El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

Los comentarios enviados por la comunidad serán sometidos a un proceso de moderación antes de ser publicados.

lunes, 13 de mayo de 2019

10 derechos asertivos básicos y fundamentales sobre los que reflexionar


Los derechos asertivos consisten en que te atrevas a ejercer el derecho a ser tu propio juez, a trazar tus propias metas y a no dejarte manipular por los demás. Pero ello no impide que tengas en cuenta sus opiniones, des explicaciones cuando te parezca adecuado hacerlo y que prefieras ser amable, siempre que eso no te impida ser fiel a ti mismo.

A continuación, vamos a desarrollar estas ideas en profundidad hablando de algunos derechos asertivos que pueden ser útiles a la hora de relacionarnos:

1. Derecho a ser tu propio juez: Tienes derecho a poseer tus propias opiniones, creencias y a evaluar tus emociones y comportamiento, a aceptarlos como válidos, si así te lo parece, aunque a otros no les parezcan aceptables. Este derecho implica elegir tu propia escala de valores, no la de otros.

2. Derecho a elegir si nos hacemos responsables o no de los problemas de los demás: Actuar haciéndonos cargo únicamente de nuestros problemas es complicado en una sociedad que nos enseña a no decir o a hacer algo que pueda ofender mínimamente los sentimientos de otra persona. Aunque es preferible no herir a los demás y tratarlos con respeto, es imposible y contraproducente autoexigirnos no herir a nadie. Es más deseable pensar que tienes derecho a defender tus intereses y a expresar tus emociones, aunque eso suponga que los demás puedan sentirse heridos de forma ocasional.

3. Derecho a elegir si queremos o no dar explicaciones: Si te riges por tus propios juicios y valores, si eres tu propio juez, no tienes por qué sentirte obligado a dar explicaciones sobre tu comportamiento para que los demás decidan si es acertado o no. Tampoco para intentar convencerles de que no estás equivocado. Por supuesto, los demás siempre tendrán la opción asertiva de decirte que no les gusta lo que haces, pero tienes que tener claro que los verdaderos responsables de nuestra vida, nuestras emociones y nuestras conductas somos cada uno de nosotros.

4. Derecho a cambiar de opinión: La realidad es muy compleja, ya que puede ser vista desde distintos ángulos. Por ello, para ser realistas y conseguir un máximo de bienestar, conviene aceptar que cambiar de opinión es algo saludable y normal. Pensar de forma irracional: “Una vez que te hayas comprometido con algo, no debes cambiar de opinión y, si cambias, debes justificarte o reconocer que estabas en un error”, “Si te vuelves atrás, demuestras que eres un irresponsable”, nos impiden alcanzar muchas veces nuestro bienestar vital.

5. Derecho a cometer errores: La meta autoimpuesta de no cometer errores es un imposible. Muchos de nosotros nos exigimos no cometer errores (p. ej., en el trabajo, en nuestras relaciones, etc.) y cuando estos aparecen (porque somos humanos y todos nos podemos equivocar en un momento dado) caemos en negar el error por vergüenza, dar demasiadas explicaciones para justificarlo, quitarle importancia o sentirnos obligados a reparar el mismo. Desde una posición asertiva, resulta más fácil reconocer el error cometido, viéndolo como algo normal sin sentirte culpable o avergonzado por ello y esto, al mismo tiempo, te capacitará para poder emprender las acciones que tú creas necesarias.

6. Derecho a decir “no lo sé”: Aceptemos de una vez que es imposible saberlo todo y no es una necesidad (sino una preferencia) tener o conocer las respuestas a todas las cuestiones para poder sentirnos eficaces y valiosos. Si alguien te hace una pregunta que te resulta compleja de responder, puedes decirle: “Lo cierto es que no lo sé, ¿qué piensas tú?” y esto no te convierte menos competente.

7. Derecho a no necesitar la aprobación de los demás: intentar agradar a todos es imposible e incluso contraproducente.

  •  Es mejor aceptar con naturalidad que haya personas a quienes no les gustemos.

  • Si damos excesiva importancia a conseguir la aprobación de los otros, podemos convertirnos en personas ansiosas y serviles (ya que, incluso cuando tengamos su aprobación, temeríamos perderla).

  •  En realidad, aunque la prefiramos, no necesitamos la aprobación ni la simpatía de los demás para relacionarnos con ellos de forma asertiva y eficaz.


8. Derecho a tomar decisiones ajenas a la lógica: La lógica y el razonamiento suelen basarse en afirmaciones rotundas en forma de “todo o nada”. Nuestros deseos, motivaciones y emociones no suelen presentarse de una manera tan clara. A menudo, nuestros sentimientos acerca de algo o alguien están mezclados, son confusos o ambivalentes. Recuerda que tienes derecho a elegir tus metas y decidir lo que tú quieras, aunque no dispongas de un argumento lógico que avale tu opinión y/o decisión.

9. El derecho a no comprender las expectativas ajenas: Comportarte de forma asertiva requiere pensar que no estamos obligados a adivinar las expectativas de los demás. Es esperable que sean las personas implicadas las que expresen sus deseos. Si aceptamos que es difícil comprender las expectativas ajenas, evitaremos también los errores que suelen darse cuando tendemos a adivinar los pensamientos y/o deseos de los demás.

10. Derecho a no intentar alcanzar la perfección: Algunas personas creen que, aunque no somos perfectos, debemos intentar alcanzar la perfección en todo lo posible. Lo asertivo es que cada uno de nosotros juzgue y elija sus propias metas según sus preferencias. Los seres humanos estamos llenos de limitaciones; por ello, la perfección es una ideal lleno de insatisfacción.

