El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 6 de abril de 2020

Reflexión del Equipo de la Clínica Universitaria de Psicología del CPA sobre la situación que están viviendo recientemente muchas personas que han perdido a una persona allegada


Nos gustaría, a través de las siguientes palabras, compartir nuestras reflexiones desde el máximo respeto ante esta situación tan complicada que muchas personas están viviendo estos días. Son momentos difíciles en general, donde no podemos continuar la vida fuera de casa que solíamos hacer, las actividades que nos solían gustar o las rutinas que teníamos el hábito de llevar. Pero, sin duda, uno de los acontecimientos más dolorosos al que muchas personas se están enfrentado en estos momentos es el de perder a una persona importante, en unas condiciones, además, nada fáciles.

Ante esta situación tan delicada de perder un ser querido, cada persona hace lo que puede y lo que está en su mano para adaptarse a ella. A veces, ante esta situación, se tiende a decir cómo creemos que alguien debe sentirse, lo cual puede no ser en absoluto de ayuda. Sin embargo, algunas personas que se han enfrentado a esta situación o que están viviéndola, se preguntan si suele ser habitual lo que están pensando, sintiendo o haciendo a raíz de vivir esta pérdida. Por este motivo, nos gustaría enumerar aquí lo que otras muchas personas suelen sentir ante la pérdida de un ser querido y que están recogidas en la literatura científica: gran conmoción y estado de shock, aturdimiento, confusión, angustia, tristeza, enfado, frustración, miedos y culpa. Éstas, y otras manifestaciones, variarán en frecuencia e intensidad, según las circunstancias de la persona y de su contexto. E incluso variarán de unos momentos a otros en la misma persona. Pero es importante repetir la idea de que cada persona lo vivirá de su manera particular y única, lo cual es válido.

La pérdida de un ser querido suele generar respuestas emocionales intensas que, unidas a las circunstancias actuales, pueden desembocar en una experiencia aún más dolorosa. Las personas no están pudiendo acompañar en estos momentos a sus seres queridos, puesto que todos estamos aislados para evitar posibles contagios, no están teniendo la oportunidad de poder recibir el apoyo presencial y social de las personas más cercanas ante la pérdida, ni la opción de elegir la forma de despedir a la persona querida, agravando aún más esta situación.

En algunos casos, las personas que atraviesan esa dolorosa experiencia buscan consuelo y ayuda. Si es tu caso y ello te resulta útil, nos gustaría compartir contigo ciertas conductas que podrían facilitar la gestión de este complicado momento vital:

1)  En primer lugar, nos gustaría volver a enfatizar que en esta primera fase del duelo es normal sentir emociones muy intensas. ES POSITIVO NO JUZGAR LO QUE SENTIMOS, NI COMPARARNOS CON LOS DEMÁS. Hay tantas formas de sentir y vivir el duelo como personas. Cada uno de nosotros tenemos unas circunstancias vitales, experiencias pasadas, estrategias, etc. diferentes, por lo que nos enfrentaremos a las dificultades de manera distinta. Es verdad que los profesionales de la salud nos centramos sobre todo en normalizar el malestar que experimentan las personas en el proceso del duelo, pero también es cierto que a veces podemos sentir emociones contrarias: alegría, alivio, etc., o no sentir nada. En estos casos la persona suele culpabilizarse por no estar tan mal “como se supone que debería”.  Sin embargo, el duelo es como una montaña rusa y en ella tienen cabida todas las emociones.

2)  Ante la pérdida de un ser querido podemos experimentar apatía, querer aislarnos socialmente, sentirnos sin ganas ni fuerzas para realizar tareas cotidianas como cocinar, limpiar o arreglarnos. Es normal que este suceso altere nuestras vidas los primeros días o semanas, pero RETOMAR POCO A POCO LAS RUTINAS PUEDE AYUDARNOS A SENTIRNOS MEJOR, aunque al principio suponga un esfuerzo. Mantenernos ocupados, seguir con las rutinas y hobbies facilita abordar el duelo de manera más adaptativa. Es una tarea complicada dado que, como ya comentamos, podemos sentirnos desmotivados. Ayuda proponernos pequeños objetivos cada día y empezar por cosas que nos hacen sentir mejor.

