El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

lunes, 3 de marzo de 2014

Y los niños, ¿para cuándo?


El problema de la infertilidad está adquiriendo una presencia cada vez mayor en las sociedades desarrolladas.

Según la Organización Mundial de la Salud, la infertilidad afecta a más de ochenta millones de parejas en todo el mundo. O lo que es lo mismo, aproximadamente 15 de cada 100 parejas no logran la fertilidad o no pueden llevar a cabo un embarazo a término (Flores, Jenaro y Moreno, 2008; Matorras, 2011; SEF, 2011).


En cuanto a la prevalencia, en España se estima que hay entre un 10% y un 20% de tasa de infertilidad en población en edad fértil (Matorras, 2011; Moreno, 2009; Sociedad Española de Fertilidad, 2011) y se estima que de éstas, en torno a un 60% acudirán a los tratamientos de reproducción asistida (Flores et al. 2008; Matorras, 2011). Según los datos ofrecidos por la Sociedad Española de Fertilidad, en torno a 800.000 parejas en España tienen problemas para tener hijos (Sociedad Española de Fertilidad, 2011) y 30.000 parejas se someten anualmente a tratamientos de reproducción asistida, de las cuales nacen unos 7.000 niños (Llavona, 2008).

La Organización Mundial de la Salud (OMS) entiende por infertilidad la incapacidad involuntaria para la fecundación durante más de un año; en caso de prolongarse definitivamente, se denomina esterilidad, y en los intentos de fecundación no deben haberse usado métodos anticonceptivos (Martín, Muñoz, Ramis y Vicente, 2011). Es importante que el psicólogo conozca la diferencia, puesto que las parejas que acudan a consulta pueden tener distinta historias clínicas, no es lo mismo no haberse quedado nunca embarazada (esterilidad primaria), que haberlo conseguido y haber abortado (infertilidad primaria), o tener un hijo (o varios) y, o bien no conseguir un nuevo embarazo (esterilidad secundaria), o bien no llevar el embarazo a término (infertilidad secundaria) (Moreno, 2009). También es importante conocer que tener un aborto ocasional es algo normal en la historia reproductiva de la mujer (IVI, 2011).

El impacto del diagnóstico de infertilidad
La infertilidad resulta ser un problema clínico muy particular. El descubrimiento de la infertilidad supone una crisis importante en la vida de las personas implicadas (van Balen y Trimbos, 1993), puesto que, además de provocar frustración por el no cumplimiento del deseo y las expectativas de paternidad, también supone una alteración (al menos temporal) del plan de vida que se tenía trazado, y de alguna manera supone un desafío a ese proyecto.
Este descubrimiento obliga a un replanteamiento del plan de vida y a una toma de decisiones importantes sobre el mismo: seguir intentándolo por sus propios medios, renunciar a tener hijos, intentar la ayuda de la reproducción asistida, adoptar, acoger...

Respecto a la infertilidad como disfunción orgánica, puede convertirse en un problema biológico-médico mayor si la pareja desea tener un hijo biológico. Los determinantes biológicos asociados a la infertilidad se convierten en un problema cuando suponen una frustración en la aspiración para procrear. En esto influye que el deseo de la paternidad biológica está condicionado a los altos valores asociados a la procreación, una aspiración todavía considerada básica por la mayoría.

No es infrecuente que, por lo general, encontremos en las parejas con diagnóstico de infertilidad manifestaciones emocionales de:

Aislamiento social y personal: la persona infértil suele tener dificultades para explicar en su entorno sus problemas reproductivos, dado que aún existen muchos mitos y tabúes relativos a la infertilidad. En el caso de los varones, la infertilidad masculina suele tener connotaciones de falta de virilidad. En muchas ocasiones, las parejas estériles expresan su pesar ante el desconocimiento que la sociedad tiene de este problema, siendo ellos los primeros que no desean manifestarse públicamente sobre algo tan íntimo y que consideran podría tener consecuencias sociales o psicológicas sobre la posible futura descendencia.

Culpa-culpabilización: la culpa es un sentimiento muy común entre las personas infértiles. En el intento de determinar el porqué de su infertilidad, un miembro de la pareja puede pensar que sus anteriores comportamientos han podido causar el problema. Frecuentemente el miembro infértil siente que está privando a su pareja de la oportunidad de tener hijos.

