El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

domingo, 6 de abril de 2014

La práctica de la relajación y la gestión emocional durante el embarazo

“La práctica de la relajación puede ser una estrategia efectiva de afrontamiento del estrés propio de la gestación, una etapa de cambios tanto físicos como emocionales que requiere adaptaciones rápidas.” Es la propuesta de Mª Benvinda Nereu Bjorn y colaboradores, en su estudio: Estrategias de relajación durante el período de gestación. Beneficios para la salud. Desde nuestro blog resaltamos los datos más relevantes de este artículo.


“La psicología de la reproducción se centra en la prevención y tratamiento de los desajustes psicológicos relacionados con el ciclo reproductivo, desde la pubertad hasta la vejez, desde la adrenarquia a la menopausia. Son muchos los momentos en los que pueden aparecer alteraciones emocionales: situaciones como el embarazo, el aborto, la infertilidad y/o el periodo posparto.

Los estados de tensión en la gestante pueden modificar el normal funcionamiento de su sistema endocrino, generando un estado hiperactivo en las glándulas tiroides y adrenales; las secreciones de dichas glándulas se dirigen al feto aumentando su ritmo cardiaco. Un ambiente uterino como el descrito no favorece la adaptación del neonato a su vida postnatal. El estrés prolongado durante el embarazo aumenta la posibilidad de un bebé con alto nivel de activación, irritable, con patrones irregulares de sueño y de alimentación, con movimientos excesivos en los intestinos, bajo peso al nacer, llanto persistente, además de una elevada necesidad de estar en brazos (Helms y Turner, 1976; Hurlock, 1985; Mussen, Conger y Kagan, 1986). Autores como Zoe (1997) o Hiscock y Wake (2001) han señalado, entre otros, que los hijos de madres depresivas muestran síntomas de depresión, constatando que la actividad cerebral de los neonatos es una imitación de los patrones cerebrales de sus madres, presentando ambos actividad cerebral en el área frontal derecha, zona de procesamiento de emociones negativas.

Las etapas habituales por las que pasa una mujer embarazada son una especie de "tiovivo" emocional, en el que los cambios se suceden con mucha rapidez. Durante el primer trimestre de embarazo la mujer puede vivir momentos de una gran fluctuación emocional, especialmente entre la sexta y la décima semana de gestación. Comienza por un primer momento de sorpresa, alegría, de expectativas positivas ante la noticia de ser madre, de la llegada de un hijo. Junto a esta emocionalidad positiva, la mujer se suele enfrentar a unos primeros tres meses que con frecuencia implican un cierto grado de malestar. Aceptar la nueva situación lleva su tiempo y son frecuentes los temores sobre la capacidad de saber afrontar la nueva situación. Se experimentan frecuentes cambios de humor de intensidad variable asociado a la aparición de algunos síntomas físicos propios de dicha etapa (mareo, vómitos, somnolencia, cambios en el apetito, etc.). De forma paralela suelen aparecer temores con respecto a la permanencia de la gestación. Hay cansancio y un cierto desinterés por cualquier otro tema que no se relacione con la gestación. La apetencia sexual suele disminuir debido al cansancio, a las molestias físicas y al miedo a dañar al feto.

Esta curva a la baja del bienestar suele recuperarse en el segundo trimestre de gestación. La mujer entra en una etapa de tranquilidad emocional debido a que los cambios hormonales se han estabilizado y la mujer gestante ha tenido tiempo de adaptarse psicológicamente a su nueva condición. Se recupera el buen estado físico, las molestias propias del primer periodo se atenúan, se realizan las primeras ecografías en las que la mujer "ve" a su hijo y se comienzan los preparativos para el recibimiento del bebé. Esta planificación se convierte en el centro de atención de la familia. La embarazada se acerca más a la pareja, experimentando de nuevo un mayor deseo sexual favorecido por un aumento de la sensibilidad. Esta adaptación repercute positivamente en la aceptación de los cambios en su actividad habitual, dado que su orden de prioridades ha cambiado. El estado de ánimo es más estable. Las preocupaciones durante este periodo se centran fundamentalmente en el peso, el cuidado del cuerpo, la normalidad del bebé, etc. Sin embargo, hay estudios que plantean que es más probable que la mujer padezca la depresión durante la fase media del embarazo (entre las semanas 18 y 32 de gestación) que en la parte final del mismo o en el posparto. Afirman que los síntomas de depresión no son tan comunes o graves después del nacimiento como durante el embarazo (Evans et al., 2001).