3)  Además, esta apatía puede verse reflejada en el cuidado personal, causar malestar físico, alterar el apetito y el sueño. Es importante que no descuidemos nuestra salud, tanto física como psicológica. ASEARNOS TODOS LOS DÍAS, VESTIRNOS PARA VERNOS BIEN, INTENTAR CUMPLIR CON UNAS ADECUADAS RUTINAS DE SUEÑO Y ALIMENTACIÓN, ASÍ COMO REALIZAR EJERCICIO FÍSICO (ahora, dentro de casa) son actividades que NOS PERMITEN MANTENERNOS SANOS.

4)  No hay nada malo en acordarnos de la persona fallecida. De hecho, en algunos momentos puede resultarnos beneficioso ver sus fotos u objetos personales. Sin embargo, PENSAR ÚNICAMENTE EN SU PÉRDIDA Y EN EL DOLOR QUE ÉSTA NOS PROVOCA PUEDE LLEVARNOS A EMPEORAR AÚN MÁS NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO, descuidando nuestras obligaciones y necesidades. En este caso, es recomendable durante un tiempo no acceder a las fotos, retirar de la vista objetos personales y tratar de centrarnos en las obligaciones del día a día. Cuando te sientas con fuerzas para ello, puedes recuperar esos objetos personales; tú mismo sabrás cuándo es el momento para ello.

5)  UNO DE LOS FACILITADORES DURANTE EL PROCESO DE DUELO ES EL APOYO DE NUESTROS SERES QUERIDOS. Dado que estamos ante una situación de aislamiento social a causa de la pandemia, contar con ese apoyo puede cobrar incluso más relevancia. Aunque por las circunstancias excepcionales sea más complicado recibir muestras de cariño físicas, como un beso o un abrazo, esto no significa que nuestra familia y amigos no estén con nosotros. LAS NUEVAS TECNOLOGÍAS NOS PERMITEN SEGUIR EN CONTACTO CON ELLOS EN ESTOS DUROS MOMENTOS Y RECIBIR SU APOYO, expresarles cómo nos sentimos y compartir anécdotas o recuerdos que tenemos de la persona fallecida. Hablar de lo que pasó y de cómo nos afecta facilita procesar la pérdida. Sin embargo, en la línea del punto anterior, si nos centramos demasiado en hablar gran parte del día de estos recuerdos, probablemente dejemos de lado nuestras obligaciones y necesidades, además de empeorar nuestro estado de ánimo. Lo ideal es TRATAR DE ENCONTRAR UN EQUILIBRIO ENTRE COMPARTIR NUESTRO DOLOR Y CONTINUAR CON NUESTRAS RUTINAS Y OBLIGACIONES.

6)  UNO DE LOS ASPECTOS MÁS DOLOROSOS y que tiene que ver con la emergencia sanitaria que estamos atravesando, ES EL HECHO DE NO HABER PODIDO ACOMPAÑAR A LA PERSONA EN SUS ÚLTIMOS MOMENTOS, NI REALIZAR UN ACTO DE DESPEDIDA, como puede ser un velatorio o entierro. Si para una persona esto es importante, PUEDE REALIZAR ALGÚN ACTO SIMBÓLICO que lo ayude a cubrir esa necesidad, aunque por el momento sea en casa. También las nuevas tecnologías pueden ayudarnos a compartir con las personas más cercanas este acto y que nos acompañen en el momento. Además, una vez termine el periodo de aislamiento, podremos retomar esta despedida del ser querido físicamente en el lugar donde queramos que descanse a partir de entonces. Es cierto que lo ideal hubiese sido poder hacerlo en el momento del fallecimiento, pues ello ayuda al proceso de duelo, pero dadas las circunstancias, se pueden pensar estas otras alternativas.