Ansiedad: por anticipar negativamente los resultados del tratamiento, por tener dudas sobre sus  efectos sobre la salud tanto del propio paciente como sobre su posible descendencia, ante la adaptación al problema, ante posibilidades nunca antes planteadas como la donación de gametos, etc.

Depresión: por desbordamiento de las propias habilidades de afrontamiento ante las vicisitudes del tratamiento, como consecuencia del aislamiento social, del sentimiento de culpa, de las dificultades de pareja, etc.

Relación de pareja: la infertilidad supone una carga en la vida diaria de las parejas, afectando de alguna manera su estado emocional, social, físico, ocupacional e, incluso, intelectual. Cada miembro de la pareja puede responder de forma diferente a los aspectos emocionales de la infertilidad. Como resultado de estas diferencias, uno puede sentir resentimiento ya que el otro no está experimentando las mismas emociones y/o al mismo nivel. En ocasiones, los sentimientos de uno de los dos no llegan al otro. Cuando uno “se guarda” emociones y no las comparte, quizás con la intención de proteger al otro de sentimientos dolorosos, pueden incrementarse algunos sentimientos como son la angustia, culpa y una mayor tensión en la relación de pareja. La vida sexual de la pareja se ve en muchos casos afectada disminuyendo la calidad y frecuencia de las relaciones sexuales.

En resumen, se puede decir que los problemas de infertilidad son por sí mismos una fuente de estrés para las personas que los padecen. Sin embargo, este estrés puede ser más o menos intenso en función de una serie de factores concurrentes tanto internos como externos a los pacientes: variables de personalidad, estilos de afrontamiento, la existencia o no de patologías emocionales previas, la calidad de la vida en pareja o la red social de apoyo, por citar sólo algunas.

El impacto del proceso de reproducción asistida
Las parejas que deciden iniciar un tratamiento de reproducción asistida (TRA) suelen acudir a la consulta con un conjunto de reacciones emocionales como las que se acaban de describir. Además, frecuentemente presentan expectativas elevadas e irreales sobre la eficacia de los TRA, generadas en parte por los notables avances técnicos y médicos del momento en el que vivimos. Esta actitud favorece que se interpreten los tratamientos como la panacea para satisfacer el deseo de tener un hijo.
En los primeros momentos del diagnóstico, esta creencia ayuda a las parejas a acomodarse y adaptarse a la agresividad de los procedimientos médicos, así como a su interferencia en la vida privada y en la dinámica cotidiana.

Tomando datos concretos, se conoce que entre el 25% y el 65 % de los pacientes sometidos a TRA presentan en algún momento síntomas clínicos de cierta significación, con predominio de la ansiedad, pero se observan también en proporciones importantes síntomas de depresión, desesperanza, culpabilidad, baja autoestima, etc.

El propio tratamiento de la infertilidad tiene factores predisponentes al incremento de la sensación de falta de control por parte de los pacientes: impredicibilidad del resultado como consecuencia en muchas ocasiones de fracasos en tratamientos anteriores, cronicidad, presencia de múltiples estresores, etc. Todos estos factores incrementan el grado de amenaza percibida y disminuyen la probabilidad de acciones eficaces para afrontarla, con el correspondiente correlato de disminución de la autoestima, bajada de la sensación de autoeficacia para la resolución del problema, desesperanza y depresión.

El papel del psicólogo en la infertilidad
La atención psicológica debería estar disponible para cualquier persona o pareja que lo solicite en las Unidades de Reproducción Humana (URH) donde se realiza el estudio y tratamiento de las parejas infértiles, e incluso sería muy útil actuar con un objetivo preventivo y realizar a todas las parejas una evaluación inicial encaminada a detectar las parejas de “alto riesgo”.

La evaluación debería realizarse cuanto antes. Si el psicólogo trabaja en una URH, la evaluación psicológica debería realizarse a la par que la evaluación médica. Este primer contacto tendría por objetivo informar a los pacientes de que tanto el diagnóstico como el tratamiento de la infertilidad suponen un proceso tanto físico como psicológico, y se debería ofrecer ayuda, consejo o intervención en la globalidad del problema y desde la prevención.
Sin embargo, cuando la pareja acude a la consulta del psicólogo suele llegar en un momento en el que quizá la intervención primaria (preventiva) ha dejado paso a la secundaria (interventiva).

