El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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martes, 16 de enero de 2024

¿Qué es la gordofobia?

Podríamos definir la gordofobia como el odio, rechazo y violencias que sufren las personas con sobrepeso y obesidad, en base a sus características corporales y a los prejuicios que se les atribuye.

Afecta en mayor medida a las mujeres, por la mayor presión estética sobre estas. El ideal de belleza imperante fluctúa con las modas, y especialmente en la era de las redes sociales. Ya sea basado en una delgadez extrema o en una figura curvilínea con abdomen plano y pecho y caderas anchas, estas corporalidades preescritas a nivel social son difícilmente alcanzables para la mayoría de las personas. Ello genera gran frustración, presión estética e intentos por modificar el propio cuerpo, tales como prendas reductoras, dietas restrictivas con efecto rebote o alteración de la imagen en redes. Este cocktail de influencias genera gran insatisfacción corporal, culpa y mala relación con la comida, problemas de salud mental y física para muchas personas.

 

Imagen extraída de Freepik

¿Por qué la gordofobia es una cuestión de moralidad y no de salud?

Usualmente se critica a las personas con sobrepeso u obesidad, legitimando estas críticas en base a argumentos relacionados con la salud, como, por ejemplo, los riesgos del sedentarismo y los malos hábitos alimentarios sobre la incidencia de problemas cardiovasculares o musculoesqueléticos. No obstante, estas críticas no solo tratan sobre salud, y van teñidas de un trasfondo de discriminación y prejuicios sobre cómo son las personas gordas*.

Cuando decimos que moralizamos la gordura, nos referimos a que esta característica corporal se asocia a adjetivos negativos como la vagancia, la fealdad, la falta de éxito o el aislamiento social. Frente a esto, atribuimos a las personas delgadas o con un físico normativo, características positivas y deseables, como el atractivo o mayor éxito social y laboral. En psicología, esto se conoce como efecto halo, un sesgo por el que tendemos a ver a las personas como globalmente buenas o malas, según una característica específica.

Por otro lado, denominamos “pesocentrismo” al enfoque que siguen algunos profesionales de la salud, y que consiste en valorar la salud de un individuo en base a su peso, sesgando el resto de los juicios médicos en base a ello. Esta es una mirada simplista y reducida de la salud, que clasifica a las personas gordas como “enfermas”, y a las delgadas como “sanas”, sin tener en cuenta todo el continuo entre ambos extremos, de manera que se pierde una visión holística y completa de los fenómenos de salud. Adelgazar no es solo una cuestión de “fuerza de voluntad” y de una dieta de “pechuga y lechuga” acompañada de ejercicio. La salud es un constructo multidimensional y en el peso influyen muchos más factores, como pueden ser la disponibilidad de tiempo para ocio, deporte o para preparar alimentos, conocimientos de nutrición, salud mental, condiciones de vida, estrés, nivel socioeconómico, etc.

El sobrepeso ha demostrado ser un factor de riesgo sobre distintos problemas de salud, si bien, como hemos dicho, no es determinante. Sólo con saber el peso de una persona no podemos conocer su estado general de salud, cuáles son sus hábitos de vida, o qué dolencias tendrá. Un enfoque pesocentrista y gordófobo ve el sobrepeso no como un factor de riesgo, tal como el tabaquismo, el consumo de alcohol y drogas o la hipertensión, sino como una enfermedad en sí misma. El sobrepeso es objeto de burlas, críticas y marginación, pero no lo son otros factores de riesgo para la salud. Sería raro escuchar como a alguien le insultan al grito de “hipertenso de m*****”.

 

El efecto de la discriminación sobre la salud mental

Como consecuencia de una actitud gordófoba, es probable que no critiquemos de la misma manera a una persona que cumpla con los estándares de belleza y delgadez como lo haríamos hacia una persona gorda, a pesar de que la primera pudiera tener objetivamente peor salud y peores hábitos alimenticios. De esta forma, tenderíamos a estar más pendientes de los posibles fallos y castigaríamos a las personas con sobrepeso por ocupar espacios o demostrar una autoestima sana, a través de insultos, comentarios despectivos, minusvaloración o marginación. Todo ello puede contribuir al estigma que sufren las personas gordas, afectar a su salud mental y, posiblemente, contribuir a que desarrollen peores hábitos de salud.