Si conoces a alguien que puede estar pasando por esta situación, quizás puede ayudar dejar abiertas las puertas a la comunicación, estar disponible para cuando la persona decida acudir a ti, dedicarte a escuchar lo que quiere compartir contigo y acompañarlo con tu presencia sin necesidad de hablar, ofrecer tu ayuda en tareas concretas o trámites que puedes hacer por la otra persona, y adaptarte a la historia de la persona entendiendo que es tan personal, que cada uno hace lo que puede en ese momento, y esto está bien.

Como hemos explicado en el documento, es muy normal que te sientas mal si has perdido a un ser querido. Pero, si crees que el malestar que sientes es desproporcionado, que te supera y que te encuentras sin estrategias para hacerle frente, puedes ponerte en contacto con profesionales y que estos te ayuden a afrontar la situación. En la actualidad hay muchos centros cerrados a la atención presencial, dado el Estado de Alarma. En la Clínica Universitaria de Psicología de la Universidad Autónoma de Madrid (Centro de Psicología Aplicada) ofrecemos habitualmente tratamiento psicológico presencial, pero dadas las circunstancias, hemos puesto en marcha un servicio de atención telefónica gratuita para los afectados por la crisis del coronavirus. Puedes contactar con nosotros de lunes a viernes, entre 10 y 18h., en el teléfono 662378982.

lunes, 30 de marzo de 2020

Algunas claves para motivarnos


Fotografía de Pexels con licencia de Creative Commons

Para hacer cualquier cosa en esta vida necesitamos motivación... ¿o no? ¿Qué pasa si no tenemos motivación para iniciar una actividad? Más aún, ¿qué es la motivación? ¿Se puede “tener” más o menos motivación, como tenemos más o menos dinero o manzanas?

Empecemos por el principio. Lo que conocemos como motivación (“ganas para hacer algo”) no es algo interno que se pueda medir en términos cuantitativos, como la cantidad de glóbulos rojos. Tampoco es la causa directa de nuestro comportamiento (“como tengo muchas ganas de hacer algo, lo hago”). Esta sería la explicación coloquial, del día a día a la que estamos acostumbrados. Sn embargo, la motivación, desde un punto de vista técnico o científico, serían todas aquellas variables ambientales que facilitan o dificultan la emisión de un comportamiento. Sería todo aquello que de forma externa influye en nuestro comportamiento, teniendo en cuenta que nuestro comportamiento siempre se da en un contexto determinado e interacciona con este. Por ejemplo, si la publicidad nos muestra a personas atractivas y de éxito fumando, esto aumentará la probabilidad de que algunas personas se inicien en este hábito. Por otro lado, si nos “regalan” 200 euros para jugar en una conocida casa de apuestas online, tenderemos con más probabilidad a jugar, a diferencia de si nos dijeran: “estos 200 euros son solo una trampa para desplumarte sin que te des cuenta”. No hacemos las cosas “porque sí”, las hacemos influenciados por nuestro entorno.

Entonces, que yo me coma una manzana o una bolsa de patatas, dependerá no tanto de “mi motivación”, sino de otras variables; como qué alimentos tengo en casa; cuánto tiempo llevo sin comer; cómo me encuentro anímicamente; qué voy a hacer mientras como; si soy capaz de fijarme en las consecuencias a largo plazo; y un largo etcétera. En cada momento y para cada persona, estás variables serán potencialmente distintas.

