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lunes, 26 de enero de 2015

Infidelidades en terapia ¿se revelan?



Foto: wajakemek | rashdanothman, con licencia creative commons
Cuando hablamos de ética en la profesión o del código deontológico, normalmente nos solemos referir a cuál es la manera correcta de hacer nuestro trabajo, pero esa manera suele ser congruente con nuestro sistema de valores. Así por ejemplo, todos intentaremos conseguir que una persona que sufre malos tratos denuncie a su agresor, tanto porque es lo propio como psicólogos como porque es lo ético según el sistema social de valores. No obstante, cuando los valores morales individuales entran en conflicto con lo que es nuestra obligación hacer como terapeutas, la respuesta a qué hacer ya no resulta tan obvia. 


Esta dicotomía se hace patente en los casos en los que un terapeuta lleva a los dos miembros de una pareja, porque la demanda así lo haya requerido, y uno de los dos nos cuenta en privado que le ha sido infiel a su pareja. Esta situación nos hace preguntarnos ¿se lo cuento a la pareja? Las respuestas que nos pueden pasar por la cabeza son diversas, y entre ellas se van a colar aquellas que surgen de nuestro propio sistema de creencias. Esto no es necesariamente algo malo siempre y cuando sepamos detectarlas. 

Ante este tipo de situaciones es importante no dejarse llevar por nuestros deseos e impulsos, no poner caras y no emitir juicios. Hay que pararse y preguntarse ¿contarlo es útil para el funcionamiento de la pareja? ¿Contárselo a la pareja sirve para acercarnos a los objetivos terapéuticos?

La respuesta a esta pregunta va a depender de muchos factores, pero insisto en que el hecho de que no nos parezca bien nunca debe estar entre ellos. El mismo hecho de que nos cuenten esto puede significar que hay que cambiar objetivos de intervención y redirigir la terapia. Así por ejemplo, si el terapeuta prevé que la infidelidad es probable que vuelva a darse, el objetivo de intervención puede cambiar, puede ser necesario contárselo a la pareja y pasar a trabajar  ruptura (o lo que se estime necesario). Sin embargo, si el terapeuta evalúa que la infidelidad ha sido algo puntual y no es probable que vuelva a repetirse, los objetivos de intervención no tienen por qué cambiar, y posiblemente revelar dicha infidelidad fuera contraproducente para su consecución. 

Por supuesto, en el caso de que haya que revelarla, lo más adecuado es que sea la propia persona que la ha cometido quien lo haga, pero si lo hace el terapeuta tiene que tener consentimiento; recordemos que lo que nos cuentan los clientes es confidencial. 

Es posible que algunos profesionales afirmaran que esta disertación puede ir en contra del principio de beneficencia del Código Deontológico, pero volvemos al mismo punto.  Asumir que hay una ética universal que afirma que “es legítimo que la persona lo sepa” simplemente porque “tiene derecho a saberlo” o porque “a mí me gustaría saberlo” muy probablemente nos llevará a una mala praxis y al abandono de los clientes.

Autora: Marta Gervás

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