El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 7 de febrero de 2022

¿Qué es la motivación? ¿Cómo puedo conseguirla?

En muchas ocasiones escuchamos o hemos llegado a decir “no estoy motivada/o” o “no encuentro la motivación para hacer una determinada actividad”. De manera que dejamos de realizar esas tareas, ya sean aquellas que son poco o nada placenteras como aquellas que sí que nos resultan satisfactorias por esa “pérdida de motivación”. Pero, ¿cómo conseguimos motivarnos? ¿Qué es eso de la motivación? ¿La motivación nace o se hace?

Fotografía de Pixabay

En primer lugar, es necesario especificar a qué nos referimos con “motivación”. ¿Qué es y qué no es la motivación? La motivación no es la causa del comportamiento. La motivación es cualquier operación que se lleva a cabo en nuestro contexto y que afecta al valor del reforzador, de manera que establece o anula, es decir, facilita realizar o no, determinados comportamientos.

La motivación se relaciona con nuestra historia de aprendizaje, es decir, con aquellas experiencias vividas que han resultado ser más gratificantes que otras. De manera que, recibir esas consecuencias agradables o deseables, han contribuido a que me sienta más interesada en realizar esas conductas concretas. Por lo tanto, la motivación es una conducta de interacción entre la persona y su contexto.

Por ejemplo, una persona puede mostrarse más interesada en leer sobre psicología que sobre astrología porque puede que, cuando lee en casa sobre psicología, su madre le preste atención, le pregunte por lo que ha leído e, incluso, se lo cuente a otras personas mostrándose orgullosa de ello: “¡Me encanta que mi hija se interese por la psicología! ¿Quién sabe? Igual nos ayuda en la familia”. Puede que, también, leer sobre psicología ayude a esta persona a comprender por qué se comporta como se comporta, tanto ella como el resto, lo cual le de cierta sensación de control, de manera que las consecuencias que obtiene en relación a la psicología están siendo más agradables que leer, por ejemplo, sobre astrología, la cual cada vez que se mencionaba, era obviada o acompañada de comentarios despectivos.

En el caso anterior, la persona sí realizaba la actividad que le resultaba más gratificante (leer sobre psicología) pero, ¿qué ocurre cuando quiero hacer una determinada actividad y no la hago por esa “falta de motivación”? ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo estar motivada/o?

Imagínate a Sara, ella comparte piso con otras compañeras. Cada vez que alguna de ellas le propone hacer ejercicio físico, Sara les suele decir que “no está motivada” y que prefiere quedarse en casa tranquilamente. ¿Por qué Sara responde de esta manera? ¿Por qué prefiere quedarse en casa? Es posible que Sara haya vivido una serie de experiencias en las que otras actividades (p.ej., leer o jugar a los videojuegos) hayan resultado ser más reforzantes que realizar cualquier tipo de ejercicio físico. También puede ser que Sara hubiera sido “castigada” cada vez que realizaba algún tipo de ejercicio físico (p. ej., una compañera que se burlara de su forma de correr o percibir ciertas sensaciones como el sudor, el olor o el cansancio como estímulos muy desagradables). Entonces, ¿qué puede hacer Sara? ¿Está destinada a dejar por completo la actividad física porque no encuentra esa motivación que tendría que llegarle de su interior? ¡Pues no! Recordemos que, la motivación no es algo interno, no es algo que “sale de dentro”, sino que es una conducta de interacción entre la persona y su contexto. Por lo tanto, para que Sara perciba esta motivación es importante construirla. Para ello puede resultarle útil:

  1. Antes de realizar la actividad, decirse una frase a sí misma que le ayude a iniciar la conducta que quiere llevar a cabo. P. ej., “¡A por ello Sara!” o “¡Si la motivación no viene, la construiré poniéndome a ello!”
  2. Antes de hacer la actividad, decirse un mensaje que anticipe las consecuencias agradables naturales de realizar tal conducta (p. ej.: “si hago ejercicio luego me sentiré mejor”) o las consecuencias agradables que ella se permita realizar (p. ej.: “si hago ejercicio luego me veré un capítulo de mi serie favorita”).
  3. Después de llevar a cabo la actividad, recompensarse (sobre todo al principio y si se trata de una activad que durante mucho tiempo le ha costado realizar). Para premiarse, puede:

    • Felicitarse a sí misma, de manera que reconozca y de valor a la conducta realizada. P.ej., “¡Qué orgullosa me siento de mí misma por haber hecho ejercicio!”
    • Pensar y dirigir la atención (disfrutar) hacia las consecuencias naturales agradables de la conducta realizada. P. ej.: “Qué relajada me estoy sintiendo ahora después de haber hecho ejercicio”
    • Pensar y dirigir la atención (disfrutar) hacia las consecuencias agradables de la conducta que se haya propuesto realizar después de realizar ejercicio físico. P. ej.: “Qué a gusto estoy disfrutando de mi serie favorita después de haber hecho ejercicio”.