Ahora que sabemos que nuestras acciones no dependen tanto de factores “internos”, sino de variables que (facilitan o dificultan) nuestros actos, te damos tres claves para aprender a controlarlas y evitar así que éstas nos controlen a nosotros:

1.    Ponte fácil el contexto. Si quieres empezar a comer más sano, no traigas a casa alimentos poco saludables bajo el pensamiento “yo puedo controlarme”, porque “por muy motivado que estés” para comer sano, si tienes en casa tu helado favorito, cuando te sientas aburrido, cansado o deprimido, te lo vas a comer porque lo tienes disponible. Póntelo fácil y no traigas al “enemigo” a casa. Esto vale para cualquier contexto que no sea el hogar. Este es el motivo por el que muchos profesionales de la nutrición (y de la salud en general), estamos luchando para que en las máquinas expendedoras de nuestros centros de trabajos haya alimentos saludables en lugar de bollería industrial y refrescos azucarados.

2.   Fija objetivos realistas, específicos y medibles. Si te apetece aprender a tocar un instrumento, sé realista y fija objetivos de aprendizaje acordes al tiempo que le vas a poder dedicar, los recursos económicos, tu experiencia musical previa, etc. Crea pequeños sub-objetivos y planifícalos en un calendario. A medida que avances, mide tu progreso para hacer modificaciones si es necesario.

3.     Hazlo. Te apetezca o no te apetezca, tengas “más o menos ganas”. Los psicólogos no nos cansamos de repetir que “las ganas se hacen”. Obviamente, si un día te levantas pensando “qué maravilla, me toca entrenamiento de fuerza” o “me apetece muchísimo la reunión con mi jefa esta mañana”, será estupendo para ti; te será mucho más fácil hacerlo, porque no necesitarás emplear estas estrategias. Sin embargo, esto no siempre sucede esto y no podemos depender de que esto suceda de forma espontánea para comportarnos de acuerdo a nuestros objetivos. ¿Te imaginas vivir siempre por lo que nos apetece a cada uno de nosotros en este momento? ¡Estaríamos totalmente vendidos por las consecuencias inmediatas! Sin ir más lejos, y cogiendo un ejemplo muy actual, casi nadie estaría cumpliendo el confinamiento en casa por la crisis que estamos viviendo. Por lo tanto, si no te llega la motivación espontáneamente, motívate tú mismo. ¿Cómo? Podemos hacerlo de dos maneras. Pensando qué cosas positivas generará mi comportamiento (p. ej., “quedándome en casa estoy ayudando a frenar la curva”, “hacer actividad física me ayudará a despejarme un rato”, etc.) y qué cosas negativas (p. ej., “si salgo de casa puedo contagiarme y contagiar a otras personas”, “quedarme todo el día en el sofá aumentará mi malestar”, etc.). A continuación, ponte “manos a la obra” y hazlo, pasa a la acción y prémiate por ello, con algo que te guste (p. ej., una cerveza, hacer una videoconferencia con unos amigos, cocinar un plato nuevo, etc.) y/o con tus propias palabras en forma de halagos (“qué bien lo he hecho”, “aunque no me apetecía me he puesto y lo he conseguido”, etc.).

No existen varitas mágicas para “aumentar” nuestra motivación por hacer las cosas, pero sí puedes poner en práctica estas estrategias y ver cómo dan sus frutos. En la repetición está la clave. Repetir, repetir y repetir. Hasta que llegue un día que no cueste: ¡enhorabuena, ya lo haces de forma automática!

P.D.: Quédate en casa. Este virus lo vencemos unidos.

Rocío Castaño – Terapeuta del CPA

Bibliografía


De Pascual, R. (2015). La motivación en terapia: un análisis funcional. Tesis doctoral no publicada, Universidad Autónoma de Madrid, Madrid, España.

Froján Parga, M. X., Alpañés Freitag, M., Calero Elvira, A., & Vargas de la Cruz, I. (2010). Una concepción conductual de la motivación en el proceso terapéutico. Psicothema, 22(4).

lunes, 16 de marzo de 2020

Cómo hacer frente a las preocupaciones de nuestros hijos


Al igual que los adultos, los niños también lidian con miedos y preocupaciones en diferentes situaciones de su día a día y, en ocasiones, los adultos que hay a su alrededor pueden sentirse desbordados al no saber cómo ayudarlos. Las preocupaciones de nuestros hijos pueden surgir por algo que ven u oyen que les genera miedo y pueden producirles sensaciones físicas desagradables como dolor de tripa, dolor de cabeza, náuseas, etc.

