El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 14 de junio de 2021

Nuestro cuerpo también es nuestro contexto

 Cuántas veces habremos visto en la televisión anuncios como “pierde peso en tan solo dos semanas” o “nuevo método fácil y milagroso para obtener la figura que deseas”. Con estos mensajes lo que se promueve es única y exclusivamente la pérdida de peso como condición para estar “bien” físicamente y saludable.  Pero, nada más lejos de la realidad. Fijarnos única y exclusivamente en el peso es algo demasiado simplista, sería uno de los miles indicadores que podría cambiar en un proceso de hábitos alimentarios. Y, destacamos el podría porque hay veces que no cambia, o cambia muy poco, pero nuestro estado corporal y psicológico sí ha mejorado (p. ej., un mayor bienestar psicológico, más energía, más fuerza, distintos resultados en analíticas, determinado porcentaje de grasa, etc.). Si nos centramos únicamente en este indicador, podemos frustrarnos e incluso llegar a “obsesionarnos” con el número que marca la báscula.

 Foto de Aptitud creado por pereslavtseva con licencia Creative Commons

Centrándonos únicamente en el peso, dejamos de lado aspectos tan importantes como aprender a elegir los alimentos que consumimos teniendo en cuenta nuestras necesidades o apetencias, la calidad de los alimentos que consumimos, identificar nuestras señales de hambre y saciedad, a flexibilizar nuestra forma de ingerir y, sobre todo, a tener una relación saludable con la comida.

Además, muchas de las dietas que se hacen con el único objetivo de perder peso se basan en ingerir menos calorías de las que se consumen, algo bastante desfasado. Básicamente, porque engordar, tener sobrepeso o obesidad, no depende de una única causa, sino que es algo multifactorial y depende en gran medida de nuestro contexto.

Por esto mismo, es muy importante que tengamos en cuenta el ambiente donde nos movemos y el impacto que éste tiene en nuestros hábitos, en nuestros cuerpos y en nuestras conductas. Muchas veces tenemos la presión social de tener un físico determinado, estar más delgado/a, más “fit" o cualquier autoexigencia que nos imponemos, bajo la creencia de que lo conseguiremos únicamente haciendo “dieta”, y nada más lejos de la realidad. No vivimos en una cajita de laboratorio donde podemos controlar todas las variables, y menos mal. Sino que nos movemos en un contexto y éste tiene sus particularidades, las cuales no podemos dejar de lado si tratamos de entender nuestra conducta alimentaria.

Por lo tanto, me gustaría explicaros algunos factores de nuestro contexto, que no son determinantes pero influyen en nuestra relación con la comida;

  • El acceso y el tipo de comida. Nos remontemos al paleolítico o la época de nuestros abuelos, el acceso a la comida requería de cierto esfuerzo. Tenían que cazar, cultivar, recolectar o simplemente prepararla. Ahora, tenemos acceso a la comida con mucha facilidad; nuestras despensas, en el supermercado de abajo o llamando para que nos la traigan a casa.  Además, la industria alimentaria se ha encargado de hacer alimentos cada vez más palatables, es decir, que generen más placer al ingerirlos y por lo tanto, nuestras ganas de consumirlos sean cada vez mayores.
  • Vemos comida por todos los sitios. Ya no es únicamente que sea más accesible, sino que estamos rodeados de estímulos que nos incitan a comer, en la televisión, en las redes sociales, en grandes anuncios por las calles. Además, en muchas ocasiones la publicidad alude a estados emocionales fomentando el comer emocional. A quien no le suena eso de “Tómate un respiro, tómate un…”. Si quieres saber más sobre el comer emocional te invito a leer esta entrada: http://psicologia-cpa.blogspot.com/2019/01/comer-emocional-cuando-nos-alimentamos.html
  • Nos movemos mucho menos. Nuestros trabajos cada vez requieren menos movimiento y más silla. Pero no solo eso, nuestro ocio también ha cambiado, cada vez implica más Netflix, más redes sociales, más videojuegos, más sofá y menos calle.
  • El contexto urbanístico. En muchas ocasiones parece que las ciudades no han sido construidas para las personas sino para los vehículos. Grandes carreteras y estrechas aceras, mucho asfalto y poco verde, ¿a quién le va a apetecer moverse por estos lares?.
  • Nuestra cultura. La cultura del lugar donde nacemos influye muchísimo en la forma en la que nos relacionamos con la comida. ¿Cuántas celebraciones giran en torno a grandes comidas?, ¿cómo premiamos los grandes logros?, ¿cómo te relacionas con tus amigos/as? Te sonará lo de “Oye, ¿nos tomamos algo y te pongo al día?”. Y esto no es algo negativo, es parte de nuestra cultura y de nuestra forma de relacionarnos, querer eliminar esto, probablemente nos llevaría a aislarnos.
  • El estrés. Vivimos en la sociedad de la rapidez y la inmediatez, estresados/as con mil tareas que hacer. Ello nos lleva a declinarnos por alimentos más palatables y a ingerir cantidades más grandes de comida, ya que solemos comer más rápido y esto nos dificulta hacernos conscientes de nuestras señales de saciedad. Todo ello a su vez, puede llevarnos al comer emocional, aprendemos a regular nuestras emociones desagradables con comida. ¿Te suena lo de: “hoy me lo merezco”?.
  • La historia personal de cada uno/a. La forma en la que hemos aprendido a comer desde pequeños/as, si en nuestras casas teníamos unos hábitos, qué tipo de comida ingeríamos, si se nos premiaba con comida, etc. Todo esto influirá en la manera en que nos relacionamos con la comida y que haga más o menos fácil cambiar esos hábitos.
  • Mi estado físico y mi imagen corporal. Esto podrían considerarse las propias consecuencias. Si mi movimiento durante mucho tiempo ha sido escaso, puede que tenga problemas respiratorios y/o articulares y probablemente hacer ejercicio o alguna actividad física implicará un sobreesfuerzo. Además, la propia insatisfacción corporal también puede llevar a la evitación de ciertas conductas que limiten la actividad física, como por ejemplo: no ir al gimnasio por miedo a las burlas. 