Esta curva ascendente vuelve a ser descendente en el tercer trimestre. El aumento del peso corporal y los cambios físicos asociados al mismo traen como consecuencia muchas molestias que no ayudan al bienestar emocional: dificultad para dormir, micción frecuente, dolores de espalda, cansancio, sensación de pesadez en las piernas, dificultades de movilidad, el pecho desarrollado y preparado para la lactancia. Estas molestias, junto a la inminencia del parto, dan entrada a distintas preocupaciones en la mujer gestante, generando aumento de ansiedad. Varios serán los focos de preocupación e incertidumbre: ¿volveré a recuperar mi cintura y mi cuerpo atractivo?, ¿irá bien el parto?, ¿nacerá sano mi hijo?, ¿seré capaz de cuidarlo?, ¿podré darle el pecho?, ¿podré reincorporarme al trabajo y cuidar de mi hijo? Cerca de la fecha del parto hay una mezcla de emociones. El tiempo pasa lento, aumenta la ansiedad por conocer al bebé, el miedo al parto y la inseguridad ante la crianza. Se incrementa la necesidad de hacer cambios en casa y dejarlo todo preparado para la llegada del bebé. También la aparición de síntomas depresivos en la parte final del embarazo se asocia con la cercanía del parto, los riesgos de una analgesia epidural, la posibilidad de una cesárea o el uso de fórceps, así como la posibilidad del ingreso del neonato a una unidad de cuidados intensivos (Chung, Lau, Yip, Chiu y Lee, 2001).

En definitiva, durante el embarazo la mujer se enfrenta a una transformación profunda en un tiempo limitado y a cambios que generan numerosas y progresivas necesidades. Es una etapa de estrés en la que las características personales determinarán un buen número de reacciones. Las mujeres con más ansiedad, neuroticismo, vulnerabilidad, depresión, autoestima baja, insatisfacción con la pareja y falta de apoyo social son quienes manifiestan mayores niveles de ansiedad relacionada con el embarazo y temor al parto (Rouhe, Salmela-Aro, Gissler, Halmesmäki y Saisto, 2011; Saisto, Salmela-Aro, Nurmi y Halmesmaki, 2001).

La preparación de la mujer a lo largo de la experiencia completa del embarazo implica la atención a un buen número de variables, no sólo biológicas sino también sociales, psicológicas y culturales, que dan lugar a la demanda de una red social que satisfaga la necesidad de apoyo para esta etapa de su vida. Desde el punto de vista psicológico es importante atender a la trasformación que las mujeres gestantes padecen con respecto a su autoestima, sentimientos de miedo, dudas, angustias, fantasías o simplemente curiosidad por saber lo que le pasa a su cuerpo. Aprender a gestionar los cambios, las emociones negativas asociadas a la incertidumbre y la novedad y a enfrentarse al periodo de embarazo con la mayor presencia de emociones positivas proporciona a la madre y al futuro hijo un escenario de mayor bienestar físico y psicológico. Autores como Deluca (1999) refuerzan la necesidad de gestionar las emociones durante el periodo de gestación, afirmando que en la adaptación de la mujer al posparto influye de forma importante la respuesta emocional durante el embarazo, su satisfacción por su finalización y la ausencia de síntomas depresivos.

La práctica de técnicas de relajación puede ser una excelente herramienta para promover la vinculación afectiva de la madre gestante con el feto, un incentivo de bienestar físico y psicológico en una interacción entre el cuerpo del bebé en el útero y el cuerpo de la madre, estableciéndose una comunicación placentera, que pueden resultar efectivas como estrategia de afrontamiento que ayude a gestionar el estrés propio de esta etapa de la vida y, por lo tanto, proporcionar una reducción de los síntomas de ansiedad y de depresión que ayude a la madre a tener una mayor confianza en sus propias habilidades."


Artículo recomendado por Elena Barrio (Terapeuta del CPA)


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