Muchos de sus miedos los podemos considerar propios de su etapa evolutiva e incluso adaptativos para su desarrollo: en la etapa de 2 a 6 años es habitual el miedo a la oscuridad; de 4 a 6 años suelen surgir miedos respecto a seres imaginarios (monstruos, fantasmas, etc.); de los 6 a los 9 años comienzan a tener miedo a hacerse daño o hacer el ridículo; y en la etapa de los 9 a los 12 años aparece el miedo a la muerte y las enfermedades, así como miedos relacionados con el rendimiento escolar. Sin embargo, en ocasiones, estos miedos causan un gran malestar para nuestro hijo/a; e interfieren en su vida cotidiana al impedirles vivir experiencias como dormir en casa de un amigo, irse de campamento, divertirse jugando solo en su habitación, enfrentarse a un partido importante, etc.

Fotografía de Anna Shvets con licencia de Creative Commons

¿Alguna vez habéis sentido que las preocupaciones de vuestro hijo/a no paran de crecer a pesar de todos vuestros esfuerzos por tranquilizarlo/a? Aunque vuestro hijo/a sepa que ese personaje ficticio de miedo no va a salir del televisor para meterse en su armario, es probable que por las noches siga revisando el armario y nunca olvide meter en la cama a su superhéroe favorito para que le ayude a enfrentarse a posibles monstruos con sus poderes.

Si este es vuestro caso, habréis podido comprobar que los niños con preocupaciones realizan grandes esfuerzos por evitar las situaciones temidas y hacen frecuentemente preguntas para tratar de aliviar su malestar. Por otro lado, quizás ya os hayáis dado cuenta de que los intentos de calmarlos con abrazos y palabras tranquilizadoras y ayudarlo a evitar estas situaciones que tanto temen no hacen que estos miedos se hagan más pequeños.  De hecho, las  preocupaciones pueden resultar tan difíciles de quitar como una mosca que ronda alrededor de nuestra cabeza: los esfuerzos por hacer que se vaya pueden hacer que cada vez la veamos más grande y ruidosa.

La buena noticia es que, con las pautas que os ofrecemos a continuación, podréis ayudar a vuestro hijo/a a tomar el control sobre sus preocupaciones.

1. Ofrecedle un tiempo para preocuparse: si a vuestro hijo/a le cuesta dejar de pensar en sus preocupaciones al estar acostumbrado/a a dedicarles tanto tiempo, puede ser útil acordar un momento del día para ello. Por ejemplo, puede imaginarse que guarda las preocupaciones en un cofre bien cerrado que sólo se abre a la hora pactada.

2. Ayudadle a enfrentarse a sus miedos: los mensajes tranquilizadores fomentan que vuestro hijo/a siga recurriendo a vosotros cada vez que algo le preocupa y que su preocupación se haga cada vez un poco más grande. En lugar de esto, podéis ayudarlo/a a pensar en mensajes que le motiven a hacerle frente. Por ejemplo, cada vez que le aparezca una preocupación, podría repetir frases como “¡no te creo!”, “¡déjame en paz!” o “¡eres una mentirosa, no pienso volver a hacerte caso!”. Este tipo de frases pueden hacer que se sienta más fuerte frente a sus preocupaciones y empiece a verlas cada vez más pequeñas.

3. Ayudadle a volverse a encontrar con energías: una vez se haya enfrentado a su preocupación, jugad con vuestro hijo/a a algo físico (p. ej., el pilla pilla, una guerra de cosquillas etc.) o ayudadlo/a a relajarse si no es momento para tanta actividad. Por ejemplo, respirar de forma regular, lenta y poco profunda; tensar o destensar los músculos o imaginar un recuerdo agradable; pueden ser estrategias útiles para que su cuerpo se recupere.

