El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 26 de febrero de 2018

EL ESTIGMA DE LAS “MUJERES NO MADRES”

¿Y quién te cuidará de mayor?

Eso es que todavía eres joven, pero con los años cambiarás de idea.

¿No te da pena que tus ahorros los hereden desconocidos?

Tu pareja ya te convencerá.

¿Y tu familia? Seguro que a tus padres les gustaría tener nietos.

Si tu madre hubiese sido como tú, no estarías en este mundo.

Cuando se te pase el arroz, te arrepentirás.

Si le pasa algo a tu pareja u os divorciáis, te quedarás sola. Sólo los hijos son para toda la vida.

Tanta gente con problemas de fertilidad y tú hablando esas tonterías.

Estás cometiendo un error.

Si tienes problemas para quedar embarazada me lo puedes contar, hay confianza. Conozco mucha gente que tenía problemas y finalmente lo consiguió.

No depende de ti. Un día se te despertará el reloj biológico y tu cuerpo decidirá por ti.
…

Eres una egoísta.

 Fotografía: Paco Rives Manresa, con licencia Creative Commons.

Los comentarios anteriores son una recopilación de testimonios de distintas mujeres que han decidido que NO quieren ser madres. ¿Pero cómo no vas a querer ser madre, por qué? Se ven obligadas a dar explicaciones, a convencer a su interlocutor de que tienen razones de peso para tomar una decisión tan drástica. No obstante, ninguna razón es lo suficientemente buena como para justificarla. Y ahí empiezan las opiniones…

Miles de mujeres se ven en la tesitura de tener que defender su postura por querer comportarse de una manera que no encaja con la visión “tradicional” de la familia y, por tanto, se aleja de lo “socialmente aceptado”. Se sigue considerando a “una mujer sin hijos” como algo incompleto. El rechazo es tal que, en ocasiones, sufren agresiones verbales (fruto de la evidente incomprensión).
Además, a menudo se iguala el “ser capaz” (ser fértil) con “tenerlo”, como si la capacidad de decidir libremente sobre el futuro fuese anulada por la obligación de cumplir con la función reproductora ligada a un rol de género.

Y es que en realidad no necesitan justificarse, ni convencer a nadie, ni buscar la aprobación de su decisión. En realidad, están en su derecho de hacer lo que libremente decidan al respecto:

“Todas las personas tienen derecho a adoptar decisiones relativas a su vida reproductiva, a determinar libremente si quieren o no tener hijos e hijas y, en su caso, su momento y frecuencia”.
(Derechos Sexuales y Reproductivos)

Sin embargo, estas mujeres lidian con estigmas desde todos los círculos sociales:

·        Religioso: según algunas religiones, y claramente desde la fe cristiana, la mujer está predestinada a reproducirse para convertirse en madre y esposa.
·        Social: se encasilla a la mujer en su rol de madre, esposa, ama de casa y cuidadora principal. La presión la ejercen también los círculos más cercanos. A partir de cierta edad, es muy probable que las amistades de una mujer sin hijos se vean peligrar, ya que los temas de conversaciones, planes, etc. giran en torno a los niños y ésta puede sentirse aislada. Cuando una mujer acude a su médico, pidiéndole una solución definitiva a su deseo de no quedar embarazada, se encuentra con rechazo, juicios personales y, por supuesto, negativa a ayudarle. Algunos incluso insinúan la maternidad como “remedio para muchos males”.
·        Afectivo: las mujeres que deciden no querer ser madres y, cuyas parejas sí quieren tener hijos, se enfrentan a un enorme dilema, provocado a menudo por el chantaje emocional. Tienen que decidir entre su felicidad (hacer lo que deseen con sus vidas) y hacer feliz a la persona que quieren. Se les intenta convencer, tachándolas de egoístas, y, si no ceden, asumen el riesgo de que esta decisión podría significar el fin de la relación.
·        Familiar: se encuentran con la incomprensión y reproches. Por parte de sus padres - que no les darán los soñados nietos. Por parte de sus hermanos - que no les darán los sobrinos. Y todo por partida doble, porque está también la familia del otro, sobre todo si él sí quiere tener hijos…

¿Cómo crees que podría sentirse alguien expuesto a todos estos comentarios? ¿Tal vez juzgada/o? ¿Incómoda/o? ¿Triste? ¿Sola/o? ¿Incomprendida/o? ¿Atacada/o?