Para muchas personas, la dificultad en el control de la alimentación y los hábitos saludables se relaciona con problemas emocionales, de imagen corporal y problemas de la conducta alimentaria. Al recibir menosprecio por parte de la sociedad, se agravan sus problemas y como después se les culpa de ellos, empeora cada vez más la relación con su propio cuerpo y con la comida, su autoestima y su inseguridad. Es difícil construir una relación sana con el propio cuerpo y hábitos saludables desde la vergüenza y el estigma.

Como conclusión, es importante resaltar la importancia de cuestionar nuestros propios prejuicios e ideas preconcebidas sobre cómo son las personas gordas, así como eliminar los comportamientos de exclusión y crítica de las mismas. Una actitud gordófoba no beneficia a nadie, pues pone excesiva atención en la forma corporal y aumenta la presión estética y la insatisfacción con la propia imagen, además de dañar a las personas con sobrepeso.

 

*NOTA: habitualmente, la palabra “gordo/a” se percibe como un insulto porque se relaciona con la creencia de que la gordura es algo inherentemente malo. En este caso, se limita a describir una característica corporal, sin dotarlo de connotación negativa.

 

Para ampliar

* https://elpais.com/salud-y-bienestar/nutrir-con-ciencia/2023-12-09/por-que-el-problema-de-la-gordofobia-es-estructural-y-sistemico.html

*https://www.consaludmental.org/publicaciones/Guia-gordofobia.pdf

 

Irene Serrano Blaya - Terapeuta del CPA


lunes, 7 de noviembre de 2016

Dieta y atracones: un círculo vicioso

Si no estás satisfecho/a con tu figura y sueles tomar medidas extremas y desesperadas para conseguir el aspecto físico que deseas, tanto a corto como a medio y largo plazo (p.ej. bajar peso para asistir a un evento puntual, conseguir y mantener un peso o figura determinados…) esta entrada puede serte de gran utilidad. Como veremos a continuación, una de las formas más comunes para conseguir este objetivo son las dietas. Este intento de conseguir la meta autoimpuesta mediante el seguimiento de una dieta puede resultar más perjudicial que beneficioso tanto a nivel físico, psicológico y social, dando lugar a episodios de ingesta compulsiva, más conocidos como atracones.

¿Qué es un atracón y qué características tiene?

<<Un episodio de ingesta compulsiva se caracteriza por: comer en un período discreto de tiempo (p.ej. dos horas) una cantidad de comida que es claramente superior a la que comería una persona normal en un período similar en circunstancias parecidas, y por tener una sensación de pérdida de control sobre la ingesta durante el episodio>> (Fairburn, 1998).

Fotografía por .:: Sonia · Hay un trasto en mi trasterO :::., con licencia Creative Commons.

Consecuencias del atracón

Comer compulsivamente puede dar lugar a sentimientos inmediatos agradables, pero por breve tiempo. También puede dar lugar a una sensación de alivio. Pero esos sentimientos positivos son reemplazados rápidamente por sentimientos de vergüenza, disgusto y culpabilidad. La depresión suele ser una consecuencia común cuando la persona se siente incapaz de controlar su ingesta. La ansiedad también es un resultado común ligado al miedo a ganar peso.

Cómo empieza y acaba el atracón: la dieta y el hambre asociado a ella, un círculo vicioso

Varios factores empujan a hacer dieta, los más importantes son el deseo de ejercer autocontrol y el exceso de preocupación por la apariencia y el peso. Muchas personas que realizan atracones comen muy poco fuera de esos episodios. Una de las consecuencias de esta privación de comida es la constante sensación de hambre. Comer demasiado poco da como resultado una presión psicológica y fisiológica hacia la ingesta, y una vez que se inicia, puede resultar difícil detenerla. Puede empezar por diferentes motivos, algunos de ellos son: romper alguna regla de la dieta, falta de estructuración y ocupación del tiempo o estar sólo.