4. Animadle a que haga deporte: la actividad física es un gran liberador de estrés y ayudará a tu hijo/a a mantener alejadas sus preocupaciones.

5. Fomentad una autoimagen positiva: hablad con vuestro hijo/a de todo lo que se le da bien. Hazcedle ver que es capaz de muchas cosas; entre ellas, de enfrentarse a sus miedos.

Esperamos que estos tips puedan ayudaros a manejar las preocupaciones de vuestros hijos. Sin embargo, si veis que la ansiedad interfiere significativamente en su vida os recomendamos acudir a terapia psicológica. ¡En el CPA estaremos encantados de ayudaros!

Candela González – Terapeuta del CPA

Bibliografía

Caballo, V.E., y Simon, M.A. (2001). Manual de psicología clínica infantil y del adolescente: Trastornos generales. Pirámide.

Huebner, D.,y Matthews, I.D.B. (2008). Qué puedo hacer cuando... me preocupo demasiado. Un libro para niños con ansiedad. Madrid: Tea Ediciones

Pillado, C.M., Tabuyo, M.G., Ortiz, C.Á., Sanz, M.G., Cebrián, R.P., Cabrero,  Ó.P. y de la Torre, M. (2015). Guía de Intervención Clínica Infantil. Centro de psicología aplicada. Universidad Autónoma de Madrid.




lunes, 2 de marzo de 2020

6 mitos sobre la violencia de género


Prácticamente todos hemos oído hablar de la violencia de género, la hemos visto o, en el peor de los casos, hemos sido víctimas o conocemos a alguien que la haya vivido. Por suerte, la sociedad está cada vez más comprometida en la lucha por su erradicación, ya sea a través de manifestaciones, medidas sociales o visibilizándola a través de la divulgación. En el CPA queremos sumarnos a esta lucha desmintiendo algunos de los mitos sobre la violencia de género presentes en la sociedad y que suponen un impedimento para lograr su desaparición.

Imagen de Freepik con licencia Creative Commons

Mito 1. “Si las mujeres sufren violencia de género algo habrán hecho para provocarla”.
Esta creencia es una de las más arraigadas y peligrosas, ya que culpa a la mujer del comportamiento violento del hombre.  Sin embargo, lejos de apoyar esta idea, la evidencia y los expertos aseguran que las víctimas tienden a mostrar una actitud pasiva (Álvarez et al. 2016; Walker, 2012). Es decir, su actitud se caracteriza por la represión de los sentimientos de rabia, la sumisión, la aceptación de los deseos del hombre y la evitación de una posible nueva agresión. Es decir, ¡todo lo contrario a buscar una agresión!

Mito 2. “Si las mujeres maltratadas no abandonan la relación será porque les gusta”.
En ocasiones, nos encontramos con comentarios del tipo “si las mujeres aguantan tanto o vuelven con su pareja es porque son masoquistas”. Esto se conoce como el mito del masoquismo femenino, y no solo presupone que la mujer siente placer en su sufrimiento, sino que también la responsabiliza de su propia situación. Lo cierto es que las razones que llevan a una mujer a convivir con su agresor son múltiples y variadas, y generalmente están relacionadas con el miedo, la existencia de amenazas, la dependencia o la culpa irracional. ¡Nada que ver con el gusto por el sufrimiento!

Mito 3. “Sólo las mujeres con ciertas características tienen probabilidad de ser maltratadas”.
Existe una creencia común que relaciona a la víctima de violencia de género con mujeres inmigrantes o de países subdesarrollados, de clase social baja y/o con escasos recursos económicos. Sin embargo, hay estudios que han concluido que las víctimas pueden ser mujeres de todas las edades, etnias, y clases sociales, por lo que no existe un perfil concreto de víctima (Bosch-Fiol y Ferrer-Pérez, 2012).