Por lo tanto, como hemos podido ver, hay una gran cantidad de factores que influyen en nuestro modo de relacionarnos con la comida. Pero, algo que tiene que ser clave para empezar a cambiar nuestros hábitos es saber desde dónde quiero hacer cambios en mis hábitos alimentarios: ¿desde el rechazo de mi cuerpo o desde la aceptación?, ¿desde una imposición social porque se supone que mi cuerpo no es correcto o desde una decisión propia?, ¿desde la pérdida de peso por una cuestión estética o desde el cambio de hábitos por una cuestión de salud (¡física y psicológica!)?. Pero sobre todo recuerda: tu cuerpo es válido sea como sea.

Àngela Revert - Terapeuta del CPA.

lunes, 24 de mayo de 2021

Deja de ser tu propio/a jefe/a tiránico/a

Empecemos con un caso hipotético: W. es una estudiante universitaria que no se siente bien últimamente. Los fines de semana sus amigos/as proponen quedar e ir a tomar algo, pero W. dice que no puede, ya que cree que va a perder el tiempo y esto le agobia mucho. Considera que tiene muchas tareas pendientes, por lo que suele pasar un número elevado de horas semanales trabajando, y no suele permitirse el descanso.

Algunas personas viven bajo la presión constante de tener que hacer cosas “productivas”, ya sea estudiar, trabajar, hacer las tareas domésticas, etc., por lo que dedican a estas cuestiones “productivas” la mayor parte de su tiempo, y dejan de lado en gran medida el ocio, el descanso, el cuidado personal, etc. Estas personas suelen mantener la idea de que no dedicar el tiempo a “producir” es “perder el tiempo”, algo que les lleva a sentir mucho malestar. Si se encuentran descansando piensan con frecuencia en todo lo que les queda por hacer y anticipan situaciones como no llegar a las entregas, suspender los exámenes, ser despedidos/as, etc. Para calmar el malestar que esto les hace sentir, dedican gran parte de su tiempo al trabajo, evitando los planes de ocio y descanso. No tener tiempo para el descanso favorece que se sientan agotados o en tensión constante, y dejar de hacer cosas con las que disfrutan suele llevar a la tristeza o apatía. Al hacer caso a su necesidad de “ser productivos”, favorecen que a largo plazo su malestar se mantenga o se intensifique, y con mayor probabilidad puede verse empeorado su rendimiento laboral o académico, pues no somos máquinas diseñadas para estar trabajando 16h al día, 7 días a la semana.


Imagen libre de derechos, Pixabay License

Entendemos que cada persona es un mundo, y que algunas, por las características de sus circunstancias o de su trabajo, tienen que dedicar muchas horas al mismo, pero si consideras que podrías flexibilizar tus horarios este post es para ti.

