacionados con la salud como el sueño, la dieta, el ejercicio... Recapacita si estás actuando en dirección a lo que deseas respecto a tu bienestar físico y psicológico.
  • Diversión: medita acerca del  tipo de vida recreativa que te gustaría tener (pasatiempos, deportes, actividades de ocio).
  • Espiritualidad: delibera qué significa este ámbito para ti. Puede ir desde algo menos formal como el compromiso con la naturaleza, a algo más formal como participar en un grupo religioso organizado. Si es un área importante para ti, piensa en cómo te gustaría ser y actuar en este ámbito.
  • Ciudadanía: cavila si quieres prestar algún servicio a la comunidad (voluntariado, grupo de presión ciudadana, compromiso con la naturaleza, grupos de ayuda…) y si esto es algo importante para ti, piensa en qué te atrae más y en qué dirección te gustaría trabajar en este ámbito.
Segundo: ¿existe mucha discrepancia entre lo que haces actualmente en ese ámbito y lo que deseas hacer? ¿Qué puedes hacer para actuar en la dirección valiosa?
Si lo que estás haciendo actualmente en los ámbitos que más te importan, se aleja de lo que te gustaría, es momento de pensar un plan de acción para redirigirte a aquello que tiene más valor para ti. Para ello, piensa en objetivos concretos que puedas realizar en el día a día. Si estos objetivos implican cambios importantes en tu vida, ponte objetivos pequeños y fáciles de alcanzar para facilitar el proceso de cambio y aumentar tu motivación con la consecución de esos pequeños éxitos. Convierte los objetivos en actos que puedas tachar en una lista.
Tercero: ¿qué te impide caminar en dirección a lo que más te importa? ¿Qué barreras te impiden continuar?
Fotografía de uPeKsHaMaTi,
con licencia Creative Commons
Algunas veces las circunstancias reducen nuestra capacidad de actuación, pero muchas otras somos nosotros mismos los que ponemos barreras a la hora de actuar para conseguir aquello que valoramos.
Observa tu pensamiento respecto al cambio. Identifica aquellos pensamientos que se oponen al cambio de manera irracional. Recuerda que tienes derecho: a ser tu propio juez; a cambiar de opinión; a decidir qué es mejor para ti; a elegir si dar o no explicaciones; a no necesitar la aprobación de los demás; a cometer errores. 
Es verdad que, ante una situación de cambio, por cualquier razón, lo más difícil es luchar contra las dudas y el miedo. Éstos, muchas veces, nos paralizan y no nos permiten comprobar que no pasa nada por intentarlo, o no nos permiten descubrir que ya tenemos herramientas para afrontarlos. Para romper con la ambivalencia, la duda o el miedo…
Cuarto: ¡sal y hazlo! Algunas veces te costará más, y otras menos. Estas experiencias forman parte del camino hacia aquello que nos importa. Aprende de los errores y celebra los éxitos. Recuerda que siempre puedes hacer un alto en el camino, revisar tu hoja de ruta, y recalcular si te estás alejando de lo que más te importa. Tampoco olvides que existen muchos caminos para llegar a un mismo destino. Aprovecha las oportunidades, prueba caminos diferentes, disfruta caminando, y aprende de cada paso.

Amanda López Ibáñez, terapeuta del CPA


  • Wilson, K.G. y Luciano, M.C. (2002). Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT). Un tratamiento Conductual orientado a los valores. Madrid: Pirámide.
  • Roca Villanueva, E. (2003). Cómo mejorar tus habilidades sociales. Valencia: ACDE Ediciones.

lunes, 25 de mayo de 2015

Mad Men

Joan, Roger, Betty, Pryce, Campbell, Don y Peggy - (AMC).


El pasado 19 de mayo nos dijo adiós esta serie de culto. Mad Men es especial. Está entre mis favoritas y sin embargo la he recomendado a muy pocos, pues no está pensada para gustar a todo el mundo. Huye de efectismos y escenas trepidantes, avanzando a un ritmo eternamente lento. Lo hace, sencillamente, porque puede. Porque con semejante guión no necesita recurrir a trucos fáciles para enganchar al espectador. Ay, el guión. Ahí está la excusa que me he inventado para citar a Don Draper y compañía en un blog de psicología.

Resulta que cuando uno pasa consulta no debe cuidar sólo lo que dice, sino cómo lo dice. De poco sirve explicar los problemas si no se capta la atención del receptor, o dar la pauta correcta sin enfatizar lo suficiente. “Make it simple, but significant” (hazlo simple, pero significativo) sería un buen consejo en este sentido, pero el filón de Madison Avenue da para más citas célebres. Tome nota si se dedica a la psicología clínica, pues caerá en la tentación de usar algunas de las siguientes:

lunes, 2 de marzo de 2015

Guía para obsesionarte en 5 pasos


Foto: Shutter stock

He aquí una guía para que consigas obsesionarte fácilmente. ¿Por qué no? ¿Acaso no es lo que siempre has querido? Tendrás tu cabeza ocupada, de hecho, podrás hacer poco más que pensar. Podrás dejar de dormir, alterar todos tus hábitos e incluso llegar a sentir esa sensación de ahogo en el pecho... Adelante:

-Intenta controlar lo incontrolable.  El comportamiento de los demás, lo que puedan pensar de ti, cómo debería funcionar el mundo… todo aquello que no dependa  al 100% de tu actuación tendrás que hacer por manejarlo, cuanto menos a tu alcance, más cerca estarás de este objetivo. 

lunes, 24 de marzo de 2014

¿Quieres ser feliz? Vive el aquí y el ahora

Hoy volvemos a traer a este blog un tema recurrente que posiblemente sea el que más ocupa y preocupa al ser humano: la felicidad. En otro post de este blog ya nos preguntábamos "¿Nos engañamos para ser felices?" y esta vez vamos a ir un poco más allá buscando algunas claves sobre las causas que puedan ayudarnos a acercarnos a la felicidad.

Nuevamente lo vamos a hacer desde un método científico, de la mano del doctor en Psicología por la Universidad de Harvard Matt Killingsworth. También en un post precedente (“La mente es un empleado excelente, pero un amo terrible”) tratamos sobre la conveniencia de controlar lo que pensamos y sobre el peligro de dejarnos llevar por "pensamientos automáticos".

lunes, 9 de diciembre de 2013

¿Nos engañamos para ser felices?

¿Qué es la felicidad? ¿Cómo se consigue? ¿Qué hay que hacer para lograr ser felices? Éstas son preguntas que el ser humano se plantea de forma recurrente a lo largo de su existencia y es un pensamiento que atormenta a nuestra condición: ¿soy realmente feliz...?

Cualquiera que se ponga a reflexionar un poco sobre esta cuestión llegará a la conclusión de que es habitual que en muchas ocasiones nos “engañemos” para acercarnos a esa felicidad. “Mi novia me dejó a un mes de la boda. Pero fue mejor así y no que me hubiera acabado dejando años más tarde teniendo ya hijos en común” o “al final fue bueno que me despidieran de ese trabajo, así pude llegar al que tengo ahora”... Como estos, hay cientos de ejemplos en la vida diaria de personas que asumen su realidad “a su manera” e intentan “edulcorarla” para ser más felices.