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lunes, 28 de abril de 2014

El humor como herramienta terapéutica

El humor es un tipo de comunicación que cuenta con una alta estima en nuestra sociedad. Sin embargo, el valor del humor como método de intervención terapéutica no comparte el mismo estatus. En vez de aplicar el humor como una herramienta, hemos dejado que su uso sea fruto del azar.


Afortunadamente, en los últimos años el uso intencionado del humor como intervención terapéutica por parte de los profesionales de la salud ha crecido considerablemente.

Antes de comentar el valor del humor como método de intervención terapéutica, vamos a definirlo de una forma más operativa: el humor es aquello que tiende a provocar la risa, la sonrisa o la sensación subjetiva de diversión. Se considera que el humor es una emoción positiva y que puede utilizarse como sinónimo de una sensación de alegría. Tiene características que la convierten en un mecanismo eficaz para afrontar las situaciones. El sentido del humor de cada persona es único: aquello que estimula el sentido del humor de una persona puede ofender a otras.  (Buxman, 1990).

El sentido del humor “involucra todo aquello que la persona hace y dice que es percibido de forma cómica y tiende a hacer reír” (Cassaretto y Martínez, 2009). Y no sólo eso, sino que involucra asimismo aquellos procesos mentales que crean y perciben los estímulos divertidos, y también la respuesta afectiva que se genera, es decir el hecho de disfrutarlos. Se considera que el humor es un concepto multidimensional que comprende cuatro componentes:

1)     un contexto social: reímos con los demás, y a veces, de los demás. Es poco frecuente que nos riamos cuando estamos solos o rodeados de desconocidos.

2)     un componente perceptual cognitivo: percibir y valorar el estímulo como divertido.

3)     una respuesta emocional: el disfrute.

4)     una expresión vocal y conductual de risa.



Beneficios del humor para la salud
Además del valor del humor como forma de afrontamiento, existe una cantidad de investigaciones científicas que han encontrado que la risa tiene unos efectos beneficiosos sobre la persona (Mora, 2010).

Con respecto a la salud física, se ha encontrado que existe un efecto de la risa como terapia preventiva o complementaria para el control de factores de riesgo y manejo de distintas enfermedades y condiciones de salud:

·         Existen múltiples beneficios en múltiples especialidades médicas: oncología, psiquiatría, rehabilitación, reumatología, alergología, dermatología, cuidados preoperatorios, etc.

·         Los periodos de risa intensa conducen a una disminución del tono muscular esquelético o relajación de grupos musculares.

·         La risa podría prevenir determinadas complicaciones microvasculares en pacientes con diabetes tipo II.

·         La risa estimula el sistema inmunitario, ya que incrementa la actividad de las células NK o “natural killers”.

·         La risa disminuye la respuesta alérgica.

·         También facilita la digestión y aumenta el peristaltismo intestinal (lo cual constituye una mejora para el estreñimiento).

·         Contribuye a reducir el dolor después de una intervención quirúrgica.
Se han descrito también un buen número de beneficios psicológicos y emocionales asociados a la risa:

·         La risa genera endorfinas, que ocupan los receptores opiáceos de las neuronas cerebrales y generan estados de placidez, de “sentirse bien”.

·         La risa centra a la persona intensamente en el momento presente, el único donde se puede experimentar la felicidad.

·         Contribuye a reducir el estrés, ya que no es posible reírse y preocuparse al mismo tiempo. Además, favorece estados emocionales positivos y disminuye el cortisol (glucocorticoide liberado como respuesta al estrés).

·         Aumenta los niveles de serotonina y dopamina en el cerebro, lo que se asocia a un efecto antidepresivo y ansiolítico.

·         Aumenta la memoria, el pensamiento creativo y la resolución de problemas.

·         Mejora la interacción interpersonal, las relaciones sociales, la atracción y la proximidad.



El humor en la psicoterapia
El humor terapéutico se define como “cualquier intervención que promueve la salud y el bienestar estimulando el descubrimiento, apreciación o expresión de lo absurdo o incongruente de la vida” (Asociación Americana de Humor Terapéutico).
Incluye las técnicas usadas por los terapeutas tanto de forma espontánea como intencional, que conducen a la mejora de la autocomprensión y la conducta de los clientes y que incluirían desde los chistes hasta la identificación de lo absurdo de las situaciones, el parafraseo, los ejemplos de pensamientos ilógicos y las exageraciones. El resultado que se obtiene típicamente es una experiencia emocional positiva compartida por terapeuta y cliente, que abarcaría desde una empatía silenciosa hasta la carcajada.
Para identificar la eficacia del humor como técnica terapéutica, se han considerado elementos clave como el momento en el que se encuentra la terapia, la opinión de los clientes sobre el uso del humor y la comodidad del terapeuta con la técnica.
  •          Momento de la terapia: el terapeuta ha de ser consciente de los momentos adecuados para el uso del humor dependiendo dónde se encuentre en la terapia y del grado de receptividad del cliente.
  •            La opinión de los clientes sobre el uso del humor: se recomienda observar las reacciones del cliente a la utilización del humor, incluyendo su habilidad para reírse de sí mismo y su reacción ante las bromas del terapeuta.
  •          Comodidad del terapeuta: ha de poseer ciertas habilidades humorísticas y ser rápido verbalmente. Su nivel de madurez parece ser el factor clave para el uso efectivo del humor, no así el número de años de práctica profesional (Killinger, 1978).