Para resolver esto, podemos plantearnos: ¿qué significa ser productivo/a? Por “ser productivos/as” solemos entender el dedicar tiempo a las obligaciones: trabajo, estudio y tareas domésticas. Pero ¿hay asuntos valiosos para nosotros/as a los que dedicar también nuestro tiempo? Incluso si eres autónomo/a, ¿merece la pena trabajar todo el tiempo sin poder disfrutar de los frutos del esfuerzo?, ¿son solo estas cosas las que tienen valor para ti? Conviene tener también en cuenta los costes de esta “productividad”. ¿Qué estás dejando de lado al dedicar gran parte de tus esfuerzos al trabajo?

Para cada uno/a de nosotros/as puede haber distintos aspectos valiosos en nuestra vida, por lo que siéntete libre de hacerte las siguientes preguntas en función de lo que para ti es importante: ¿leer un buen libro es algo improductivo?, ¿ver un clásico de cine es perder el tiempo?, ¿lo es contemplar una obra de arte o la naturaleza misma? Quizás al hacer alguna de las anteriores actividades realmente estemos aprendiendo sobre temas que nos interesan. ¿Aprender de historias que otros han vivido o narrado es perder el tiempo?, ¿cuánto vale conocer sobre el mundo en el que vives y poder contemplarlo?

¿Dedicar tiempo a tus seres queridos es perder el tiempo? Salir con amigos/as no solo es ir a tomar unos refrigerios, también es compartir experiencias, cuidar a la otra persona, crecer como personas en compañía, aportar a tu comunidad…  

¿Cuidar tu propia salud es perder el tiempo? Las personas no solemos funcionar satisfactoriamente en el estudio o trabajo cuando nos encontramos mal psicológica y físicamente, ya que nuestro rendimiento y concentración pueden decaer. Incluso estar tumbado/a, echarse una siesta o desconectar durante un momento puede ser descansar, lo cual puede ser ventajoso para tu propia salud y posterior desempeño.

Podría ser beneficioso que dedicases un momento a plantear tus prioridades, aquello que para ti es valioso e importante, aquello que te merece la pena vivir. Coge un papel y bolígrafo, anota todas las cosas que te apetece hacer, aquellas que crees que son valiosas, las que has dejado de lado, las que querrías hacer más o cosas nuevas que quieras descubrir. Con tu agenda en mano, limita las horas diarias que vas a dedicar al trabajo en la medida de tus posibilidades y comienza a dejar espacio también para las actividades de la lista anterior.  

Desafortunadamente no todos/as podemos gozar del mismo tiempo de descanso y disfrute, pero la intención es, en la medida de lo posible, intentar cuidar los distintos ámbitos de nuestra vida, no solo el profesional. 

Cuando estés dedicando tu tiempo a estas actividades importantes para ti y venga a tu cabeza la idea de que estás perdiendo el tiempo recuerda esta lectura y dite a ti mismo/a que no vas a ser un/a jefe/a tiránico/a.

Santiago Martín Asencio - Terapeuta CPA

lunes, 10 de mayo de 2021

Los demás deberían cambiar

“Mi jefe es idiota, tendría que ser más comprensivo con sus empleados/as”, “mi pareja debería interesarse por mí, nunca me pregunta qué tal el día”, “mi amiga siempre elige restaurante cuando comemos fuera, tendría que tener en cuenta la opinión del grupo”…

Foto de Alex Green en Pexels

En determinadas situaciones, no nos gusta cómo se comportan los demás y pretendemos que cambien aquello que consideramos que debería ser de otra manera. No obstante, ¿es esto posible?

Qué podemos hacer cuando el comportamiento ajeno nos resulta desagradable:

1. Aceptar que no va a gustarnos todo de la otra persona.

En ocasiones, tenemos expectativas elevadas y poco realistas sobre cómo deberían comportarse los demás (p.ej., estar siempre disponibles para nosotros/as, no llegar nunca tarde, etc.). Entender que las personas tienen derecho a pensar, sentir o actuar de manera diferente a nosotros/as, es el primer paso.

2. Comprender que no podemos controlar lo que hagan los/as otros/as.

¿Cuántas veces hemos pretendido, o incluso exigido, cambiar el comportamiento de otra persona?  Por ejemplo, si soy vegetariano/a, tratar de que los demás no coman carne.

Por muy deseable que resulte, no podemos controlar qué hacen los demás, ya que cada persona es responsable de su propia conducta, por lo que intentarlo probablemente nos genere frustración.

3. Tratar de facilitar el cambio.

Si bien no podemos modificar de manera directa el comportamiento de los demás, podemos influir en el mismo. ¿De qué manera?