Por último, recuerda que es importantísimo no esperar a que la motivación venga de manera mágica o a que las ganas salgan del interior. La motivación no nace, se construye. Por lo tanto, conforme Sara vaya obteniendo las consecuencias agradables que le proporcionará, en este caso, el ejercicio físico, irá aumentando la probabilidad de que emita la conducta de llevarlo a cabo. En definitiva: ¡ponte manos a la obra y hazlo!

Si quieres conocer más sobre la motivación, puede serte útil el post “Algunas claves para motivarnos” (http://psicologia-cpa.blogspot.com/2020/03/algunas-claves-para-motivarnos.html), en el que puedes encontrar algunos puntos importantes para facilitar la motivación.

Por último, si recientemente consideras que necesitas ayuda para retomar o iniciar ciertas actividades u otras conductas, en el CPA estaremos encantados/as de ayudarte.

Desiree Corral Serano – Terapeuta del CPA

 

Bibliografía recomendada:

Froxán Parga, M.X. (2020). Análisis funcional de la conducta humana.


lunes, 25 de febrero de 2019

Rompiendo el mito ¿qué me voy a encontrar cuando vaya al psicólogo?

Foto de  GotCredit con Licencia CreativeCommons


Cuando hablamos de Psicología muchas personas tienen dudas sobre a qué nos referimos. Existen prejuicios acerca de esta ciencia y la idea inicial puede estar alejada de la realidad.

La Psicología es la ciencia que se encarga de estudiar la conducta humana. Esta definición, se puede interpretar de forma incorrecta. Generalmente equiparamos conducta con “aquellas cosas que una persona hace”. Sin embargo, para un psicólogo/a la conducta es mucho, muchísimo, más. El comportamiento solo se puede entender como una interacción, y esta interacción no incluye solo la relación con los aspectos externos, fuera de la piel, como si esta fuese una barrera entre el individuo y el mundo. Cuando un psicólogo/a habla de conducta también está teniendo en cuenta lo interno, tanto las sensaciones físicas, las emociones y sentimientos, como los pensamientos. Además, no podemos hacer una separación entre cuerpo y mente. El ser humano es un todo, por ejemplo, no podemos separar con un cuchillo el proceso de digestión y el placer de comer, van unidos. 

Cuando una persona aparece en consulta con un problema psicológico, el psicólogo/a entiende que esta persona valora su comportamiento como “poco adaptativo” para su vida. Es decir, esa persona tiene conductas que son ineficaces a la hora de enfrentarse a los retos de su vida. El/la  profesional se encargará de evaluar qué ocurre y por qué se mantiene la problemática, considerando que el problema no es algo inherente a la persona. Es decir,  no va a colocar el problema dentro de uno mismo. De este modo, si una persona sufre ansiedad, la ansiedad no está en el individuo como un ente inamovible, como quien tiene un corazón o dos pulmones, ni es una etiqueta del individuo como quien es alto o moreno. La ansiedad serán una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que le están impidiendo relacionarse con su medio como desea.  

El/la profesional de la psicología tampoco considerará la ansiedad como una enfermedad. Cuando decimos que una persona está enferma de tuberculosis se debe a que está contagiada con la bacteria que causa la tuberculosis y cursa con síntomas como tos, dolor en el pecho, fiebre, dificultad respiratoria, etc. Esta persona debe tomar antibióticos, aunque desaparezcan los síntomas, hasta que ha logrado acabar con todas las bacterias que le han invadido. Los problemas psicológicos NO funcionan así. Volviendo a la persona que solicita ayuda por ansiedad. Entre sus síntomas se evalúa que presenta taquicardia, sudoración, pensamientos negativos sobre su “torpeza” social y, además, evita reuniones de amigos donde haya gente nueva. En el momento que se enfrente a las situaciones problemáticas y desaparece esta sintomatología diremos que ha aprendido conductas más adaptativa. Así, la Psicología no busca la “bacteria” de la ansiedad. Por el contrario, pretende conocer qué factores de la interacción individuo-medio explican los síntomas y proporcionar las herramientas necesarias para que la persona pueda modificar su comportamiento por otro que le resulte más adecuado. 