La situación de estas mujeres en algunos casos puede volverse insoportable, llevándolas a experimentar mucho malestar o incluso replantearse su decisión. Aparecen pensamientos como “soy una mala persona y egoísta, me siento culpable, hago sufrir a mucha gente”. Y, como ya se ha comentado en muchas de las entradas de este blog, lo que pensamos influye en lo que sentimos y en cómo nos comportamos. Las consecuencias psicológicas pueden ir, por lo tanto, desde una autoimagen negativa, sentimiento de soledad o de culpabilidad, constante cuestionamiento de la(s) decisión(es) tomada(s), etc. a secuelas psicológicas más severas, como estrés, ansiedad o depresión.

No obstante, ya sea en este caso, o en cualquier otra situación en la que nos vemos superadas/os, no sabemos cómo gestionar las dificultades que tenemos que afrontar o no nos vemos capaces de ejercer nuestros derechos (o hacer que los respeten los demás), lo mejor es acudir a un profesional que nos ayudará a enfrentar ese complicado momento vital.

Y no. No eres una egoísta por tomar una decisión consciente sobre el rumbo que quieres darle a tu vida. No eres una egoísta por ejercer tus derechos. No eres una egoísta por decidir qué quieres hacer con tu cuerpo. No eres una egoísta por decidir libremente. No eres egoísta por expresar y compartir tu decisión, aun consciente de las críticas que tendrás que afrontar.

Eres una valiente.

Kaja Chmielowiec - Terapeuta del CPA

Bibliografía recomendada:
Ávila González, Y. (2005). Mujeres frente a los espejos de la maternidad: las que eligen no ser madres. Desacatos, (17), 107-126.

lunes, 22 de enero de 2018

Menores y nuevas tecnologías: ¿Combinación alarmante?

Fotografía: Fotos TVN, con licencia Creative Commons.

