El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 2 de noviembre de 2015

¡Tan tarde y yo sin dormir!

Esta frase es una de las más repetidas ante la situación de intento fallido de querer dormir. Se trata de un pensamiento que, lejos de ayudar, dificulta la tan ansiada conciliación del sueño.

La 1…las 2…las 3… ¿A quién no le ha pasado, estar en la cama, cerrar los ojos, intentar dormir y no conseguirlo? Peor aún, ¿Qué ocurre cuando además del malestar que ya de por sí genera esta situación se añade la preocupación por anticipar el cansancio acumulado? Lo más probable es que tu nivel de malestar aumente y resulte todavía más complicado conseguir dormir.

Imagen: malavoda, con licencia Creative Commons
El insomnio es la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la no consecución de un sueño reparador durante al menos un mes. Se trata de la queja más habitual en lo que al sueño se refiere, es más habitual a medida que aumenta la edad y suele darse en mayor medida en mujeres.

Existe la creencia popular de que se debe dormir al menos 8 horas para sentir recuperación física en el momento de despertar. Esta creencia se basa en que el patrón de sueño más frecuente en la población suele oscilar entre 6 horas y media y 9 horas, por lo que se trata de un promedio y no de un criterio estrictamente clínico. La cantidad necesaria de descanso depende de factores del organismo, del ambiente y del comportamiento, por lo que no todos necesitamos dormir las mismas horas.

También se tiende a considerar insomnio únicamente a la situación concreta del momento en que nos disponemos a dormir, pero ¿y si eres capaz de conciliarlo pero despiertas a mitad de la noche y es en ese momento cuando aparecen episodios de desvelos? ¿Y si te despiertas muy temprano por la mañana y no consigues volver a dormir? ¿Es insomnio? Efectivamente, estas situaciones pueden considerarse insomnio, aunque en ambos casos serían más una cuestión de incapacidad para mantener el sueño que de conciliarlo.

lunes, 9 de febrero de 2015

¿Por qué soñamos?



Imagina que tu cerebro es una lavadora. A lo largo del día vas metiendo en ella ropa que acabas de adquirir (los estímulos que percibes) y otras prendas (recuerdos) del mismo color (asociadas) que tenías en el armario (tu memoria). Llega el momento de acostarse y como te caen mal tus vecinos, la pones en funcionamiento hasta el día siguiente. Su programa es muy particular: cada cierto tiempo (en la fase REM del sueño) se activa una cámara que trata de registrar y dar sentido a ese revoltijo de ideas e imágenes inconexas. Si te despiertas en ese momento y tratas de ver lo que se acaba de grabar, sabrás qué has soñado esa noche. De lo contrario se borrará para siempre.

Con esta metáfora trato de ilustrar, grosso modo, cómo funciona el mecanismo que hay detrás de un fenómeno tan llamativo como son las ensoñaciones. La fascinación que producen da para muchos interrogantes, así que trataré de responder a los que un psicólogo clínico se suele encontrar con más frecuencia.

lunes, 19 de mayo de 2014

Dormir no es un juego de niños

El profesor de neurociencia en la Universidad de Oxford Russell Foster ofreció una charla bajo el título “¿Por qué dormimos?” en la que reflexiona sobre la importancia capital de una actividad en la que invertimos de media el 36 por ciento de nuestra vida, o lo que es lo mismo, unos 32 años de una persona que alcanzase la edad de 90.

Una necesidad vital de la que, sin embargo, muchos reniegan en esta sociedad frenética en la que no se puede perder un solo minuto. En tiempos pretéritos eran ejemplo de ello Thomas Edisson, quien llegó a decir que “el sueño es una pérdida criminal de tiempo y una herencia de nuestro pasado cavernícola” o Margaret Tatcher, que aseveró que “el sueño es para los débiles”.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Falta de sueño y ansiedad ante los exámenes



Dormir poco la noche de antes de un examen es una práctica común. La noche de antes suele ser aprovechada para estudiar aquello que hemos dejado para el final, confiando en que es una buena técnica para superar el examen con éxito. Pero dormir poco o incluso no dormir, puede traernos efectos indeseados.