¿Cómo puede la Psicología ayudar a resolver problemas?
Los psicólogos aplican los modelos generales que su ciencia ha desarrollado sobre aprendizaje (y desaprendizaje) de comportamientos. Además los ajustan al caso particular que solicita psicoterapia. Para ello, un psicólogo/a necesita conocer en profundidad todas las variables del problema de la persona en consulta. Durante las primeras sesiones, la base de la interacción será una entrevista, permitiendo al/a la profesional elaborar una descripción funcional muy detallada de la demanda. En este proceso será muy importante la colaboración de la persona que busca ayuda. El objetivo final será tener una explicación del porqué ocurren los comportamientos desadaptativos y elaborar un plan de tratamiento para modificarlos.

Una vez que el psicólogo/a entiende qué ocurre, por qué ocurre y cuales es el mantenimiento del problema, hará participe a la persona,  explicando la situación para poder comenzar el proceso de intervención.

Lo fundamental en la intervención psicológica es que la persona que acude a consulta sea agente del cambio. Una vez consensuado el plan de tratamiento entre la persona que demanda terapia y el psicólogo/a, será la propia persona quien lo lleve a cabo con ayuda de su psicólogo/a, que le irá guiando en todo momento, entrenándole en técnicas empíricamente validadas. Es cierto que este proceso a veces dará miedo. Requiere esfuerzo y caminar lejos de la zona de confort. A raíz de un trabajo personal, se adquieren las herramientas para enfrentarse no solo al problema específico, sino a muchos otros problemas diarios, generalizando así el aprendizaje adquirido a lo largo del proceso terapéutico. Esto se debe a que, afortunadamente, los seres humanos tienen una gran capacidad de generalizar los aprendizajes. 

De este modo cuando vayamos a un psicólogo/a, vamos a encontrar a un/a profesional que va a ofrecernos todo sus conocimientos teóricos y técnicos sobre psicológica. El psicólogo/a nos acompañará en el proceso de aprendizaje de comportamientos adaptativos, pero en última instancia el poder de cambio reside en nosotros mismos y es que nosotros somos la mejor herramienta que existe. 

Naiara Matesanz– Terapeuta del CPA
Referencias bibliográficas
Froján, M.X. y Santacreu, J (2008) Qué es un tratamiento Psicológico. Biblioteca Nueva. Madrid.




 

martes, 13 de febrero de 2018

CÓMO ANIMAR A UN FAMILIAR O AMIGO A IR AL PSICÓLOGO

A pesar de que la imagen de la psicología en España ha evolucionado notablemente, lo cierto es que en buena parte de la población aún perdura la convicción de que ir al psicólogo “es para personas débiles” o “únicamente para personas con una psicopatología grave”; y, por tanto, continúa mostrándose reticente a la hora de iniciar una terapia psicológica. En estos casos, los familiares y amigos que conviven con estas personas suelen preguntarse “¿Qué puedo hacer para que mi familiar/ amigo acuda al psicólogo?”.