Problemas físicos, psicológicos y sociales asociados a la dieta

Problemas psicológicos
  • Preocupación constante por la comida y la alimentación. Pensar en comida por evitar consumirla, aumenta la probabilidad de realizar un atracón.
  • Estilo de pensamiento <<todo o  nada>> o <<pensamiento dicotómico>>. Pensamiento de que si ya se ha roto la regla, ya da igual, por lo que se pasa de la restricción al atracón.
  • Sentimiento de fracaso y frustración. Cuando la dieta es al mismo tiempo estricta y extrema, los fracasos reiterados son inevitables, lo cual favorece la ingesta compulsiva.
  • Sentimiento de vergüenza y culpabilidad. Sentimiento de vergüenza que surge por la  falta de fuerza de voluntad y sentimiento de culpabilidad por mentir y ocultar el problema.
  • Oscilaciones bruscas en el estado de ánimo.

Problemas sociales
  • Evitar compromisos sociales relacionados con las comidas.
  • Deterioro de las relaciones familiares y de amistad.

Problemas físicos de los atracones
  • Efectos en el estómago. La sensación de estar lleno puede llegar a ser intensa y dolorosa. Si la persona está realmente llena puede faltarle el aire para respirar porque la dilatación del estómago presiona hacia arriba el diafragma. Las paredes del estómago pueden dilatarse tanto que, al hacerse más finas, se dañan o incluso se desgarran, lo cual supone una emergencia médica grave.
  • Obesidad. Común en las personas que no realizan conductas para compensar la cantidad de comida ingerida.

Problemas físicos de la dieta
  • Efecto <<yoyó>>: los ciclos continuos de pérdida y recuperación de peso pueden alterar la composición corporal y el metabolismo de tal forma que los intentos posteriores para perder peso resultan mucho más difíciles. Además, el peso cíclico aumenta la tasa de mortalidad por enfermedad cardiovascular.
  • Problemas hormonales y de fertilidad. Menstruación irregular o pérdida del período y esterilidad. Son efectos reversibles.
  • Trastorno en los mecanismos fisiológicos que controlan la ingesta. La composición nutricional de la comida tiene una importante influencia en los mecanismos que controlan el apetito. Particularmente el conjunto de carbohidratos, grasas y proteínas son supresores naturales de la sensación de hambre.
  • Afección al neurotransmisor serotonina, que tiene un importante papel en el control normal de la alimentación y en la apetencia por las comidas.

¿Cómo recupero el control sobre la conducta de comer?

A continuación se exponen herramientas útiles para abandonar este círculo vicioso dieta-atracón. Se trata de técnicas extraídas del programa para superar los atracones de Fairburn (1998) y que ha demostrado ser empíricamente eficaz para el tratamiento de este tipo de conductas. Se trata de un programa de 6 etapas en el que se deben ir superando los siguientes objetivos:
  1. Autocontrol. Anotar durante una o dos semanas lo que comes, a qué hora, en qué lugar y en qué situación. Esto te dará información importante para conocer la gravedad del problema y te ayudará a cambiar las pautas de alimentación.
  2. Establecer un patrón de ingesta regular a lo largo del día. Consiste en restringir tu ingesta a tres comidas planificadas cada día, además de dos o tres tentempiés también planificados. Habituarte a este patrón de alimentación regular irá desplazando las ingestas compulsivas, que serán cada vez menos frecuentes. No dejes que pasen más de tres o cuatro horas entre las comidas y los tentempiés planificados. P.ej. 8:00h desayuno; 11:00 almuerzo; 14:30 comida; 18:30 merienda; 21:30 cena.
  3. Actividades alternativas incompatibles. Elabora una lista de actividades que te resulten agradables y que hagan muy difícil comer al tiempo que las realizas. Cuando te surja el impulso de comer entre horas de comidas y tentempiés planificados realiza una de estas actividades agradables. P.ej. hacer ejercicio, visitar o llamar a un amigo, darte una ducha, tocar un instrumento, pintar.
  4. Educación nutricional. Pide información y consejos acerca de la comida, la ingesta, la comida y el peso a un profesional.
  5. Solución de problemas. Desarrollar habilidades para manejar las dificultades que de otra forma podrían desencadenar la ingesta compulsiva. Una eficiente solución de problemas requiere seis pasos: (1) identificar el problema tan pronto como sea posible; (2) especificar cuál es exactamente el problema; (3) considerar todas las soluciones posibles; (4) pensar en las consecuencias de cada solución; (5) elegir la mejor solución o combinación de soluciones; (6) ponerla en práctica. Después revisa el proceso.
  6. Eliminar la dieta y las conductas de evitación hacia la comida. Introducir en la dieta alimentos <<prohibidos>>, comidas que se evitaban,  y eliminar gradualmente cualquier otra forma de dieta estricta. Si te cuesta, puedes elaborar una lista con las situaciones relacionadas con la comida que temes y exponerte a ellas, ordenadas de menor a mayor según el temor que te causan y empezando por la que menos miedo te produce. En este caso, pide a alguien que te acompañe en el proceso.