  • Explicitando qué nos hace sentir mal: Aunque consideremos que resulta evidente, los demás no pueden saber qué pensamos o cómo nos sentimos a menos que facilitemos esa información. Para ello, podemos explicar de manera específica qué nos resulta desagradable, cómo nos hace sentir, pedir un cambio concreto y proponer alternativas. En el post “Hacer críticas o pedir cambios” (Hacer críticas o pedir cambios | Psicología ComPartidA (psicologia-cpa.blogspot.com)) dispones de pautas a este respecto.
  • Valorando los pequeños cambios: A veces esperamos que el cambio ocurra rápido, y que la otra persona pase de 0 a 100 (p.ej., espero hacer excursiones con mi primo todos los fines de semana, cuando únicamente le veo en fechas señaladas). No obstante, esto es muy poco probable, ya que dista de la realidad actual (como si tratáramos de presentarnos a una maratón, sin previo entrenamiento, siendo 1 km la máxima distancia que corremos actualmente). Es conveniente valorar los pequeños cambios que realiza la otra persona y que se aproximan a nuestro objetivo, a pesar de no ser la conducta deseada en sí misma (p.ej., que mi primo se muestre disponible para quedar una vez al mes), pues aumenta su probabilidad de ocurrencia.

4. Gestionar cómo nos hace sentir el comportamiento de la otra persona.

¿Y si, a pesar de facilitar el cambio, este no se produce? En ese caso, podemos gestionar cómo nos sentimos, por ejemplo:

  • Ajustando nuestros pensamientos: ¿Realmente debería comportarse de otra manera o simplemente yo lo preferiría?, ¿es tan grave que actúe así?, ¿me resulta útil pensar en términos de exigencias o, por el contrario, me hace sentir peor? Cambiar verbalizaciones de obligatoriedad (p.ej., “tendría que hacer X”) por otras más flexibles (p.ej., “me gustaría que hiciera Y, pero no depende de mí”) puede sernos de ayuda.
  • Dejando de “darle vueltas”: Pensar repetidamente en lo molesto que resulta algo, aumenta el malestar que nos genera, ya que focalizamos nuestra atención en los aspectos negativos (incluso en ausencia del comportamiento indeseado). Identificar que “entramos en bucle”, darnos un mensaje a nosotros/as mismos/as (p.ej., “pensar sobre ello todo el rato, no va a ayudarme”) y distraernos con otra actividad (p.ej., salir a dar un paseo, escuchar música), puede facilitar la gestión de nuestros pensamientos poco útiles recurrentes. 

5. Tomar decisiones.

Cuando facilitar el cambio y gestionar las emociones que el comportamiento desagradable de otras personas nos hace sentir no es suficiente, y continúa interfiriendo en nuestro día a día, podemos hacer balance sobre los pros y contras de la situación, determinando si nos compensa o, por el contrario, preferimos establecer límites en nuestro propio beneficio. Por ejemplo, si los comentarios ofensivos de nuestro jefe son repetidos, generan un mal ambiente de trabajo y están repercutiendo en nuestra autoestima, cambiar de empleo podría ser una alternativa.

Si te sientes de algún modo identificado/a con lo descrito en este post y percibes dificultades para gestionar la situación, no dudes en pedir ayuda profesional. Podemos ayudarte.

Andrea Collado – Terapeuta CPA

lunes, 26 de abril de 2021

XVII Encuentro de Servicios Psicológicos y Psicopedagógicos Universitarios (AESPPU)

El equipo de terapeutas del Centro de Psicología Aplicada ha acudido este año a la nueva edición del Encuentro de Servicios Psicológicos y Psicopedagógicos Universitarios organizado por la Asociación Española de Servicios Psicológicos y Psicopedagógicos Universitarios (AESPPU). Este año, dadas las circunstancias sociales y sanitarias derivadas del COVID-19, dicho encuentro se ha celebrado en modalidad online los días 15 y 16 de abril, en la Universidad de Cádiz. El objetivo que persigue este encuentro es la difusión de los trabajos realizados durante el año por los diferentes servicios de las clínicas psicológicas y psicopedagógicas de las universidades españolas. A continuación, os dejamos el enlace web de la AESPPU: https://blogs.ua.es/aesppu/.

En la presente edición, el equipo del CPA presentó tres proyectos de investigación, contribuyendo a la divulgación científica con la labor realizada en el centro a lo largo de los dos últimos años académicos.