 Fotografía: Min An, con licencia Creative Commons

v  En primer lugar, sería conveniente que las personas encargadas de hablar con nuestro familiar o amigo fuesen aquéllas con las que tuviese más confianza; cuántas menos mejor (preferiblemente, una o dos) para evitar que la persona pueda sentirse incómoda e intimidada.
v  Elegir el momento y el lugar adecuado para proponerle la opción de acudir al psicólogo. Así pues, en primer lugar, es recomendable evaluar el estado anímico de la persona para averiguar si es una buena ocasión para iniciar dicha conversación. A través de la observación de su lenguaje no verbal (expresión facial, postura corporal, etc.) o mediante preguntas tales como “¿Cómo te encuentras hoy?” o “¿Te sientes hoy lo suficientemente bien como para que hablemos un rato?” podremos valorar si es un buen momento para abordar el tema.
Con respecto al lugar más apropiado, resulta adecuado evitar hablar en reuniones familiares o lugares concurridos y procurar mantener dicha conversación en un ambiente doméstico.
v  Exponer lo que queremos de manera clara y directa (evitando ambigüedades e insinuaciones) para facilitar que la otra persona nos entienda y reducir las posibilidades de que nuestro mensaje sea ignorado o malinterpretado, con un volumen de voz adecuado y un tono de voz amable y moderado.
v  Emplear frases tales como Te noto diferente últimamente, ¿va todo bien? para iniciar la conversación. También podemos hacer referencia a cómo esta situación nos está haciendo sentir, empleando expresiones en primera persona del tipo “Yo me siento…” en lugar de “Tú me haces sentir…”.
v  Escuchar las razones por las que nuestro familiar o amigo no desea acudir al psicólogo y, en el caso de que sus argumentos se basen en creencias erróneas acerca de esta disciplina, intentar ajustarlas a la realidad.
Algunas de las razones más comúnmente empleadas para no ir al psicólogo, basadas en ideas preconcebidas sobre esta profesión, son las siguientes:

CREENCIA ERRÓNEA
    ¿CÓMO PODEMOS AJUSTARLA?
Lo único que hace el psicólogo es escuchar, para eso ya tengo a mis amigos

Mientras que un amigo es aquella persona que nos da consejos, que comparte nuestro punto de vista sobre las dificultades que nos están generando malestar y nos dice qué haría en dicha situación, un psicólogo es un profesional imparcial capacitado, no únicamente para escuchar, sino para proporcionarnos las estrategias con las que solventar dichas dificultades. Es importante recordar que por el mero hecho de hablar de nuestras dificultades, éstas no se solucionarán.

Me da vergüenza contar mis intimidades a un desconocido


Dicha creencia suele llevar aparejada otros pensamientos del tipo “Me juzgará”, “Pensará que soy…”, etc. Así pues, un psicólogo no nos juzgará ni criticará, sino que nos permitirá expresar nuestros pensamientos y sentimientos libremente.
Yo no estoy loco
El psicólogo es un profesional que no únicamente atiende psicopatologías o problemas mentales graves sino también dificultades de la vida diaria.

Si acudo al psicólogo significará que soy débil

Acudir al psicólogo no es un signo de debilidad sino una muestra de que estamos dispuestos a esforzarnos para encontrar una solución a nuestros problemas. Todas las personas pueden encontrarse con circunstancias que no son capaces de gestionar, y aprender estrategias más adecuadas para afrontarlas nos hará más fuertes ante futuras dificultades.

v  Ejemplificar nuestro discurso con la experiencia de una persona que, ante la presencia de determinadas dificultades, decidió acudir a un psicólogo.
v  Ayudarle en el proceso de búsqueda de un psicólogo y concertar una cita, aunque finalmente será la persona la encargada de decidir si finalmente acudirá o no, en qué zona, a qué profesional y cuándo.
v  Ofrecernos a acompañarle a su primera sesión.

Ante el rechazo de nuestro familiar o amigo de acudir al psicólogo:
v  Proponerle que acuda a un número determinado de sesiones (por ejemplo, a cuatro sesiones), con el propósito de favorecer que la persona forme una imagen más acertada acerca de la figura del psicólogo. Si tras acudir a este número de sesiones acordadas entre ambos la persona aún se mostrase reticente, tendría libertad para dejar la terapia si así lo desea.
v  Es importante no obligarle ni llevarle engañado/a.
v  Si estas pautas no surten efecto puede ser recomendable retomar la conversación en otro momento (teniendo en cuenta las recomendaciones anteriormente descritas). Es comprensible que a la persona le cueste cambiar su punto de vista por lo que darle un tiempo para pensarlo puede ayudar.

Por último, y como de costumbre, nos gustaría saber vuestra opinión al respecto: ¿En alguna ocasión habéis empleado alguna de estas estrategias para animar a un amigo o familiar a ir a terapia? ¿Os han resultado eficaces? ¡Os esperamos en los comentarios! 