Algunos consejos a la hora de comer
  • Procura comer siempre en un lugar adecuado. Procura comer siempre en un mismo lugar y que se trate de un lugar adecuado –evita comer en el dormitorio o en el cuarto de baño- y, si dispones de una única habitación, restringe tu comida a un lugar determinado de esa habitación. Si utilizas la misma mesa para comer y realizar otras actividades, utiliza un objeto que diferencie cuándo va a ser usada para comer y cuando para trabajar, p.ej. un jarrón: si el jarrón está encima de la mesa sólo se puede utilizar para trabajar, si no está el jarrón sólo se puede usar para comer.
  • Concéntrate en la comida. Debes habituarte a saborear la comida y a darte cuenta de que estás comiendo de manera adecuada. Esto te ayudará a asegurarte de que tus comidas y tentempiés no se conviertan en ingestas compulsivas. Para conseguir este objetivo: no hagas otra actividad mientras comes; y permanece sentado, moverte de un sitio para otro puede facilitar el descontrol.
  • Cuando comas, procura tener a tu alcance sólo los alimentos que vas a consumir. Siempre que sea posible, guarda los envases de comida y sírvete en los platos antes de llevarlos a la mesa para evitar la tentación de comer más de lo planificado.
  • Practica algunas medidas de autocontrol: dejar los cubiertos sobre la mesa entre bocado y bocado; hacer una serie de pausas durante tu comida; dejar algo de comida en el plato; tirar la comida que sobre. Guardarla puede ser demasiado tentador.
  • Cuando comas con otros, no te dejes convencer para comer más de lo que habías planificado.
  • Cuando comas fuera de casa, reposa entre un plato y otro la cantidad que has ingerido.

Algunos consejos a la hora de comprar y cocinar
  • Limita la disponibilidad de comida <<peligrosa>>.
  • Asegúrate de que tienes cantidades adecuadas de alimentos <<seguros>>.
  • Planifica tu compra. Evita comprar alimentos cuando sientes la necesidad de comer compulsivamente, o procura que te acompañe a la compra un familiar o amigo.
  • Limita la cantidad de dinero disponible.
  • Cuando cocines, evita probar las comidas. Puedes comer chicle mientras cocinas, esto hará casi imposible que vayas probando los diferentes platos
Si te resulta muy complicado seguir estas pautas o sientes que pierdes el control sobre la situación lo más recomendable es acudir a un profesional que pueda ayudarte a superar este círculo vicioso.


Artículo redactado por Amanda López Ibáñez, terapeuta del CPA

Referencias

-          Fairburn, C. (1998). La superación de los atracones de comida. Cómo recuperar el control. Barcelona: Paidós.

lunes, 1 de febrero de 2016

La dieta: ¿aliado o enemigo?


En la sociedad en la que vivimos la dieta siempre está presente. Antes de verano para la operación bikini, en Año Nuevo como promesas para empezar bien el año….sea como sea, siempre hay algún momento que nos recuerda que no estamos del todo a gusto con nuestro cuerpo y deberíamos cambiarlo.

Tanto esos momentos concretos, como la sociedad actual y el “vicio por la inmediatez” hacen que queramos soluciones rápidas para alcanzar nuestro objetivo. De ahí que las dietas sean un mercado en auge en nuestros días: desde la dieta de la manzana, la alcachofa, batidos verdes, o proteínas…

Imagen: Christi Nielsen, con licencia Creative Commons
Cada una de esas dietas tienen sus “armas” que hacen que muchas de las personas que las siguen consigan de forma rápida su objetivo (pérdida de peso), sin pensar sin embargo en las consecuencias a medio y largo plazo que se pueden derivar de esos pequeños experimentos. Por eso, os planteo la siguiente pregunta: ¿Las dietas son una solución duradera y estable?