En todo caso, la Psicología de la Reproducción debe pretender dotar a estos pacientes de la mayor calidad de vida posible y reducir el sufrimiento psicológico que acompaña al problema, como ocurre en otros ámbitos de actuación de la Psicología de la Salud.

La propuesta de intervención psicológica en este ámbito se encaminará a exponer la ayuda necesaria en tres momentos: 
1) Fase de diagnóstico de infertilidad.
2) Fase de tratamiento con TRA.
3) Fase de repetición de tratamientos.

Fase de diagnóstico de infertilidad.
Este momento es el más adecuado para realizar una intervención preventiva centrada en el consejo y orientación psicológica, con el objetivo de reconocer y reajustar las etapas emocionales típicas que ocurren durante el proceso, desde la negación del problema hasta la aceptación de la realidad.

Una labor preventiva, antes de empezar los tratamientos de TRA, se traduce en un mejor afrontamiento y ajuste emocional durante los mismos, y facilita herramientas básicas para toma de decisiones, soporte anímico, ayuda relacional, procesos socio-afectivos con la pareja, amigos, familia, etc., y especialmente la puesta en marcha de estrategias de comunicación entre la pareja, lo que aumenta la resolución de posibles problemas que puedan aparecer.
Prevenir estados ansiosos es primordial en infertilidad y debe hacerse en la fase de diagnóstico de infertilidad (Campagne, 2008). Por ello, antes de iniciar los tratamientos de TRA es conveniente enseñar técnicas de relajación.

Otro aspecto importante en esta fase puede centrarse en informar a la familia y amigos acerca de la infertilidad, o, en caso de mujeres solas, de su decisión de acudir a las TRA. Se debe orientar hacia lo que sea lo más fácil y menos costoso emocionalmente. El consejo irá encaminado hacia la búsqueda del mayor apoyo posible ante la situación de infertilidad.

Fase de tratamiento con TRA.
Los tratamientos de TRA conllevan un proceso emocional caracterizado por distintos sentimientos que van desde la impaciencia, la confianza, la esperanza, el optimismo, la ilusión, hasta la obsesión, la desilusión y la tristeza. La labor del psicólogo deberá centrarse en promover la expresión emocional, las necesidades y los miedos, sus dificultades personales, de pareja e interpersonales, y, desde la empatía reducir la intensidad de sus vivencias emocionales y facilitar una mayor adaptación al proceso médico y psicológico del tratamiento de TRA.

La prevención de respuesta es útil en distintos momentos del tratamiento médico de la infertilidad, por ejemplo, en casos de cancelaciones de tratamiento por baja o excesiva respuesta ovárica, en cuyo caso tener previsto lo que se hará en una u otra situación será de enorme ayuda para disminuir o eliminar las fluctuaciones emocionales que pueden darse frente a eventos imprevistos. Se trata de preverlos, junto a sus soluciones, y establecer alternativas posibles.

En muchos casos, aparecerá ansiedad anticipatoria que puede ser eliminada mediante técnicas de reducción del estrés, relajación y detección de pensamientos.
También es conveniente detectar posibles pensamientos irracionales que puedan provocar sensación de malestar, baja autoestima, etc., con el fin de mantener o aumentar el autocontrol personal y social y adquirir control sobre sus cambios emocionales o físicos que puedan ocurrir durante el tratamiento de TRA.

Otro aspecto a implementar y que es de gran utilidad en las parejas infértiles es responder asertivamente a las preguntas de conocidos, amigos o familiares que desconocen el problema de su infertilidad.
Proponer la diversificación de apoyos (debido al aislamiento que provoca una disminución de apoyo social) y tratar los aspectos relacionales de pareja deben ser también objeto de las sesiones de apoyo o intervención.

También es un tema importante el mantenimiento de las relaciones sexuales de la pareja, que obligatoriamente varían en la fase intermedia de tratamiento, debido a que al realizar la inseminación (en Inseminación Artificial) o punción/transferencia (en Fecundación in Vitro y en Fecundación in Vitro con microinyección intracitoplasmática) se dan pautas concretas de los días en que deben mantener abstinencia y cuándo pueden volver a reanudar las relaciones sexuales.