Fotografía: John Paul Tyrone Fernández, con licencia Creative Commons

Irene Álvarez Ossorio – Terapeuta del CPA

Referencias bibliográficas:
-       Erro, J. (2016). Saldremos de ésta. Guía de salud mental para el entorno de la persona en crisis. Biblioteca Social Hermanos Quero: Granada. 
-       
Roca, E. (2014). Como mejorar tus habilidades sociales. ACDE Ediciones: Valencia.

domingo, 19 de noviembre de 2017

7 ERRORES QUE COMETEN LOS PACIENTES EN TERAPIA

Existe toda una serie de variables que determinan el éxito de una terapia psicológica. La variable que más peso tiene a la hora de determinar un resultado satisfactorio es la relación paciente-terapeuta (hasta un 45%). Sin embargo, no por ello los demás factores son menos importantes. Existen numerosos artículos sobre la transcendencia de la actuación del terapeuta. En cambio, el rol del paciente no ha obtenido el mismo interés por parte de los investigadores, lo cual resulta sorprendente teniendo en cuenta la importancia de éste.

Fotografía: Heather aka Molly, con licencia Creative Commons.

A continuación, presentamos los 7 errores más comunes que cometen los pacientes al acudir a terapia y que pueden dificultar su éxito:  

1.  Falta de motivación – se insiste mucho en el rol activo del paciente y en su compromiso con la terapia ya que, por muy buen profesional que sea el terapeuta y por mucho esfuerzo que haga, si la persona no está dispuesta a colaborar, su trabajo será en vano. El terapeuta guiará el proceso psicoterapéutico, pero será el paciente el que ponga lo aprendido en práctica, aplicando así las estrategias entrenadas durante las sesiones en su día a día. Por eso, la motivación será posiblemente la variable que más peso tenga dentro de las que dependan del paciente e influirá directa o indirectamente sobre los demás factores enumerados a continuación.

2.  No hacer las tareas – es imprescindible que la persona practique lo aprendido con su terapeuta en un contexto natural, en el que realmente aparece el problema (p.e. en su casa, con un grupo de amigos o delante de su jefe). De esta manera, consigue extrapolar lo aprendido en sesión a las situaciones que le cuesta manejar en su vida diaria. Por ello, si el paciente no hace las tareas de manera regular, los avances serán más lentos.

3.  Falta de sinceridad – la relación terapéutica es una relación muy particular y tiene un gran impacto sobre los resultados de la terapia. En ocasiones, algunos pacientes no se muestran sinceros con su terapeuta. A menudo, sobre todo si se trata de un tema socialmente “mal visto” o considerado poco ético, puede hacerlo por el temor de caer mal o ser juzgado. Sin embargo, no hay que olvidar que el terapeuta es un profesional cuyo objetivo no es realizar juicios subjetivos sobre sus pacientes sino actuar de guía en el proceso terapéutico, rol que podrá ejercer de manera mucho más eficaz si cuenta con la información necesaria y lo más veraz posible.

4.  Abandonar la terapia prematuramente – la terapia a menudo resulta ser un proceso largo y costoso, tanto a nivel económico como psicológico. Por eso, algunos pacientes deciden ponerle fin en cuanto observan alguna mejoría, suponiendo que ya han aprendido a gestionar sus problemas. No obstante, existe un efecto de “mejora espontánea” que puede aparecer incluso tras pocas sesiones y que se debe a que la persona percibe que está siendo más activa para solucionar su problema, se vuelve más consciente de los factores que generan y mantienen su malestar y experimenta un claro desahogo al poder compartir sus preocupaciones con un profesional. Sin embargo, esa sensación no significa que la demanda por la que acude a la terapia haya desaparecido. Aunque a corto plazo se encuentre mejor, es posible que todavía no cuente con las estrategias necesarias para hacer frente a las dificultades que le han llevado a buscar ayuda profesional. Es importante confiar en el criterio del terapeuta, que gracias a sus conocimientos y experiencia, sabrá indicarnos el momento oportuno para finalizar la terapia.

5.  No acudir a las sesiones de manera semanal – es un error que suelen cometer pacientes que por sus circunstancias personales tienen limitados recursos como el tiempo o el dinero. La idea es ahorrar dichos recursos acudiendo a la terapia cada 15 días o más. No obstante, la consecución de los objetivos terapéuticos no depende del tiempo (meses, años) que la persona esté en terapia sino del número de sesiones. Realizar una terapia exitosa con sesiones quincenales es posible, no obstante, existe un gran número de estudios que apoyan la eficacia de las sesiones semanales en comparación con otras modalidades.