Las nuevas tecnologías se han convertido en una de las herramientas más utilizadas por los más jóvenes. Esto ha generado grandes ventajas: acceso a la información, aumento de las relaciones sociales, contacto con personas del otro lado del mundo, poder hacer compras por internet, etc. Sin embargo, es importante saber cómo utilizar internet pues implica una serie de riesgos, tanto para adultos como para menores. En el caso de estos últimos es aún más complicado, ya que pueden desconocer cómo defenderse o actuar ante una situación comprometida.
El papel de los adultos es crucial en este caso, y en ocasiones los padres no saben cómo actuar ante estos riesgos. Por este motivo, os presentamos algunas pautas preventivas para evitar posibles riesgos con los menores:
·       Establecer criterios de edades para utilizar el móvil, el ordenador, la Tablet, así como el acceso a distintos servicios y contenidos.
·       Fijar hábitos para no entrar en páginas que no sean fiables, y usar contraseñas seguras, cambiándolas de forma periódica.
·       Poner normas de uso (horarios para utilizar los dispositivos, apagar el móvil en el colegio o al dormir, etc).
·       Proteger los equipos con instalaciones seguras, y educar a los menores para distinguir cuando están accediendo a contenido peligroso o inapropiado, desconfiar de los mensajes extraños recibidos a través de las redes sociales, no introducir datos personales ni económicos en formularios sospechosos, etc.
A continuación, vamos a profundizar en uno de los posibles riesgos al que los menores se enfrentan a través de las nuevas tecnologías: el ciberacoso.
¿Qué es el ciberacoso?
Se define como el uso y difusión de información, real o ficticia, con ánimo lesivo o difamatorio y en formato electrónico a través de: correo electrónico, redes sociales, mensajes de texto a través de móvil y publicación de videos o fotografías en plataformas de difusión de contenidos.
¿Cómo se manifiesta?
Entre las características más comunes destacamos:
·       Colgar en internet una imagen o vídeo comprometido (real o imaginario) o datos que puedan perjudicar a la persona y difundirlo entre su entorno.
·       Robar la clave de correo electrónico o redes sociales para leer sus mensajes, violando su intimidad e impedir que la persona pueda consultar su información.
·       Dar de alta en determinados sitios la dirección de correo electrónico de la persona acosada para que sea víctima de spam, contactos desconocidos, etc.
·       Circular rumores acerca de un comportamiento reprochable y ofensivo por parte de la persona, que facilitan que otros, sin poner en duda lo que leen, le critiquen y acosen.
·       Llamar o enviar mensajes amenazantes a la persona por e-mail, WhatsApp, redes sociales…
¿Qué efectos puede tener en el menor?
-Cambios en el estado de ánimo: cambios de humor, momentos de tristeza, de indiferencia, reacciones agresivas inusuales, así como reservas en la comunicación.
-Cambios en su red social: repentina pobreza de relaciones sociales, falta de defensa ante bromas públicas, miedo a salir de casa, entre otros.
-Cambios en sus hábitos: de asistencia a clase, afectación al rendimiento académico, cambios en sus actividades de ocio, en el uso de dispositivos móviles o internet, etc.  
¿Qué líneas de actuación puedo llevar a cabo?
-Si se conoce a la persona que realiza el acoso: ponerse en contacto con él y sus padres. Si los menores van al mismo centro, informar al centro y llevar a cabo el protocolo de actuación ante casos de acoso.
-Si se desconoce la persona que realiza el acoso: si la persona lo hace desde el anonimato o utiliza nombres falsos, habrá que contactar con los administradores de los servicios electrónicos utilizados para llevar a cabo el acoso. Por otro lado, se puede denunciar ante las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, pues cuentan con una unidad especializada en delitos tecnológicos y la persona que realiza el acoso puede ser identificada.
¿Qué diferencia hay entre el acoso escolar y el ciberacoso?
El bullying o acoso escolar, comparte aspectos básicos como intencionalidad, desequilibrio de poder y recurrencia de acciones con el ciberacoso, pero este último cuenta con el anonimato en las acciones por parte de la persona que acosa, se extiende la difusión y la audiencia de las agresiones, así como desinhibición virtual en los participantes. Si quieres profundizar sobre el acoso escolar puedes leer esta entrada que recupero de nuestro blog:  http://psicologia-cpa.blogspot.com.es/2017/12/bullying-como-reconocer-y-actuar-frente.html

¡Esperemos que haya sido de vuestro interés!

Elena Ballesteros-Terapeuta del CPA

Referencias Bibliográficas:
Avilés, J. (2012). Guía de actuación contra el ciberacoso. Madrid: INTECO. Ministerio de Industria, Energía y Turismo.

Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz. Educar a los menores en el uso sin riesgos de Internet. Recuperado de http://www.vitoria-gasteiz.org/docs/wb021/contenidosEstaticos/adjuntos/es/28/95/32895.pdf

miércoles, 19 de abril de 2017

Depresión postparto

Hay momentos muy importantes en nuestra vida que esperamos que nos hagan sentir felices, como casarse, tener un hijo, acabar los estudios, etc. Sin embargo, en ocasiones cuando estas situaciones llegan no nos sentimos como esperamos e incluso nos sentimos mal y nos surgen dudas sobre qué nos está pasando. Es necesario tener en cuenta que son situaciones que conllevan cambios muy importantes en nuestras vidas a los que hay que ir adaptándose poco a poco, lo cual no siempre es sencillo. En esta entrada, queremos dedicar especial atención a los procesos que puede vivir una madre tras el nacimiento de su hijo.

Imagen libre de derechos.
La esperada llegada del bebé implica muchos cambios para los progenitores, especialmente para la madre. Después de nueve meses de cambios durante la gestación, que suceden muy rápido y que conllevan un gran esfuerzo de adaptación de la mujer, los cambios hormonales y metabólicos continúan tras el parto, pudiendo alterar el estado de ánimo de la madre. Por otra parte, los cambios en el aspecto físico son llevados con más facilidad cuando todavía se está esperando al bebé, pero cuando el niño ya ha nacido y se quiere recuperar la figura anterior al embarazo pueden suponer una presión importante para la mujer.

