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lunes, 23 de marzo de 2015

Los niños pequeños, esos grandes maestros




Autora: Lola, con licencia creative commons
Todos nosotros hemos sido niños. Esta es una verdad incuestionable, sin embargo, parece que muchas veces cae en el olvido. ¿Por qué lo dejamos de lado, por qué nos olvidamos a veces de algo tan importante? El impacto que ejerce la cultura y la sociedad en el proceso de aprendizaje de convertirnos en adultos, "castigando" los comportamientos "infantiles", es tal que en muchas ocasiones trae consigo la inhibición de una serie de conductas adaptativas que manifestábamos de niños y que ya siendo adultos solemos emitir en menor frecuencia.

En mi experiencia con niños -tanto en consulta como fuera de ella- he podido comprobar cómo ellos mismos son verdaderos maestros, grandes modelos que nos enseñan cada día importantes lecciones a los adultos:


  • El error es parte (esencial) del aprendizaje. La mayoría de los adultos evitamos el error porque lo asociamos erróneamente a fracaso. No preguntamos, no probamos, no nos arriesgamos... por el miedo a fallar. Los niños nos enseñan una gran verdad: que no pasa absolutamente nada si tropezamos o nos caemos; nos volvemos a levantar, así de simple. Es más, detrás de todo error se esconde un gran aprendizaje. Si nunca erramos, nunca aprenderemos realmente.

  • Vive sin miedo. Algunos adultos tienden a escapar o evitar aquello que les da miedo, o incluso aquello que desconocen. Dan excesiva importancia a la posibilidad ("¿Y si...?") y se dejan dominar por ella, dejando que el miedo vaya ganando cada vez más terreno en sus vidas. Los niños se exponen a cualquier situación nueva sin miedo, sin evaluar si existen o no riesgos, sin el llamado análisis de posibilidades, motivados por la curiosidad y las ganas de descubrir cosas nuevas.

  • Actúa sin pensar en el qué dirán, pregunta todo lo que no sepas. La necesidad de aprobación hace que en muchas ocasiones no nos mostremos tal y como somos por el miedo al rechazo o a la evaluación negativa de terceros. ¿Y qué decir de la vergüenza al admitir que no sabemos algo, o al anticipar qué pensarán de nosotros si formulamos alguna pregunta que nos pudiera parecer "estúpida"? Los niños nos enseñan a actuar con naturalidad, a dejar de lado la excesiva importancia que le damos al juicio social, a admitir que es imposible saberlo todo. La mejor forma de aprender consiste en reconocer nuestros propios límites y preguntar todo aquello que desconozcamos.

  • Expresa lo que sientes. En ocasiones los adultos también inhibimos nuestras emociones por miedo al juicio social. Los niños lo tienen claro: si algo te hace daño o te entristece, llora -incluso en público-; si algo te produce alegría, ríe a carcajadas.

  • Reconoce tus logros. Muchos de nosotros minimizamos aquello que hemos hecho bien y maximizamos o engrandecemos exageradamente aquellas situaciones en las que hemos cometido algún error, por pequeño que sea. Los niños, por el contrario, están orgullosos de todo lo que consiguen, y lo comparten con los demás. Saben autorreforzarse o felicitarse cuando algo han hecho bien, aspecto esencial en el aprendizaje de conductas adaptativas.

  • Vive en el ahora, valora cada día lo que tienes alrededor. Muchas veces tendemos a conformarnos y habituarnos, a no dar importancia a lo que tenemos (hasta que lo perdemos) y, paradójicamente, la mayor parte del tiempo estamos demasiado ocupados en darle vueltas y vueltas a lo que ocurrió en el pasado o preocupándonos en exceso de aquello que podrá venir en el futuro (y que, por cierto, puede que nunca llegue a ocurrir). Los niños, por el contrario, están inmersos en el presente, se asombran de todo lo que les rodea, disfrutan de cualquier mínimo detalle, en definitiva... viven el día a día.



Es hora de reaprender. ¿Te atreves a ser niño/a otra vez?



Artículo redactado por Carolina Álvarez Ortiz (terapeuta del CPA).

Twitter: @carolina_psicol

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