El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

lunes, 5 de octubre de 2015

¿Pienso, luego existo? ¿Existo, luego pienso?

Si te fijas por un momento en lo que pasa por tu cabeza, te darás cuenta de los pocos momentos en los que dejamos de pensar, ya sea para recordar momentos pasados, fantasear sobre posibles futuros, darle vueltas a determinados problemas, o buscar soluciones… Sea lo que sea, siempre estamos pensando. De hecho es una de las características que diferencia al ser humano de los demás animales. Esa gran capacidad nos ayuda a reaccionar ante las situaciones de forma diferente que si no pensáramos, haciéndonos únicos y con una gran arma en nuestra mano. Sin embargo, esos mismos pensamientos pueden llegar a convertirse en un problema si no los sabemos controlar bien.

Foto: Pablo Fernández, con licencia Creative Commons
Todos hemos pasado por momentos en los cuales hemos estado dándole vueltas a algo negativo o no muy adecuado, generándonos profundo malestar o preocupación. El problema de esta situación es que la mayor parte de las personas cree que eso no se puede cambiar, es decir, que nuestros pensamientos son automáticos, libres y nosotros somos meros espectadores de ellos. Pero esto NO es así.

Nuestros pensamientos SÍ se pueden controlar y modificar, ya que nosotros somos quienes los creamos. ¿No es ésa una gran noticia? Tenemos el control sobre nuestra mente, y si uno aprende a hacerlo, puede cambiar en muchos casos su forma de sentir y comportarse.

Para entender esta frase al 100% antes hay que desmitificar una segunda creencia: el poder de nuestros pensamientos.

¿En qué influye nuestra forma de pensar?

Cuando al principio comentábamos que los pensamientos son algo poderoso y hacen destacar al ser humano, es por todo lo que nos influye.

Nuestra manera de pensar modifica nuestra manera de sentirnos y, en consecuencia, de comportarnos. Muchas de las veces en que nos sentimos molestos o enfadados se debe a que llevamos un tiempo rumiando sobre ello, generando determinadas emociones y comportamientos, no siempre ideales.

Es cierto que hay situaciones en concreto que nos hacen sentir de una forma determinada (e.g.: una situación aversiva, como un despido, puede hacernos sentir mal, o enfadados) sin embargo, nuestros pensamientos tienen el poder de aumentar o disminuir esas emociones (si estamos todo el día pensando en eso y pensando en lo desgraciados que somos, entrando en el negativismo o catastrofismo, lo más probable es que nos sintamos aún peor; sin embargo, si intentamos redirigir esos pensamientos y no pensar en ello o cambiar la perspectiva de la situación, puede ayudarnos a verlo de otra forma y por tanto sentirnos diferente. Seguiremos sintiéndonos mal por ese despido, pero al final lo afrontaremos de forma distinta, actuando por ello también de diferente manera.)

¿Acaso éstas no son razones suficientes para motivarnos a querer cambiar y controlar nuestra forma de pensar? Lo que hay que saber ahora es cómo controlarlo.

¿Cómo controlar nuestros pensamientos?

Es cierto que para llegar a poseer dicha habilidad se necesita tiempo (como todas las habilidades, por ejemplo montar en bici); sin embargo, con práctica y esfuerzo podrás conseguir ser todo/a un/a experto/a en el control de tus pensamientos. Aquí van algunas claves para ayudarte a empezar con tu entrenamiento:
  • Ser consciente de que se puede modificar, y creer plenamente en ello: no hay nada como estar seguro/a de lo que uno/a hace. Esa seguridad y confianza en que tú puedes hacerlo te dará fuerzas para conseguirlo.
  • Poner máxima atención en detectar dichos pensamientos: Es muy importante (sobre todo al principio) estar muy atento/a a esos pensamientos inadecuados o disfuncionales que te están generando malestar o no te están ayudando, para poder detectarlos al principio de ese pensamiento y poder actuar sobre él, antes de que te genere una emoción inadecuada.
  • Tener claro cuáles son los pensamientos irracionales o desadaptativos que quieres combatir: cuando hablamos de controlar los pensamientos no nos referimos a vivir en un mundo irreal en el que sólo se piense en términos positivos. Se trata de frenar los pensamientos irracionales (sin validez) o desadaptativos (aunque sean reales, no nos están ayudado) que nos impiden vivir tranquilos y afrontar mejor nuestros problemas. Hay muchas guías donde explican algunos tipos de pensamientos irracionales que tenemos los seres humanos. Te puedes ayudar de esas categorías para poder detectarlos con más facilidad, aunque lo importante es que al final sepas discriminar cuando un pensamiento necesita ser descartado.
  • Una vez los tengas detectados, está en tu mano saber si debes razonar y debatirlos, o eliminarlos directamente porque ya sabes que no son ni evidentes ni te ayudan a seguir. Este último paso puede ser más complicado, especialmente cómo hacerlo de forma adecuada y eficaz. Por ello se aconseja contactar con un profesional que pueda entrenar en las estrategias más eficaces para cada caso en particular.
Recuerda, no es un trabajo fácil y requiere de mucha práctica conseguir esa habilidad, pero una vez se consigue es potentísimo. Ahora ya conoces el secreto: puedes controlar tus pensamientos.

¿A qué esperas para empezar?

Artículo redactado por Tauana Matías, terapeuta del CPA.

No hay comentarios:

Publicar un comentario