En esta fase será útil prestar apoyo y asesoramiento telefónico, así como practicar la técnica de prevención de respuesta antes de llamar al laboratorio para que les informen de cuántos embriones han evolucionado positivamente. Así, se dota de recursos de afrontamiento frente a posibles malas noticias, y se prevén respuestas emocionales y conductuales ante variadas situaciones que pueden darse.

En la fase final de espera de resultados se debe acentuar el apoyo psicológico. La distracción mental y conductual a través de actividades lúdicas, contactos sociales, técnicas de detección del pensamiento o eliminación de conductas obsesivas serán de gran utilidad.
En esta fase es importante continuar con la relajación diaria y con la planificación de actividades rutinarias habituales, así como con la anticipación de respuesta y la promoción de atribuciones externas del resultado del tratamiento, puesto que las internas pueden producir sentimientos de culpabilidad, ineficacia y desvalorización.

La ausencia de embarazo es uno de los momentos más difíciles, puesto que existe una descompensación entre los esfuerzos realizados y los resultados obtenidos. Además, el deseo de un hijo no es un deseo material, sino que se halla circunscrito en diversas áreas (autorrealización personal, social, cultural, relacional o espiritual). Por tanto, será importante realizar una clarificación de valores que permita reorganizar el orden desde los principales a los secundarios y clarificar el sentido del valor personal del deseo de tener un hijo. Debe llevarse a cabo un asesoramiento emocional para superar el dolor por la “pérdida de lo invisible”.

El proceso psicológico se complica cuando han intervenido en los tratamientos de TRA gametos de donantes. En este caso, será necesario reacomodar y clarificar los valores ético-religioso-morales, así como centrar el pensamiento y las energías en conseguir el hijo que, con independencia del origen genético, seguirá siendo su hijo y de nadie más.

Establecer los límites sobre los tratamientos será asimismo imprescindible, aun cuando éstos sean flexibles y por tanto, se pueda cambiar la decisión tomada inicialmente. La previsión de cuándo finalizar y poner en marcha otra alternativa es otro de los aspectos que se ha explorado en la entrevista inicial y que se deberá elaborar durante las sesiones de consejo u orientación psicológicas.

Fase de repetición de tratamientos.
Si los clientes que acuden a consulta psicológica han realizado repetidos tratamientos de TRA sin éxito, se deberán realizar sesiones orientadas más al tratamiento que al consejo psicológico, puesto que, probablemente, ya habrán instaurado sentimientos, pensamientos y formas inadecuadas e ineficaces de afrontamiento ante las distintas situaciones experimentadas.

En esta fase aumenta la probabilidad de detectar un desajuste emocional, considerándose en este caso prioritario su tratamiento, ya que su eliminación permitirá una mejor aplicación del resto de técnicas que se han descrito anteriormente.

Es fundamental la reconstrucción de la historia de vida de la pareja, puesto que después de varios años centrados casi exclusivamente en los tratamientos de TRA, la infertilidad ha invadido prácticamente la totalidad de la vida de la pareja.

Reacomodar el deseo de un hijo será también imprescindible, y para ello deberemos conocer cuáles son los principales significados de la maternidad/paternidad.

Además, es básico conocer las motivaciones para orientar las sesiones de la terapia psicológica. La labor del psicólogo será reevaluar, recolocar, reacomodar toda la situación de infertilidad, reconvirtiéndola en un acontecimiento que permita el crecimiento de la pareja y de cada uno en particular. Será imprescindible efectuar una construcción alternativa de familia o de su concepto, así como realizar consejo terapéutico orientado a la superación del dolor o del duelo.

En resumen, según todo lo expuesto anteriormente, se pone de relieve la necesidad de la actuación del psicólogo en el campo de atención a las parejas con problemas de fertilidad. Es importante tener en cuenta que los objetivos de la intervención psicológica no se centran en la satisfacción del deseo de tener un hijo biológico, sino que debe ir dirigida a la disminución del estrés asociado a la infertilidad y su tratamiento, y a la colaboración en la consecución de la gestación.