Dentro del enfoque cognitivo-conductual, Quintero (2002) recomienda el uso del humor en las siguientes técnicas:
  •         Técnicas de relajación: el sentido del humor se puede utilizar como reductor de tensiones y como inductor de sensaciones de bienestar.
  •         Imaginación: visualización de actividades que provocan humor y con ello, sensaciones de bienestar. El cliente puede imaginarse a sí mismo riendo sin parar y disfrutando de su ambiente. También, puede imaginar la solución de un problema en forma jocosa, lo que puede servir de guía a la solución final de una situación. El uso del humor puede además provocar sentimientos de control sobre esa situación y permitir trabajar cognitivamente sobre ella.
  •         Role-playing: la dramatización de situaciones en forma humorística puede permitir al cliente una nueva visión de las mismas, minimizando a su vez estados de tensión y creando lazos de comunicación entre las partes involucradas.
  •         Discusión de ideas irracionales: el sentido del humor puede ser útil para ayudar al cliente a desarrollar la capacidad de reírse de sí mismo en lugar de señalarse por errores cometidos, minimizando así el poder destructivo de dichas ideas y autocríticas.
  •          Psicoeducación: el humor puede utilizarse como vía de comunicación y facilitador de la relación terapéutica que permita la receptividad del cliente y motive la objetividad.


También Ventis (1987) describe diversos procedimientos conductuales en los cuales se puede introducir el humor, y la forma de hacerlo:

  •          Desensibilización sistemática: el humor podría ser usado de tres maneras. En primer lugar, para inducir relajación cuando la persona tiene dificultades para relajarse o no hay mucho tiempo para un entrenamiento en relajación. Puede incluirse previo al uso de la jerarquía de escenas para imaginar, incluirse en las escenas mismas, o ambas cosas. En segundo lugar, si el cliente encuentra las escenas a imaginar humorísticas, se pueden incluir parcial o completamente en toda la jerarquía de escenas, lo cual podría tener un efecto de cambio cognitivo al reinterpretar de forma diferente la situación. En este caso, el humor puede ayudar a aumentar cogniciones de autoeficacia. En tercer lugar, como una ayuda para “cruzar” a través de una escena muy ansiógena, agregando el componente humorístico a ésta.
  •          Entrenamiento en habilidades sociales: crear o enfatizar diversos aspectos humorísticos en los role-playing puede ser de ayuda en reducir los temores de las personas con problemas de asertividad. La estrategia a usar sería la exageración. Durante el ensayo conductual, el terapeuta inesperadamente exagera la reacción de la otra persona, por ejemplo actuando amenazantemente, presionando, con asombro o rechazando. El cliente puede ver entonces lo exagerado de su expectativa hasta un punto ridículo. Este procedimiento puede ayudar al cliente a focalizar y calibrar la manera en que exagera las posibles reacciones de otras personas y la probabilidad de que ocurran.
  •          Modelado: al utilizar el humor como cualquiera de las técnicas conductuales, el terapeuta está, al menos implícitamente, modelando para el cliente que el humor tiene usos constructivos y/o terapéuticos a la hora de enfocar los problemas. El terapeuta también modela transmitiendo el mensaje de que un problema puede simultáneamente ser tomado seriamente y describirlo humorísticamente.
  •          Reforzamiento: cuando un cliente es capaz de hacer bromas y reírse de asuntos personales que antes habían sido dolorosos o avergonzantes, esta reacción humorística por lo general representa un cambio significativo en la visión de sí mismo, del mundo y de sus circunstancias. El terapeuta tiene la oportunidad de reforzar el uso del humor por parte del cliente; bien sea elogiando directamente el sentido humorístico, o riéndose ante una buena expresión de humor”.


Precauciones a tener en cuenta al utilizar el humor en psicoterapia
Una técnica como el humor que es lo suficientemente poderosa como para ayudar, también lo es para perjudicar (Franzini, 2001). No podemos pasar por alto que incluso los autores defensores del uso del humor en terapia, alertan de los riesgos que un uso inadecuado del humor puede conllevar. Salameh (1987), diferencia entre “humor que ayuda” y “humor que daña”. Saper (1987) sugiere que el humor inapropiado es aquel que “humilla, desaprueba o mina la autoestima, inteligencia, o bienestar del cliente”.
Ellis (1977,1998), también alerta de los posibles peligros del humor, como que el cliente interprete una broma como un ataque hacia su persona en vez de hacia sus creencias irracionales, o que haga que la terapia parezca demasiado sencilla cuando en realidad requiere que el cliente trabaje y practique.
Como hemos visto a lo largo de esta entrada, el humor como herramienta psicoterapéutica tiene un gran valor y utilidad. Es importante contar con espacios de humor, recreación y que favorezcan estados de bienestar, sin dejar de tener en cuenta las posibles limitaciones de su uso a lo largo del proceso terapéutico, y aplicándolo de la forma correcta y en el momento adecuado.

