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lunes, 17 de marzo de 2014

El mantenimiento del deseo a largo plazo

Fuente fotografía: Everystockphoto (autor: Palla)
“No se desea todo lo que se ama, ni se ama todo lo que se desea” Miguel de Cervantes

Fueron felices y comieron perdices. ¿Y ya está?, ¿no nos cuentan nada más?, queremos saber qué pasa después, ¿cómo esa pareja que, por lo general ha sufrido mucho a lo largo de la película o del cuento para conseguir a su amado o a su amada, es capaz de tener una relación duradera y gratificante?. Y sí, queremos saber más, también nos preguntamos ¿cómo serán los encuentros eróticos de esa pareja después de los primeros meses de relación?, ¿qué ocurre cuando la fase intensa del enamoramiento termina y el deseo fogoso inicial desaparece?, ¿la intimidad que se crea en las fases posteriores garantiza la satisfacción en el terreno erótico?... parece que no siempre es así.

Bien, en esto precisamente es en lo que nos vamos a centrar, ¿cómo dos personas que deciden estar en una relación de pareja pueden mantener el deseo erótico a largo plazo?, ¿qué ingredientes básicos hacen falta para cuidar de manera adecuada el deseo?


Algunas personas pensarán que poco o nada se puede hacer por esta área de la pareja porque creen que “la chispa” nunca se va a apagar y que, si lo hace, es porque así tenía que ser, rompiendo en muchos casos la relación por este motivo. Otras personas decidirán aceptar que esto ocurra y lo integrarán como un cambio más en su relación de pareja. Sin embargo, esto no tiene porqué ser así, ya que también existen parejas que ponen en marcha ciertas pautas que están en la base del mantenimiento del deseo a largo plazo.

·  En primer lugar, parece que estas parejas han desterrado el mito de la espontaneidad, es decir, han entendido que el deseo no funciona como un “interruptor” de la luz que se enciende y se apaga de repente. Estas parejas han entendido que el deseo hay que cuidarlo, que esto conlleva hacer cosas de manera premeditada e intencional y, lo más importante, que no por hacerlas de este modo tienen menos valor.

· Bajo nuestro punto de vista, han entendido además que el deseo dentro de la relación puede variar (por distintos motivos externos o internos a la pareja), y que no por ello se ha terminado. Esta variabilidad no la viven mal, precisamente, porque se saben conocedores de las herramientas que pueden reavivarlo.

· Algo fundamental que estas parejas han asumido también, es que cada uno se sabe responsable de su propio placer, por lo que, la dependencia hacia el otro en este sentido no existe, sino que, lo que hay es un deseo de compartir experiencias en las que ambos disfrutan. Cada uno sabe con qué cosas se excita, conoce su cuerpo y no espera, por tanto, que el otro o la otra “acierte” siempre y sea quien tiene que saber cómo proporcionarle placer.

Teniendo en cuenta esto, nos parece especialmente interesante la visión que aporta Esther Perel en su trabajo Mating in Captivity: unlocking erotic intelligence (Inteligencia Erótica: claves para mantener la pasión en la pareja), y que se presenta en el vídeo enlazado al final de este texto.

En él explica cómo, a través de su investigación, ha llegado a la conclusión de que en todas aquellas partes del planeta a las que ha llegado la visión romántica del amor o el Romanticismo existe, actualmente, una crisis de deseo. Y entiende que esto sucede porque las personas estamos viviendo la reconciliación de dos necesidades humanas; todo aquello que implica el amor (tener) y todo aquello que implica el sexo (querer). En su trabajo explica cómo las personas, por una parte, tenemos la necesidad de sentir seguridad y permanencia (“casa”), y por otra, aventura y riesgo (“viajar”). La dificultad surge, según la autora, cuando le pedimos todo esto a la misma persona; cuando le pedimos cosas que son, a primera vista, incompatibles.

Sin embargo, el trabajo que realiza indaga, precisamente, en intentar averiguar qué es aquello que sí hace que las personas sigan deseando eso “que ya tienen”, y las conclusiones a las que llega nos parecen realmente interesantes:

Parece que, en primer lugar, las personas encuentran más atrayente a su pareja cuando la ven haciendo algo que les apasiona, cuando la ven “radiante”. Cuando, según palabras de la autora, lo familiar, por un momento, se vuelve misterioso.

Y, en segundo lugar, parece que las personas encuentran atrayente a su pareja cuando hay novedad, cuando hay sorpresa. Y el mantenimiento de esto tiene que ver con ser capaces de decidir qué parte de nosotros mismos vamos a mostrar cada día a nuestra pareja.

Por tanto, coincidimos con la autora en concluir que lo que le ocurre actualmente a muchas parejas no es una crisis de deseo, sino una profunda crisis de imaginación. Esto se explica si se tiene en cuenta que nuestra imaginación es la que nos permite anticipar todos los componentes eróticos necesarios para mantener despierto nuestro deseo, por lo que, sin duda, la anticipación es el principal mortero del deseo. Por tanto, ser capaces de erotizar nuestra mente y anticipar escenas eróticas es la mejor manera de alimentar nuestras sensaciones de deseo, en vez de esperar a que se activen por sí solas de un modo mágico. En la medida en la que nos responsabilicemos de nuestro deseo, seremos más capaces de cuidarlo de manera adecuada.


Vídeo comentado por Marta Loriente Durán (Terapeuta del CPA).






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