Esta frase es una de las
más repetidas ante la situación de intento fallido de querer dormir. Se trata
de un pensamiento que, lejos de ayudar, dificulta la tan ansiada conciliación
del sueño.
La 1…las 2…las 3… ¿A
quién no le ha pasado, estar en la cama, cerrar los ojos, intentar dormir y no
conseguirlo? Peor aún, ¿Qué ocurre cuando además del malestar que ya de por sí
genera esta situación se añade la preocupación por anticipar el cansancio
acumulado? Lo más probable es que tu nivel de malestar aumente y resulte
todavía más complicado conseguir dormir.
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| Imagen: malavoda, con licencia Creative Commons |
El insomnio es la
dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la no consecución de un sueño
reparador durante al menos un mes. Se trata de la queja más habitual en lo que
al sueño se refiere, es más habitual a medida que aumenta la edad y suele darse
en mayor medida en mujeres.
Existe la creencia
popular de que se debe dormir al menos 8 horas para sentir recuperación física
en el momento de despertar. Esta creencia se basa en que el patrón de sueño más
frecuente en la población suele oscilar entre 6 horas y media y 9 horas, por lo
que se trata de un promedio y no de un criterio estrictamente clínico. La
cantidad necesaria de descanso depende de factores del organismo, del ambiente
y del comportamiento, por lo que no todos necesitamos dormir las mismas horas.
También se tiende a considerar
insomnio únicamente a la situación concreta del momento en que nos disponemos a
dormir, pero ¿y si eres capaz de conciliarlo pero despiertas a mitad de la
noche y es en ese momento cuando aparecen episodios de desvelos? ¿Y si te
despiertas muy temprano por la mañana y no consigues volver a dormir? ¿Es
insomnio? Efectivamente, estas situaciones pueden considerarse insomnio, aunque
en ambos casos serían más una cuestión de incapacidad para mantener el sueño
que de conciliarlo.