Trabajos presentados por equipo del CPA en el XVII Encuentro de Servicios Psicológicos y Psicopedagógicos Universitarios (ESPPU)

En primer lugar, se expuso el póster titulado “Taller para superar la timidez”. Este hace referencia a la intervención grupal que se llevó a cabo durante el curso pasado para afrontar la ansiedad social, cuyo objetivo fue proporcionar estrategias adecuadas para vencer el miedo a situaciones sociales y mejorar habilidades de comunicación de los/as participantes del mismo. Tras la justificación de la necesidad de realizar este tipo de intervenciones y la exposición de la metodología llevada a cabo, se presentaron los principales resultados obtenidos. Entre ellos, pueden destacarse la disminución de la ansiedad en las interacciones sociales, el aumento de la percepción de las habilidades sociales básicas de los/as participantes y la relación entre esta percepción y el control de la activación fisiológica de los/as mismos/as. Dichos resultados ponen de manifiesto la efectividad de la intervención a la hora de disminuir la ansiedad en situaciones sociales y el afrontamiento de la timidez por parte de los/as asistentes.

En segundo lugar, se presentó el póster “Validación del cuestionario de habilidades terapéuticas del CPA - UAM”, cuyo objetivo es la creación de un cuestionario que recoja todas las habilidades terapéuticas y evaluar la validez de contenido de las tres últimas dimensiones propuestas: estrategias transversales potenciadoras del cambio, habilidades/características del propio terapeuta y habilidades de organización/estructura. Los resultados permiten concluir un alto nivel de claridad, adecuación y relevancia para los ítems seleccionados, lo que sirve de utilidad para la formación de terapeutas a la hora de fomentar una adecuada alianza terapéutica y conseguir tratamientos psicológicos eficaces.

Por último, se presentó una comunicación oral titulada “Servicio de atención telefónica a personas afectadas por la crisis sanitaria generada por la COVID-19”. En esta, se expuso la metodología que se llevó a cabo durante el servicio, así como las principales características del mismo. Entre estos, destaca la presencia de numerosos motivos de consulta (p. ej., ansiedad, bajo estado de ánimo, la pérdida reciente de un ser querido, el malestar derivado de la situación de confinamiento o el malestar acusado por la incertidumbre percibida ante la situación), así como la aplicación vía telefónica de pautas de intervención como activación conductual, respiración diafragmática, reestructuración cognitiva o exposición con prevención de respuesta, entre otras. La asistencia psicológica telemática ofrecida durante los meses de confinamiento permitió que las personas que hicieron uso de este servicio pudiesen disponer de estrategias de intervención con el objetivo de facilitar el afrontamiento de la situación de una forma más adaptativa y funcional.

Al igual que en otras ediciones, y pese a las circunstancias sociales y sanitarias actuales, este encuentro permitió que los/as asistentes disfrutásemos de dos días muy productivos. Los diferentes equipos de las clínicas psicológicas y psicopedagógicas hemos podido compartir experiencias e integrar conocimientos sobre distintas actuaciones, así como aportar sugerencias de cara a las investigaciones científicas de los próximos años.

En el caso de estar interesados en conocer con más detalle el desarrollo de las investigaciones presentadas, pueden ponerse en contacto con nosotros a través del correo electrónico cpa@uam.es

Iván Chamizo - Terapeuta del CPA

lunes, 12 de abril de 2021

¿Cómo sobrevivir a una primera cita?

 
Foto de William Fortunato en Pexels

Los tiempos han cambiado, y con ello la forma en la que conocemos gente. Las aplicaciones móviles parece que han venido para quedarse y actualmente es una de las formas más comunes de conocer nuevas personas. Ahora bien, quedar por primera vez con alguien que no conoces implica desplegar una serie de habilidades que en muchos casos pueden costarnos. Si tu objetivo es poder tener una primera cita con alguna persona que te interesa, veamos como solventar algunas de las dificultades más comunes:

1. Tener una ansiedad elevada.

Algo muy común en las primeras citas es experimentar bastante malestar a nivel físico (p. ej., dolor de tripa, sudor excesivo, ponerse rojo, etc.). Si a pesar de ello acudes a la cita, ¡enhorabuena!, ese malestar es probable que vaya descendiendo poco a poco. Resulta que la ansiedad es algo que no puede mantenerse elevada durante mucho tiempo continuado. Si esperamos a que se pase sin huir de la situación haremos que poco a poco la situación nos vaya generando cada vez menos malestar. Por otro lado, puedes utilizar algunas técnicas de disminución del malestar físico que te ayuden a afrontar estas situaciones, como la respiración diafragmática.