6.   Llegar impuntual – a todos nos puede surgir un imprevisto que nos impida llegar puntual a un encuentro. No obstante, si esto pasa con frecuencia y el paciente acude a menudo tarde a sesión, se pierde parte del ya de por sí limitado tiempo con el que cuenta el terapeuta para conseguir los objetivos marcados para esa sesión. De esa manera, la terapia se prolongará más de lo necesario, además de dificultar la labor del profesional.

7. Expectativas irreales – esta variable se caracteriza por dos aspectos que podrían entorpecer el éxito de una terapia. Por un lado, en ocasiones los pacientes plantean objetivos poco realistas como cambiar el comportamiento de otra persona, u otros muy generales como “ser feliz”. Por otro lado, siguen vigentes algunos estereotipos acerca del proceso terapéutico: terapia como una charla en un diván durante la cual el profesional da consejos que funcionarán como una “varita mágica” resolviendo nuestros problemas sin que suponga hacer un esfuerzo por nuestra parte. El trabajo del terapeuta consistirá en ajustar dichas expectativas, no obstante, puede resultar beneficioso que la persona haga un trabajo autónomo previo y reflexione acerca de qué es lo que espera solucionar acudiendo a la terapia y cómo se imagina el proceso.

Si estás pensando buscar ayuda psicológica o ya estás dentro de un proceso psicoterapéutico, podría resultarte útil reflexionar sobre las cuestiones abordadas en esta entrada. De esta manera, tendrás la oportunidad de corregir los errores con los que te has sentido identificado y sacar el máximo provecho de la terapia.

Como siempre, ¡esperamos que os resulte de utilidad!

Kaja Chmielowiec - terapeuta del CPA

Bibliografía recomendada:

Santibáñez, P.M., Román, M. F., Lucero, C., Espinoza, A. E., Irribarra, D. E. y Müller, P. A. (2008). Variables Inespecíficas en Psicoterapia. Terapia psicológica, vol. 26, n° 1, 89-98. 

miércoles, 11 de enero de 2017

Qué es la Unidad Clínica del CPA-UAM

Desde el Centro de Psicología Aplicada de la UAM hemos querido dar a conocer en esta nueva entrada la labor que realizamos día a día en la Unidad Clínica. Para ello hemos realizado el vídeo que adjuntamos a continuación. 

Esperamos que os guste y, sobre todo, que resuelva posibles dudas sobre nuestro trabajo:



Equipo CPA-UAM

lunes, 9 de noviembre de 2015

6 COSAS QUE DEBEMOS SABER ANTES DE ACUDIR A UN PSICÓLOGO

En Internet, al igual que en los libros podemos encontrar cientos de blogs o artículos donde nos explican qué hace un/a psicólogo/a o en cómo te puede ayudar, pero hay muy pocos sitios donde nos cuenten la información que necesitamos  saber antes de ir a uno/a.

Este es el objetivo de esta entrada, conocer las 6 claves que deberíamos saber antes de acudir a un/a psicólogo/a.

Imagen: Marco Bellucci, con licencia Creative Commons

Qué debemos saber antes de ir a terapia:

1.       Los problemas son aprendidos: Esto quiere decir que no nacemos con ellos y por tanto no estamos “destinados” a mantenerlos de por vida. Nuestra forma de pensar, sentir y comportarnos se explica a partir de unos principios de aprendizaje, y a partir de esos mismos principios podemos cambiarla. Ahora os preguntaréis, ¿pero, qué es un problema psicológico, o cuándo sé que tengo un problema de este tipo? En psicología, creemos que una persona tiene un problema psicológico o debería acudir a un/a psicólogo/a, cuando su forma de comportarse,  pensar, sentir, o el conjunto de éstas le está causando problemas y no le deja vivir cómo le gustaría, repercutiendo por tanto en su vida.

2.       Sinceridad ante todo: Muchas personas vienen a terapia con miedo a que el/la psicólogo/a les juzgue o cuente sus problemas a otras personas. Esos miedos no son reales, ya que un/a terapeuta está obligado a mantener confidencialidad ante toda información que recibe, y no solo eso, sino que su único interés es ayudar a la persona que viene a consulta. El problema de las personas que vienen con ese miedo es que no cuentan toda la información que el/la terapeuta necesita o incluso mienten en algunos temas. Todo eso juega en vuestra contra, ya que la terapia se realiza a partir de la información que vosotros aportáis, haciendo el tratamiento ineficaz o más lento si dais datos falsos o incompletos.