Mito 4. “La violencia psicológica no es tan grave como la física”.
A lo largo de la historia, la violencia psicológica contra la mujer (p. ej., cuestionamientos, control excesivo, insultos, etc.) ha recibido menos atención que la de carácter físico, sin embargo, los daños que conlleva pueden ser de igual nivel (¡aunque no se vean!). De hecho, la violencia psicológica puede dar pie a otras formas de violencia, como la física, por lo que es muy importante no desestimarla. Si estás interesado/a en conocer algunos de los comportamientos no saludables que surgen en las relaciones y que pueden ser indicativos de que existe este tipo de violencia te recomendamos que visites la siguiente entrada de nuestro blog:  http://psicologia-cpa.blogspot.com/2017/10/relaciones-de-pareja-saludables-mito-o.html

Mito 5. “Los hombres que agreden a sus parejas son violentos por naturaleza”.
Este mito, conocido por muchos como el mito del sadismo, viene a considerar que, si los hombres maltratan a las mujeres es debido a que su sexualidad tiene un componente agresivo. Sin embargo, es muy probable que los hombres que agreden a sus parejas no sean violentos con el resto de su entorno y se limiten a serlo con sus parejas.  Además, ¿cuántas veces las personas (independientemente de nuestro género) sentimos ira o rabia y no la canalizamos agrediendo a los demás?

Mito 6. “Los hombres son tan víctimas como las mujeres”.
Diversos estudios muestran que, efectivamente, los hombres también son víctimas de violencia, sin embargo, lo son principalmente a manos de otros hombres (OMS, 2014). Además, la evidencia sostiene que, si bien los hombres también sufren violencia por parte de sus parejas mujeres, el porcentaje de mujeres que sufren violencia dentro de la pareja ejercida por hombres es superior (OMS, 2014). De esta forma, aunque tanto hombres como mujeres sufrimos violencia, se ha de tener en cuenta que las mujeres sufren un tipo de violencia específica por el mero hecho de ser mujer.

Como siempre, esperamos que esta información os haya resultado de utilidad. Si estás interesado/a en conocer más mitos que pueden afectar a las relaciones de pareja te recomendamos la siguiente entrada nuestro blog, en la que hablamos sobre el amor romántico (http://psicologia-cpa.blogspot.com/2019/02/9-mitos-del-amor-romantico.html)

Jone Martínez Bacaicoa - Terapeuta del CPA

Bibliografía

Álvarez, M., Sánchez, A., Bojó, P., Zelaiara, K., Aseguinolaza, A., Azanza, M., y Caballero, S. (2016). Manual de atención psicológica a víctimas de violencia machista. Colegio Oficial de la Psicología de Guipúzcoa.

Bosch-Fiol, E., y Ferrer-Pérez, V. A. (2012). Nuevo mapa de los mitos sobre la violencia de género en el siglo XXI. Psicothema, 24(4), 548-554.

Organización Mundial de la Salud (2014). Informe mundial sobre la violencia y la salud.

Walker, L.E. (2012). El síndrome de la mujer maltratada. Bilbao: Desclee de Brouwer.


lunes, 17 de febrero de 2020

¿Cómo puedo mejorar la satisfacción en mi relación de pareja?


Un año más llega la fecha de San Valentín y nos acordamos de hacer algo especial con nuestra pareja para demostrarle cuánto nos importa. Pero, ¿esto es suficiente?, ¿qué puedo hacer para demostrárselo el resto del año?, ¿qué cosas puedo hacer para mejorar realmente la satisfacción en mi pareja?

Sentirnos satisfechos en pareja implica que, si pusiésemos en una balanza, por un lado, los aspectos negativos y costes de la relación y, por otro lado, los positivos y los beneficios de ésta, pesarían más estos últimos. Es decir, básicamente que nos compensa mantener esa relación. Sin embargo, debido al paso del tiempo y a la influencia de dificultades por nuestro estilo de vida actual (p. ej., tener poco tiempo libre, estrés laboral, discusiones, hijos, etc.), hay parejas que sufren una pérdida de satisfacción; ya no valoran igual la relación y pueden llegar a plantearse la famosa idea de “se acabó el amor”. Aunque es cierto que el amor puede nacer o surgir por sí solo, es imprescindible que uno se esfuerce para que el amor se mantenga.