 Artículo de Teresa Lozano (Terapeuta del CPA).


Bibliografía de interés
Buxman, K. (2004) El humor en el tratamiento de los enfermos mentales. En W. F. Fry y W. A. Salameh (Eds.). El humor y el bienestar en las intervenciones clínicas (pp. 41-61). Bilbao: Desclée de Brouwer.

Cassaretto, M. y Martínez, P. (2009). Validación de la Escala de Sentido del humor en estudiantes universitarios. Revista de Psicología, 27(2): 287-309.
Ellis, A. (1977). Fun as psychoterapy. Rational Living, 12: 2-6.

Ellis, A. (1998). Humor in behavioral and cognitive therapies. Simposium conducted at the annual meeting of the association for the Advancement of Behavior Therapy, Washington D.C.
Franzini, L.R. (2001). Humor in therapy : the case for training therapist in its uses and risks. Journal of General Psychology, 128(2): 170-193.

Fry, W. y Salameh, W. (Eds) (1987). Handbook of humor and psychoterapy: Advances in the clinical use of humor. Sarasota, FL: Professional Resources. Exchange, Inc.
Killinger, B. (1978). A phenomenological investigation of humor in psychotherapy.  Dissertation, University of Tennessee.

Mora, R. (2010). Medicina y terapia de la risa. Bilbao: Desclée de Brouwer.
Quintero, E. (2002). El humor como estrategia psicoterapéutica para el manejo de la depresión y la ansiedad.  Artículo de candidatura recuperado de http://www.humorterapeutico.com/
Saper, B. (1987). Humor in psychotherapy: Is it good or bad for the client? Professional Psychology: Research and Practice, 18: 360-367.

Ventis, W. L (1987). Humor and laughter in behavior therapyEn W.F. Fry y W.A. Salameh (Eds.). Handbook of humor and psychoterapy: Advances in the clinical use of humor (pp. 149-169). Sarasota, FL: Professional Resources. Exchange, Inc.

2 comentarios:

  1. Antes de nada felicitaros por vuestro blogs y por las entradas. Lo conocí hace unos días a través de twitter.
    Estoy convencido de que el humor es una herramienta fabulosa en determinados momentos para favorecer el proceso terapéutico. Una forma quizás de distanciamiento para el paciente de sus problemas. Pero no en el sentido de evitación, si no de cambio de perspectiva, de afrontamiento del problema utilizando otro lenguaje, otras imágenes...mi pregunta es si esta habilidad es algo "que se tiene" o algo que se puede aprender. Oímos con determinada frecuencia eso de :"este muchacho es que tiene una gracia natural". Entonces me pregunto si intentamos que un psicólogo que de "forma natural" no tiene esa gracia, introduzca el humor en terapia...podría suceder que sea forzado lo que considero espontáneo (el humor). A mi personalmente me ocurre que cuando alguién intenta hacerse el "gracioso" lo que menos me hace precisamente es gracia.

    Resumiendo: el humor es una valiosa herramienta, ¿pero puede ser utilizado por todos? ¿y cómo se aprende?

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  2. Hola, Francisco. Hemos intentado ponernos en contacto con la autora del post, pero nos ha sido imposible, así que contestaré yo en su lugar.
    Desde la perspectiva psicológica, el sentido del humor es algo perfectamente aprendible. ¿Acaso tenemos escrito en el código genético quién va a poseer esa "gracia natural" y quién no? En absoluto; no hay un gen que codifique tal cosa. Así que el sentido del humor depende del aprendizaje.
    Respecto a que suene forzado, imagínate a un actor novel. Alguien con poca experiencia puede dar sensación de incomodidad. Pero con práctica suficiente se puede llegar a ser un buen actor, alguien totalmente camaleónico que domine su comportamiento del tal manera que sea indistinguible la tristeza genuina de la impostada. Un terapeuta con la suficiente práctica puede utilizar el sentido del humor sin temor a sonar forzado.
    En definitiva, nadie nace sabiendo contar chistes, y esto es una gran noticia, ya que está al alcance de todos. Cómo conseguir tener un buen sentido del humor excede el alcance de esta respuesta, ya que entre otras cosas habría que practicar in vivo lo que se dice en teoría.
    Un saludo y muchísimas gracias por tu comentario.

    Manuel García.

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