Además, el bebé durante los primeros meses exige una atención constante. La tarea de alimentar al niño puede complicarse, siendo difícil e incluso dolorosa. La falta de sueño también puede llegar a suponer un problema. Asimismo, la configuración familiar, especialmente la relación de pareja, han de reajustarse a la nueva situación para poder cumplir con todas las tareas que el recién nacido requiere, y la mujer pierde mucho tiempo para sí misma.

Imagen diseñada por photoduet con licencia creative commons.
Así, todos estos cambios pueden llevar la madre a desanimar y a presentar diferentes síntomas como ansiedad, llanto, labilidad emocional, insomnio, fatiga, irritabilidad, sentimientos de inutilidad o culpa, pérdida de placer o interés en la mayoría de las actividades, pérdida de la concentración o cambios de apetito. Sin embargo, en muchos casos los síntomas únicamente permanecen durante unos días y pronto la madre comienza a sentirse mejor. Este pequeño periodo de depresión es conocido como depresión del tercer día o “maternity blues”, les ocurre a muchas mujeres y generalmente desaparece sin necesidad de tratamiento.

Cuando estos síntomas permanecen durante un tiempo más prolongado, podemos encontrarnos ante un episodio de depresión posparto. Es posible que además, la madre experimente incluso pensamientos de muerte o suicidio o de dañar al bebé. Estos pensamientos pueden atormentar mucho a la mujer, haciéndola sentir mala madre y provocándole mucho miedo. Aunque resultan aterradores, generalmente nunca llegan a materializarse. De todas formas, en caso de que estos pensamientos se presenten o la madre continúe sintiéndose mal, es necesario acudir a un profesional para que valore la gravedad del caso y pueda ayudar a que la madre que se sienta mejor, evitando que los síntomas puedan derivar en una depresión mayor y previniendo que la madre pueda hacerse daño a sí misma o al bebé.

Algunas pautas pueden ayudar a prevenir o a paliar estas sensaciones tan desagradables. En primer lugar, como madre, es importante que no intentes abarcarlo todo tú sola y solicites ayuda a tu pareja, familiares y amigos tanto con los cuidados del bebé como con otras tareas del hogar o incluso del trabajo. Además, es bueno compartir las emociones y pensamientos que estás experimentado, ya sea con tu pareja o tus allegados. De igual forma, hablar con otras mujeres que hayan podido pasar por lo mismo te puede ayudar a normalizar lo que te ocurre. Intenta reservar algo de tiempo para ti misma, para descansar o hacer alguna actividad que te guste.

En cualquier caso, si te preocupa cómo te estás sintiendo o los síntomas permanecen durante varias semanas, buscar ayuda psicológica será la mejor forma de ayudarte a afrontar la situación, obtener información sobre lo que te ocurre y hacerte sentir mejor. En el CPA estamos para ayudarte.

Artículo redactado por Cristina de la Fuente, terapeuta del CPA. 

miércoles, 25 de enero de 2017

Nosotros, los tuyos y los míos

Actualmente muchas parejas se separan y vuelven a rehacer sus vidas con otra persona. En algunas ocasiones en el seno de esta nueva unión pueden producirse disputas, ya que alguno de los miembros de esta nueva pareja puede generar expectativas y peticiones no realistas hacía su nuevo cónyuge. En otros casos el contacto con las ex parejas provoca en el nuevo cónyuge celos e inseguridad. Si a todo esto le sumamos la existencia de hijos de las relaciones anteriores, de uno o ambos cónyuges, todavía puede complicarse aún más la convivencia.

Fotografía: miltonhuallpa95, con licencia Creative Commons

Cabe recordar que se ha formado una nueva familia, y que cada cónyuge con sus hijos tienen unas pautas como familia distintas al otro cónyuge e hijos. Es decir, que presentan diferencias en la educación, horarios, costumbres, ocio, humor…

Es normal que pueda existir dificultad en la adaptación a la nueva situación por parte de los hijos e incluso de los cónyuges.

Puede existir la creencia irracional de que se tiene que querer a los hijos del otro,  y éstos querer al cónyuge de su padre o madre desde el primer día, por eso es necesario no forzar a que los hijos acepten desde el primer momento a la nueva pareja, como si se conocieran de siempre.

