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lunes, 6 de octubre de 2014

Hipocondriasis, ¿trastorno somatomorfo?

Foto: Lolita8 (https://www.flickr.com/photos/lolita8fotos/3450536719, http://creativecommons.org/licenses/by-nc-sa/2.0/)

Para poder hablar sobre la hipocondriasis primero debemos mencionar en qué consiste este trastorno. En la hipocondriasis encontramos una alteración del funcionamiento del cuerpo considerado normal pero sin ningún tipo de causa orgánica que esté produciendo dicha alteración. En los pacientes hipocondríacos puede darse un gran temor a la enfermedad, pero también hay pacientes que presentan un férrea creencia de estar ya enfermo y cerca de la muerte. Las molestias suelen ser vagas, siendo el dolor la queja más frecuente, seguida de quejas gastrointestinales y del funcionamiento cardiorrespiratorio.





            Desde que se creó el término hipocondria hasta hoy, ha habido discusiones con respecto a dónde se debe incluir dicho trastorno. Estas discusiones dependen fundamentalmente de dos cuestiones: la primera viene generada por la comorbilidad de la hipocondriasis con otros tipos de problemas; la segunda se basa más en los diferentes tipos de perfiles patológicos que se sitúan bajo esta misma etiqueta. 
            Con respecto al primer punto, aunque esté clasificado dentro de los trastornos somatomorfos, al presentarse de manera coexistente en muchos casos con problemas de ansiedad e incluso asociado a rasgos de personalidad obsesivo–compulsiva, se ha planteado categorizarlo también como un trastorno de ansiedad. Incluso ha habido autores que han hablado de un trastorno hipocondríaco de la personalidad (Tyrer et al., 1990), pero no parece suscitar mucho interés. 
           Con respecto a los diferentes perfiles patológicos que nos podemos encontrar, cabe destacar que nos encontramos con un problema con los criterios para el diagnostico de la hipocondria. Dichos criterios no hacen diferencia entre las personas que temen ponerse enfermas y aquellas que realmente creen que lo están a pesar de las pruebas médicas. En el caso de las personas que temen ponerse enfermas, podríamos incluso estar hablando de un trastorno de fobia específica, que consistiría en miedo a la enfermedad (clasificado dentro de los trastornos de ansiedad). Sin embargo, encontramos también el perfil de convencimiento de enfermedad a pesar de que las pruebas médicas pongan de manifiesto lo contrario. En este caso sí que estaríamos hablando puramente de un trastorno somatomorfo. 
Este dato es importante a la hora de planificar la intervención, por lo que ha sido ampliamente discutido, aunque aún no se ha modificado en la última edición del DSM.
Si nos enfrentamos a un caso de miedo a la enfermedad, las sugerencias terapéuticas se encaminan hacia la eliminación de las respuestas de ansiedad mediante la exposición a los estímulos evocadores y la prevención de las actuaciones “compulsivas” de alivio de la ansiedad.
Sin embargo, cuando nos encontramos ante pacientes que creen tener una enfermedad, predomina la vigilancia extrema de las sensaciones corporales. Por ello el planteamiento terapéutico va encaminado a modificar las interpretaciones erróneas y exageradas de los síntomas físicos utilizando identificación y desafío de las “evidencias”. También se suele incluir la prevención de respuesta en los casos en los que se considere oportuno.
Con esta disertación se pretende invitar al lector a que juzgue la adecuación de la descripción de este trastorno. Es importante para las personas que podemos manejar este tipo de etiquetas diagnósticas conocer sus limitaciones.


A opinión de esta profesional, las etiquetas diagnósticas no aportan mucha información sobre un caso, por lo que sería positivo que pudieran ofrecer la mayor cantidad de información posible. Por ello, considero que debería de estar especificado dentro de la descripción de esta patología el tipo de perfil al que nos vamos a enfrentar, sobre todo para facilitar la comunicación entre profesionales.

Autora: Marta Gervás Sanz (Terapeuta del CPA).

Referencias:
Fernández Rodríguez, C.; Fernández Martínez, R. (2001) Tratamientos Psicológicos Eficaces para la Hipocondría. Psicothema. Vol 13, nº3, 407 – 418.

Tyrer, P., Fowler – Dixon, R., Ferguson, B. y Kelemen, A. (1990). A plea for the diagnosis of hypochondriacal personality disorder. Journal of Psychosomatic Research. Vol 34, nº6, 637 – 642.
 

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