Rocío Florido – Terapeuta del CPA

lunes, 29 de abril de 2019

Di adiós a la culpa


Foto de Hartwig HKD con Licencia CreativeCommons


Existen dos emociones a las que brindamos mucha importancia y sin embargo, resultan inútiles: la culpabilidad y la preocupación. Ambas nos hacen malgastar nuestro tiempo y energías y nos impiden actuar de forma adaptativa en el momento presente  En esta entrada vamos a hablar de la culpa. 

La culpabilidad, en nuestra sociedad, es una emoción que tiñe muchas relaciones. Está constituida por sentimientos, pensamientos y evaluaciones sobre “lo que debes ser y hacer”. Resuena en tu mente como esa voz crítica que te recuerda lo malo que has sido cada vez que no has cumplido con tu deber. De este modo, la culpabilidad consigue que malgastes tu presente mientras das vueltas a tu comportamiento en el pasado. 

A lo largo de tu vida han sido muchas las situaciones en las que te has sentido culpable. Cada vez que alguien te ha señalado lo mala persona que has sido por decir (o no decir), hacer (o dejar de hacer) o sentir (o dejar de sentir) algo; tú respondes sintiéndote mal y avergonzado. Este sentimiento se alimenta de los valores, creencias y reglas sociales que durante toda tu vida te han inculcando y que actualmente forman parte de ti.

La culpa es un sentimiento muy extendido, prácticamente todo el mundo se ha sentido culpable alguna vez cuando, por ejemplo, ha desagradado a su pareja, a la familia o a nuestro jefe, al discutir con alguien o en otros ámbitos cotidianos como no ir al gimnasio un día en que teníamos programado entrenamiento, saltarnos la dieta, rechazar el plan de algún amigo, etc. Del mismo modo, todos generamos culpa en los demás y en muchas ocasiones sin darnos cuenta.

¿Por qué nos sentimos culpables?

Cuando te sientes culpable por tu pasado, dejas de dirigir tus energías a actividades que podrías hacer en el presente y que son provechosas, pero que muchas veces requieren grandes esfuerzos.Si me centro en pensar en lo malo que fui ayer, no tengo tiempo para cambiar las cosas hoy.  Además, si te diriges hacia el pasado, pierdes la oportunidad de cambiarte a ti mismo en el presente, pero también evitas los riesgos que estas decisiones podrían conllevar. Otras veces,cuando te sientes culpable,  la gente siente compasión e incluso aprueban este sentimiento, pues vivimos en una sociedad donde culturalmente se concibe la culpa como una forma de exonerar tu mal comportamiento, como si sintiéndote culpable demostrases que conoces tu deber. Sin embargo, no te permite cambiar las cosas a mejor y comenzar a respetarte a ti mismo por tus propios valores. 

Estrategias para eliminar la culpabilidad. 

Quizá llegados a este punto te preguntas que puedes hacer con tu culpa. Algunas estrategias para sentirte “libre de culpa” son:

  • Comienza a sustituir la palabra culpa por responsabilidad y asume las consecuencias  de tus actos. Todos somos responsables de algo, y algunas veces nuestro comportamiento tiene consecuencias no deseadas. Centrándote en la responsabilidad, podrás poner en marcha los recursos que posees y promover una acción que permita arreglar las cosas y aprender. 
  • Empieza por aceptar en ti mismo aquellas cosas de tu elección que pueden disgustar a ciertas personas. Es importante que te apruebes a ti mismo; es cierto que la aprobación de los otros es agradable, pero no es necesaria. Cuando alguien adquiera una posición contraria a la tuya acéptalo como algo natural. Al fin y al cabo todos tenemos distintos puntos de vista, y el tuyo es igual de legítimo que el de los demás.
  • Escribe un diario de culpas.  Apunta las situaciones en las que te sientes culpable, por qué, cuándo, con quién sucede y qué estás perdiendo en el momento presente al angustiarte por el pasado. Esta estrategia te permitirá conocer tu zona particular de culpa y te facilitará la siguiente tarea.
  • Reevalúa tus valores. Cuando no vives en consonancia con los valores del bien y el mal que tu contexto te enseña se despierta en ti el sentimiento de culpa. Sin embargo, no tienes porque aceptar todos estos valores sin más. Haz una lista de todos los valores y deberes que se han reflejado en tu diario. Evalúa con cuales estás de acuerdo y cuales deseas cambiar, elige tú mismo tus propios deberes y no los que te inculca la sociedad. 
  • Evalúa las verdaderas consecuencias de tu comportamiento. Aléjate de los sentimientos paralizantes y evalúa objetivamente si los resultados de tus actos son agradables y productivos para ti.  
  • Enfréntate a la culpa. Selecciona un comportamiento que te haga sentir culpable y hazlo, de este modo comprobaras por ti mismo la inutilidad de la culpa.
La culpa no va a cambiar el pasado ni te hará mejor persona. Si realizas cambios en cómo interpretas y valoras tus errores, y comienzas a actuar en consecuencia dejarás de sentirte culpable y comenzarás a aprender de las experiencias vitales. 

Naiara Matesanz– Terapeuta del CPA
Referencias bibliográficas
Dyer, W. (2010). Las emociones inútiles: culpabilidad y preocupación. En Dyer, W. (Eds.) Tus zonas erróneas (pp. 40-47). DEBOLSILLO.