Desde la Psicología de la Reproducción se dispone de estrategias de intervención que suponen un gran avance en la ayuda para restablecer el bienestar psicológico de las parejas con problemas de infertilidad que lo necesitan.

 Artículo de Teresa Lozano (Terapeuta del CPA)



Referencias:

Moreno Rosset, C. (Coord.) (2009). Infertilidad y reproducción asistida. Guía práctica de intervención psicológica. Pirámide: Madrid

Sociedad Española de Fertilidad (2011). Registro de la Sociedad Española de Fertilidad: Técnicas de reproducción asistida (IA y FIV/ICSI). https://www.registrosef.com/public/docs/sef2011_IAFIV.pdf

VV.AA. (2008). Infertilidad y Psicología de la Reproducción. Papeles del Psicólogo, 29(2).


Bibliografía de interés :

Campagne, D. (2008). El estrés ¿En qué momento del tratamiento médico de la infertilidad debe tratarse? Papeles del Psicólogo, 29(2): 297-204.

IVI (2011). Conocer más sobre infertilidad. http://www.ivi.es/que-es-la-infertilidad.aspx

Flores Robaina, N., Jenaro Río, C., y Moreno Rosset, C. (2008). Terapia de pareja en infertilidad. Papeles del Psicólogo, 29(2): 205-212.

Llavona, 2008. El impacto psicológico de la infertilidad. Papeles del Psicólogo, 29(2): 158-166.

Martín Jiménez. E., Muñoz Ortega, E., Ramis Vidal, L., y Vicente Mallén, O. (2011). Vivencia de la sexualidad en hombres y mujeres en tratamiento de infertilidad en el Hospital «12 de Octubre» de la Comunidad de Madrid. Matronas Profesión, 12(3): 74-81.

Matorras, R., y Crisol, L. (2011). Fertilidad e infertilidad humanas. En R. Matorras Weinig (Ed.), Libro Blanco Sociosanitario. La infertilidad en España: situación actual y perspectivas. Merck: España

van Balen, F. y Trimbos Kemper, T. (1993). Long-term infertile couples: a study of their well-being. Journal of Psychosomatic Obstetrics &. Gynecology, 14, 53-60.

7 comentarios:

  1. Enhorabuena por el artículo, esperemos que se cree conciencia de papel fundamental del psicólogo en los procesos de reproducción asistida.

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  2. Muchas gracias, Pilar.

    Precisamente por ello me parece interesante tratar este tipo de problemática, ya que creo que es un tema al que no se le ha prestado demasiada atención por el momento, y es muy importante debido al gran impacto que provoca a nivel tanto físico como psicológico.

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  3. Muy bueno el artículo! Hay muchos factores que influyen en la ansiedad de estos pacientes, y uno de ellos es el económico, puesto que la gran mayoría de parejas deben acudir a clínicas privadas que no son nada baratas. Por otro lado se añade la incertidumbre de saber si tus embriones serán buenos o no (en casos de FIV sobre todo) y la incertidumbre de la espera de la beta. Es bastante angustiosos, y psicólogos experimentados en esto harían una gran labor. Tal vez algún día, lleguen a la seguridad social, pero en cantidad!! ojalá!!
    Un saludooo

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  4. Muy buen arrículo y muy completo. Gracias por desarrollarlo y facilitar la comprensión del problema.

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  5. Totalmente de acuerdo, Irene.
    Además de todo lo que conlleva el proceso, hay que añadir el gran esfuerzo económico que supone como otro estresor a considerar.
    Por otra parte, la incertidumbre y la angustia creo que están presentes incluso en la gestación.
    Ojalá empiece a haber más conciencia social sobre la importancia de este problema. Las personas con problemas de fertilidad lo agradecerán.

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  6. Muchas gracias por leer y comentar, Gloria.

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  7. Muy bueno el articulo, enhorabuena, no se podía haber explicado mejor. Estoy totalmente de acuerdo contigo en la iniciación del psicólogo, va a ser muy importante que la pareja reciba ayuda psicológica desde el primer momento, antes incluso de empezar con ningún tratamiento, hay que pensar que la posible infertilidad de una pareja y el desconocimiento de todo lo que conlleva les puede acarrear grandes problemas psicológicos, así que no esta de mas contar con la ayuda de un profesional desde el principio. Enhorabuena otra vez.

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