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domingo, 19 de noviembre de 2017

7 ERRORES QUE COMETEN LOS PACIENTES EN TERAPIA

Existe toda una serie de variables que determinan el éxito de una terapia psicológica. La variable que más peso tiene a la hora de determinar un resultado satisfactorio es la relación paciente-terapeuta (hasta un 45%). Sin embargo, no por ello los demás factores son menos importantes. Existen numerosos artículos sobre la transcendencia de la actuación del terapeuta. En cambio, el rol del paciente no ha obtenido el mismo interés por parte de los investigadores, lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta la importancia de éste.

Fotografía: Heather aka Molly, con licencia Creative Commons.

A continuación, presentamos los 7 errores más comunes que cometen los pacientes al acudir a terapia y que pueden dificultar su éxito:  

1.  Falta de motivación – se insiste mucho en el rol activo del paciente y en su compromiso con la terapia ya que, por muy buen profesional que sea el terapeuta y por mucho esfuerzo que haga, si la persona no está dispuesta a colaborar, su trabajo será en vano. El terapeuta guiará el proceso psicoterapéutico, pero será el paciente el que ponga lo aprendido en práctica, aplicando así las estrategias entrenadas durante las sesiones en su día a día. Por eso, la motivación será posiblemente la variable que más peso tenga dentro de las que dependan del paciente e influirá directa o indirectamente sobre los demás factores enumerados a continuación.

2.  No hacer las tareas – es imprescindible que la persona practique lo aprendido con su terapeuta en un contexto natural, en el que realmente aparece el problema (p.e. en su casa, con un grupo de amigos o delante de su jefe). De esta manera, consigue extrapolar lo aprendido en sesión a las situaciones que le cuesta manejar en su vida diaria. Por ello, si el paciente no hace las tareas de manera regular, los avances serán más lentos.

3.  Falta de sinceridad – la relación terapéutica es una relación muy particular y tiene un gran impacto sobre los resultados de la terapia. En ocasiones, algunos pacientes no se muestran sinceros con su terapeuta. A menudo, sobre todo si se trata de un tema socialmente “mal visto” o considerado poco ético, puede hacerlo por el temor de caer mal o ser juzgado. Sin embargo, no hay que olvidar que el terapeuta es un profesional cuyo objetivo no es realizar juicios subjetivos sobre sus pacientes sino actuar de guía en el proceso terapéutico, rol que podrá ejercer de manera mucho más eficaz si cuenta con la información necesaria y lo más veraz posible.

4.  Abandonar la terapia prematuramente – la terapia a menudo resulta ser un proceso largo y costoso, tanto a nivel económico como psicológico. Por eso, algunos pacientes deciden ponerle fin en cuanto observan alguna mejoría, suponiendo que ya han aprendido a gestionar sus problemas. No obstante, existe un efecto de “mejora espontánea” que puede aparecer incluso tras pocas sesiones y que se debe a que la persona percibe que está siendo más activa para solucionar su problema, se vuelve más consciente de los factores que generan y mantienen su malestar y experimenta un claro desahogo al poder compartir sus preocupaciones con un profesional. Sin embargo, esa sensación no significa que la demanda por la que acude a la terapia haya desaparecido. Aunque a corto plazo se encuentre mejor, es posible que todavía no cuente con las estrategias necesarias para hacer frente a las dificultades que le han llevado a buscar ayuda profesional. Es importante confiar en el criterio del terapeuta, que gracias a sus conocimientos y experiencia, sabrá indicarnos el momento oportuno para finalizar la terapia.

5.  No acudir a las sesiones de manera semanal – es un error que suelen cometer pacientes que por sus circunstancias personales tienen limitados recursos como el tiempo o el dinero. La idea es ahorrar dichos recursos acudiendo a la terapia cada 15 días o más. No obstante, la consecución de los objetivos terapéuticos no depende del tiempo (meses, años) que la persona esté en terapia sino del número de sesiones. Realizar una terapia exitosa con sesiones quincenales es posible, no obstante, existe un gran número de estudios que apoyan la eficacia de las sesiones semanales en comparación con otras modalidades.

6.   Llegar impuntual – a todos nos puede surgir un imprevisto que nos impida llegar puntual a un encuentro. No obstante, si esto pasa con frecuencia y el paciente acude a menudo tarde a sesión, se pierde parte del ya de por sí limitado tiempo con el que cuenta el terapeuta para conseguir los objetivos marcados para esa sesión. De esa manera, la terapia se prolongará más de lo necesario, además de dificultar la labor del profesional.

7. Expectativas irreales – esta variable se caracteriza por dos aspectos que podrían entorpecer el éxito de una terapia. Por un lado, en ocasiones los pacientes plantean objetivos poco realistas como cambiar el comportamiento de otra persona, u otros muy generales como “ser feliz”. Por otro lado, siguen vigentes algunos estereotipos acerca del proceso terapéutico: terapia como una charla en un diván durante la cual el profesional da consejos que funcionarán como una “varita mágica” resolviendo nuestros problemas sin que suponga hacer un esfuerzo por nuestra parte. El trabajo del terapeuta consistirá en ajustar dichas expectativas, no obstante, puede resultar beneficioso que la persona haga un trabajo autónomo previo y reflexione acerca de qué es lo que espera solucionar acudiendo a la terapia y cómo se imagina el proceso.

Si estás pensando buscar ayuda psicológica o ya estás dentro de un proceso psicoterapéutico, podría resultarte útil reflexionar sobre las cuestiones abordadas en esta entrada. De esta manera, tendrás la oportunidad de corregir los errores con los que te has sentido identificado y sacar el máximo provecho de la terapia.

Como siempre, ¡esperamos que os resulte de utilidad!

Kaja Chmielowiec - terapeuta del CPA

Bibliografía recomendada:

Santibáñez, P.M., Román, M. F., Lucero, C., Espinoza, A. E., Irribarra, D. E. y Müller, P. A. (2008). Variables Inespecíficas en Psicoterapia. Terapia psicológica, vol. 26, n° 1, 89-98. 

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