Para que estos nuevos nexos funcionen y sea posible un buen desarrollo de la nueva familia, es necesaria la aceptación, tolerancia, comprensión, comunicaciónsustituto.
or o  parejas de su progenitor como  se en que querer a los hijos del otro,  en comsustituto.
or o  parejas de su progenitor como  se en que querer a los hijos del otro,  en com y respeto mutuos.

Es necesario tener en cuenta los siguientes aspectos:
  • A veces los pequeños ven a las nuevas parejas de su progenitor como un competidor o intruso, que emerjan celos es un hecho normal. Se recomienda no forzar al menor a que lo acepte inmediatamente. Con el transcurso del tiempo puede modificar estos sentimientos en compañerismo, respeto y complicidad.
  • Esta nueva situación puede provocar dolor a los niños, ya que para ellos se reafirma que  sus padres ya no serán pareja.
  • El menor debe poder escoger cómo quiere que sea la relación con la nueva pareja de su progenitor, por eso no hay que utilizar expresiones como  “papá” o “mamá” como forma de dirigirse a la pareja de su padre/madre, ya que puede traer efectos negativos para el pequeño, ni tampoco reprenderle por llamarle por su nombre propio. Además, esto podría ocasionar dolor al otro progenitor.
  • Es apropiado discriminar los roles de cada cónyuge de la nueva familia, es decir, no coger el rol de padre o madre. Es beneficioso para el niño favorecer y reconocer la relación con el padre/madre que no vive con él. Motivo por el cual, es aconsejable que las decisiones sobre la educación, futuro de los hijos, sean aprobadas por el padre y la madre, aunque estos ya no estén juntos. Se puede lograr una fantástica relación sin la necesidad de ocupar la función de padre o madre, que además no corresponde.
  • Es aconsejable no hablar mal del padre o de la madre ausente delante del niño porque lo único que se obtiene es rencor y enfado, nunca cariño y unión.

Características de las nuevas familias:
  • Es más complicado poner los límites de la familia nueva, ya que muchos individuos de la familia no comparten parentesco sanguíneo. Por ejemplo: Puede haber tíos, abuelos, que en algunas ocasiones son denominados así, y con los cuales no comparten lazos sanguíneos, pero que se han convertido en ello.  “Probablemente los criterios de pertenencia, aparte de los sanguíneos, sean de frecuencia en el trato, familiaridad y confianza, a la vez que cariño en las relaciones” (Serrat-Valera y Larrazábal, 2008). Cuando  haya que poner límites, es recomendable que cada padre o madre se los ponga a sus hijos.
  • La planificación del tiempo libre y ocio suele ser más complejo ya que se tiene que coordinar con todos los miembros de la familia, incluso a veces, compaginar con los otros progenitores que no viven con los pequeños.

Si te surge cualquier dificultad en esta nueva situación, no dudes en consultar a un profesional. En el CPA podemos ayudarte.

Artículo redactado por Débora Navarro, terapeuta del CPA.

Referencias:
  • Serrat-Valera, C. y Larrazábal, M. (2008). ¡Adiós, corazón!. Madrid: Alianza Editorial.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Cómo informar del divorcio a los hijos

Anunciar la decisión de separación o de divorcio a los hijos no es un cometido fácil para los padres, ya que el divorcio suele ser una experiencia dolorosa para los hijos, significa la ruptura entre sus padres, la separación diaria de uno de ellos, y la creación de una nueva relación. Sin embargo, intenta ser un remedio efectivo a un conflicto ya existente antes de la ruptura, donde los hijos estaban metidos en un espacio de conflicto y enfrentamiento constante, produciéndoles ansiedad, inseguridad y enseñándoles la violencia como manera de solucionar la discordia. “El hecho de que el conflicto entre los padres tenga una influencia más destructiva y duradera sobre los hijos que la ruptura, parece indicar que la separación puede ser una opción saludable” (Serrat-Valera y Larrazábal, 2008).