2. Esperar lo peor (o lo mejor).

Revisa las expectativas que has generado sobre el encuentro y fija un objetivo realista y positivo. Un objetivo factible puede ser “disfrutar tomando un café con la persona” o “aprender algo nuevo”. Si generamos expectativas positivas y muy altas es posible que nos decepcionemos. Por otro lado, esperar lo peor y anticipar situaciones concretas promueve que nos sintamos nerviosos y que experimentemos malestar antes y durante la cita. Cuidado con el discurso interno que puedes mantener durante la quedada porque puede acabar convirtiéndose en una profecía autocumplida. Si me digo que todo va a ir mal, que me voy a aburrir, etc. puedo interpretar diversas claves del contexto de forma que confirmen mis hipótesis y a la vez, este tipo de discurso me impedirá centrarme en la conversación y promover una interacción agradable.  

3. ¿Pero de qué vamos a hablar?

La mejor clave para saber de qué hablar es centrarnos en lo que nos están contando. Tenemos que escuchar para saber cómo continuar la conversación. Además, existen diversas maneras de iniciar conversaciones, vamos a ver las tres formas básicas:

  • Hacer una pregunta: “¿Te gusta ir a festivales?”
  • Dar una opinión: “Uno de mis autores favoritos es Juan José Millás”
  • Señalar un hecho: “Este sitio es muy agradable, me encanta la música de fondo”.

¿Pero qué ocurre si hay algún silencio? Pues no pasa nada, los silencios forman parte de las conversaciones y no hay por qué temerlos. Lo peor no son los silencios en sí, sino como los interpretamos nosotros mismos. Aun así, un silencio interminable no es algo deseable por lo que podemos aprovechar para comentar algo que está ocurriendo en el ambiente (la música, la mesa de al lado, la comida, lo que estamos bebiendo, etc.), y a partir de ahí sacar más conversación.  Igualmente, lo común es empezar con un nivel de conversación más superficial e ir profundizando según vamos conociendo a la persona. Un esquema general puede ser el siguiente:

Frases hechas à Hechos (donde trabajas, intereses, gustos) à Opiniones à Sentimientos.

4. Haz cumplidos.

Un cumplido es una felicitación que damos a una persona porque nos gusta algo que ha hecho, dicho o que es propio de la persona. Hacer cumplidos ayuda a construir relaciones sociales positivas. Pero ojo, hay diversas cuestiones a tener en cuenta como que sea cierto, que se dé en un momento adecuado y normalmente que se dé en privado. Igualmente, puede ser conveniente que no te excedas en un tipo de cumplidos, como por ejemplo solo hacer cumplidos sobre el aspecto físico sin valorar otras cualidades personales. No hay mayor elogio que escuchar activamente y que se interesen por aquello que para ti es importante. 

Otros errores que podemos cometer y que conviene tener en cuenta son los siguientes:

  • Excedernos con los cumplidos de forma que no parezcan sinceros y pierdan su eficacia.
  • Utilizar el elogio de forma que nos permita realzar lo buenos que somos en algo. Por ejemplo: “que bien que te guste leer, yo por ejemplo leo muchísimos libros, este mes he leído ya 5”.
  • El anti-cumplido. Consiste en mezclar un cumplido con una queja, como, por ejemplo: “que bien que hayas llegado a la hora porque con lo que tardas en responder a los mensajes no sabía qué esperarme”. 

5. La importancia de lo que NO decimos.

Utilizar un lenguaje no verbal adecuado y ajustado a la situación permitirá que le resultemos atractiva a la persona. Algunas de las claves son:

  • Mirar a los ojos.
  • Evitar distractores como mirar el móvil de forma continua.
  • Sonreír (cuando tenga coherencia con lo que nos cuenten).
  • Asentir mientras nos hablan.
  • Mantener un contacto físico tentativo, en función de la confianza con la otra persona y del feedback que nos dé. Tenemos que estar atentos a las señales que nos manda la persona, por ejemplo: si se aparta, se pone rígido o se muestra incómodo deduciremos que no le ha gustado y será importante reducir el contacto físico. 

Recuerda que esto solo son unas pautas generales y que si presentas dificultades que te impiden disfrutar de tus relaciones sociales puede ser aconsejable que acudas a un profesional que te ayude a solventarlas.

Isabel Ávila Herrero - Terapeuta del CPA 

Bibliografía:

Roca, E. (2014). Cómo mejorar tus habilidades sociales. Acde.