Fotografía de Pexels con licencia de Creative Commons

En la pareja, como en cualquier equipo, lo que uno hace influye directamente en el otro y viceversa. De este modo, cuando una de las partes de la pareja empieza a cambiar su modo de comportarse, va a provocar cambios en los comportamientos y la actitud del otro. Es decir, si yo empiezo a comportarme de una manera que le agrade a mi pareja (p. ej., le digo palabras bonitas, le doy afecto, realizo conductas que le gusten), es muy probable que mi pareja vaya a empezar a comportarse de modo similar; aumentando las gratificaciones hacia mí y en una misma proporción a la mía (p. ej., si yo realizo 6 conductas positivas al día hacia mi pareja, acabaré recibiendo una cantidad parecida por su parte). Esta nueva dinámica favorece que la pareja valore más positivamente la relación y esté más feliz en ella. Además, este nuevo clima ayudará a prepararles para afrontar situaciones o metas más difíciles que puedan surgir.

A continuación, vamos a explicar algunas estrategias que puedes aplicar en tu dinámica de pareja y que contribuirán a que tengas una relación más satisfactoria:

v  Planificación de actividades agradables. Consiste en que creéis una lista de actividades que a ambos os agrade hacer juntos. Para ello, os puede ayudar preguntaros, “¿qué cosas hacemos juntos, en la actualidad, que nos gustan?”, “¿qué cosas hacíamos juntos en el pasado que nos agradaban, pero hemos dejado de hacer?” o “¿qué cosas nos gustaría hacer juntos en el futuro que creemos que nos agradarían?”. Es necesario buscar tiempo para compartir y, si es posible, huir de la rutina y facilitar situaciones de disfrute . Además, podéis planificar días en los que hacer actividades en pareja, días en los que cada uno tenga su ocio por separado y días en los que lo hagáis actividades con otras parejas o amigos en común.

v  Pilla a tu pareja haciendo algo agradable.  Consiste en que te fijes más en comportamientos que te agradan de tu pareja (¡por pequeños e insignificantes que parezcan!) (p. ej., que te pregunte qué tal el día; que prepare la cena para los dos; que te coja de la mano mientras veis una película) y, en el momento en que los realice, reconocérselo (p. ej., agradeciéndoselos, elogiándolos, diciéndole que eso te gusta). Esto permite que la pareja empiece a valorar los pequeños aspectos positivos de cada día, que muchas veces pasan inadvertidos. Además,  aumenta la probabilidad de que se repitan al hacer consciente a tu pareja de lo mucho que te gusta.

v  Día del amor. La pareja acuerda que un día a la semana uno de los dos llevará a cabo la mayor cantidad posible de conductas que sean agradables para el otro (p. ej., acompañarle a una actividad que le guste; ver su película favorita; elogiar lo guapo/a que está con esa ropa), sin advertir previamente al otro de qué día es el escogido por su pareja. En el caso de que no se os ocurra qué conductas positivas hacer a vuestra pareja, se puede utilizar la caja de los deseos, donde se introducen unas papeletas, cada una de distinto color, en la que tenéis que escribir sugerencias sobre conductas que os agradan del otro o detalles que desearíais recibir. Así, cuando queráis realizar algún comportamiento agradable para vuestra pareja, bastará con sacar uno de los papeles de dicha caja.

¿Qué os parecen estas estrategias? Si quieres consultar más ideas para aumentar la satisfacción en tu relación de pareja, no te pierdas la siguiente entrada de nuestro blog: http://psicologia-cpa.blogspot.com/2015/11/crecer-en-pareja.html


Elisa Seco Andreu – Terapeuta del CPA

Bibliografía

Sanz Yagüe, A. (2000). La vida en pareja. Madrid: Temas de Hoy.