Fotografía por: Débora Navarro

Algunos consejos a la hora de comunicar a los hijos
  • Informar a los hijos. Es aconsejable dar la noticia a los hijos cuando ya sea una decisión firme, nunca antes. Se recomienda con un tiempo de antelación, antes de que uno de los dos padres abandone el domicilio familiar, para que así el niño o niña pueda asimilarla. Sin embargo, si se prolonga la convivencia más tiempo puede llevar a los hijos a interpretar que los padres están juntos. La información debe de ser adecuada a la edad del niño, empleando un lenguaje claro, simple y de fácil comprensión. Es importante informar de lo que está sucediendo, pero nunca informar de los detalles más íntimos, ya que pueden desconcertar a los hijos. No es acertado considerar que el pequeño no se da cuenta de nada.
  • Explicar la decisión de la separación de forma conjunta, pero si no es posible, que los padres por separado, comuniquen la misma versión, sin culpabilizar ni ofender, y obviando dar información innecesaria y perjudicial del otro. Por ejemplo: “Tu padre tiene otra mujer”.
  • Clarificar que los padres rompen la relación de pareja, pero nunca dejarán de ser sus padres. Explicar a los hijos que aunque hayan roto como marido y mujer, ellos van a ser siempre sus padres. Que los hijos van a mantener la relación con ambos padres, con la familia y los amigos de siempre. También que el amor de los progenitores hacía sus vástagos es para siempre e incondicional.
  • Explicar a los hijos que no son la causa de la ruptura. Aunque los hijos no lo digan, pueden sentirse culpables por la ruptura de sus padres. Es beneficioso que los padres apacigüen a sus hijos y les repitan las veces que haga falta que ellos no son los responsables de la ruptura, que no han podido decir o hacer nada que llevase a los padres a tomar dicha decisión.
  • Transmitir a los hijos con quién van a vivir. Es aconsejable anticipar a los hijos qué progenitor va abandonar el domicilio familiar, y con cuál de ellos van a vivir.
  • Dar un tiempo a los hijos para expresar dudas y emociones. Que los niños perciban una comprensión, para que así puedan expresar libremente sus dudas, miedos y emociones con la nueva etapa en la que están viviendo.

Algunas sugerencias (Serrat-Valera y Larrazábal, 2008)

  • Estar atentos a las señales que indiquen que los hijos lo están pasando mal. Algunas de las reacciones que pueden manifestarse en los niños pequeños son llorar frecuentemente, problemas de sueño, retroceder en conductas ya logradas como mojar la cama, dormir con la puerta abierta. En cambio en lo adolescentes, pueden presentar irritabilidad, problemas escolares, dificultades de concentración, negarse a salir con los amigos quedándose encerrados en casa.  
  • Ser comprensivo con los hijos. Conocer sus emociones, ofreciendo todo el apoyo y compresión, así como dar la oportunidad de conversar.
  • Tratar de mantener la continuidad en el ambiente de los hijos. Se aconseja mantener la rutina de los hijos, para que padezcan los mínimos cambios posibles. Si se puede, se recomienda que estén en la misma casa, en el mismo barrio, y en la misma escuela.
  • Evitar dar a los hijos un papel que no le corresponde. En algunos casos, tras la separación, puede que los hijos maduren más rápido, e intenten dar todo su soporte a los padres, tomando para si roles que no le corresponden, como sustituto del padre o madre, o convertirse en confidente. Después al querer retornar el papel de hijo o hija, pueden surgir problemas.
  • No utilizar a los hijos como espía del otro. Es normal tener curiosidad de cómo le va al otro, pero se aconseja no dejarse llevar por ella, y utilizar a los hijos para dicho fin, ya que esto llevaría a incrementar la curiosidad en un futuro, y a tener dificultades para desengancharse emocionalmente del otro.
  • Evitar implicar a los niños en los conflictos con su ex pareja.
  • No dejar chantajearse por los hijos. Cuidado con los niños que emplean la nueva situación para sacar beneficio propio. Por ejemplo: “Mamá me deja hacer…”.
  • Evitar discutir con la ex pareja delante de los hijos.
Si te surge cualquier dificultad en esta nueva situación, no dudes en consultar a un profesional.

Artículo redactado por Débora Navarro, terapeuta del CPA.
Referencias:
-       Serrat-Valera, C. y Larrazábal, M. (2008). ¡Adiós, corazón!. Madrid: Alianza Editorial.