El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

Los comentarios enviados por la comunidad serán sometidos a un proceso de moderación antes de ser publicados.

lunes, 24 de febrero de 2014

¿Cómo podemos prevenir un ictus?

El ictus constituye un grave problema sociosanitario en nuestro país. Las enfermedades cerebro-vasculares, además de su elevada frecuencia, son responsables de una alta mortalidad y morbilidad, condicionando la vida las personas que lo sufren y reduciendo su calidad de vida. Por ello, uno de los aspectos esenciales en el abordaje de la patología cerebro-vascular se basa en la prevención.


Un ictus es un accidente cerebro-vascular (ACV) cuya duración es superior a 24 horas. Se entiende que un ACV es un trastorno brusco del flujo sanguíneo cerebral que altera de forma transitoria o permanente la función de una región determinada del cerebro.

La incidencia del ACV se incrementa por encima de los 50 años y su mortalidad lo hace a medida que aumenta la edad.

El ictus es la primera causa de muerte entre mujeres y la primera causa de discapacidad en España. Los casos de ictus aumentan y no sólo por el envejecimiento de la población, sino también porque los estilos de vida, la alimentación y el estrés, entre otros, han cambiado.

Los expertos, sobre todo en neurología, recuerdan que un alto porcentaje de los ictus (entre un 60% y un 80%) pueden prevenirse, ya que los factores de riesgo (excepto la edad) se pueden reducir, controlar e, incluso, eliminar.

Algunas recomendaciones para prevenir los ictus son las siguientes:

  • Vigilar y controlar la tensión arterial, ya que la hipertensión es el principal factor de riesgo en la aparición de los ictus.

  • Practicar ejercicio físico regularmente, ya que favorece la limpieza de las arterias y la fortaleza del corazón.

  • Abandonar el consumo de tabaco, ya que es un factor de riesgo que afecta y, sobre todo, a jóvenes.

  • Vigilar y controlar los niveles de colesterol, ya que dicha condición favorece la aparición de obstrucciones en las arterias que riegan el cerebro.

  • Controlar el peso, ya que la obesidad se ha tendido a relacionar con el sedentarismo, el colesterol alto y la enfermedad coronaria.

  • Vigilar el nivel de azúcar, la diabetes también afecta a los vasos sanguíneos del cuerpo, lo cual es un factor de riesgo para sufrir ictus.

  • Reducir el estrés, ya que puede aumentar hasta cuatro veces la probabilidad de sufrir un ictus. Pueden utilizarse técnicas de reducción de la activación, como la relajación muscular progresiva o la respiración diafragmática.

  • Mantener un elevado estado de ánimo, ya que ayuda a reducir la tensión arterial. Pueden desempeñarse actividades agradables, a solas o en compañía.

  • Conocer las señales de alarma y saber identificarlas en uno/a mismo/, ya que puede prevenir la aparición de secuelas e, incluso, la muerte. Dichas señales son: sensación de “acorchamiento” en la mano, o pierna o en la mitad del cuerpo; balbuceo e incapacidad para hablar; percepción de que un lado de la cara se ha quedado dormido; pérdida de la visión de un lado; dolor de cabeza persistente acompañado de vómitos frecuentes.

Por último, para poder minimizar las secuelas y favorecer la recuperación, en personas que han sufrido un ictus, se recomienda aumentar la reserva cognitiva. Ello puede lograrse leyendo, aprendiendo un idioma, escribiendo, haciendo tareas con ambas manos a la vez, aprendiendo nuevas habilidades y destrezas, etc.

Artículo de Marta Ortega (Terapeuta del CPA).

No hay comentarios:

Publicar un comentario