El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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domingo, 8 de octubre de 2017

¿Por qué no duermo bien? Mitos, malos hábitos y recomendaciones para lograr un buen descanso

Fotografía: Antonio Calero, con licencia Creative Commons

Usar el móvil antes de dormir, mirar el reloj continuamente cuando no consigues conciliar el sueño, quedarte en vela en la cama… ¿Te resulta familiar? Es posible que estos y otros hábitos estén afectando a la calidad de tu descanso.

¿Por qué es necesario cuidar nuestra higiene del sueño?

Cuando dormimos correctamente nos sentimos con más energía, somos más productivos y nos encontramos de mejor humor. Sin embargo, hay multitud de factores que pueden poner en riesgo unos hábitos saludables de descanso.

Esta semana queremos hablar sobre unos hábitos de sueño inadecuados muy habituales, así como sobre algunas alternativas sencillas a los mismos para que puedas sacarle el máximo partido a tus horas de descanso.

  • 1    Mirar el reloj y anticipar consecuencias negativas para el día siguiente
Cuando nos cuesta conciliar el sueño, es habitual que miremos el reloj, calculemos el tiempo que nos queda hasta despertar y pensemos en lo cansados que vamos a estar al día siguiente. ¿Te suena? ¿Por qué esto no es recomendable? Resulta que todas estas actuaciones aumentan nuestros niveles de ansiedad y malestar, que son incompatibles con la conciliación del sueño. En resumen, haciendo esto únicamente nos alejamos de nuestra ansiada meta.

Alternativa: ¿Qué podemos hacer? Lo primero de todo, pensar en otras cosas. Es mejor pensar en elementos agradables y relajantes, para que nuestro nerviosismo disminuya.
También puedes optar por darle la vuelta a tu despertador, para evitar las tentaciones de mirarlo continuamente.

Tal vez te ayude saber que las consecuencias que anticipamos de no dormir nos parecen más graves de lo que finalmente son si no lo conseguimos. Piensa en algún día en el que no hayas dormido muchas horas: ¿recuerdas si a pesar de ello fuiste capaz de hacer las actividades del día?, ¿coindice lo que realmente ocurrió con lo que pensabas la noche anterior acerca de tu rendimiento? De este modo, cuando tomamos conciencia de que las consecuencias de no dormir mucho una noche no son tan graves como anticipamos, se disminuye el miedo a ser incapaz de descansar y se facilita la conciliación del sueño.

  • 2      Usar el móvil o ver la televisión antes de dormir
Este tipo de actividades pueden activarnos, especialmente si son de contenido estresante (discutir por WhatsApp, ver una película de acción…). Asimismo, hay estudios que apuntan a que la frecuencia cromática de los dispositivos electrónicos podría excitarnos.

Alternativa: Lo idóneo es hacer actividades más relajadas antes de dormir, como leer un libro o escuchar música agradable.
Si necesitas utilizar el móvil u otro dispositivo, muchos ya incorporan un filtro para la luz que mencionábamos antes (modo noche, filtro de luz azul, etc.).

  • 3      Quedarse en la cama para conseguir dormirse
¿No consigues dormir y llevas horas en la cama? Parece que al quedarnos ahí conseguiremos no espabilarnos. El problema es que si se hace a menudo se puede terminar asociando la cama con el estado de vigilia y la ansiedad por no conciliar el sueño.

Alternativa: Si ya llevas 10 minutos sin poder dormir, lo mejor es que salgas de la habitación y hagas alguna actividad muy aburrida. Cuando te entre el sueño, vuelve a acostarte.
En línea con lo anterior, para evitar asociar tu cama con estados de activación, es recomendable que la reserves exclusivamente para dormir (por ejemplo, no estudies en ella).

  • 4      Cinco minutitos más
Estás durmiendo plácidamente, suena la alarma y la pospones reiteradamente hasta que se te echa la hora encima. ¿Sueles hacerlo? Este hábito podría hacer que nos despertemos más cansados debido a que interrumpe de manera brusca y repetitiva los ciclos de sueño. Por no hablar de que nos levantamos más tarde y con el pie izquierdo: corriendo y con estrés.

Alternativa: Una opción sencilla es dejar tu despertador (o lo que utilices) lejos de tu alcance. Así, tendrás que levantarte para apagarlo. Sabemos que es un esfuerzo grande, pero puede ayudarte a empezar mejor el día.

  • 5    Tomar pastillas o infusiones para dormir
Si bien a corto plazo estas sustancias parecen ayudarnos a descansar mejor, a largo plazo pueden generar dependencia y tolerancia. Dado que utilizándolas no se aprenden buenos hábitos de descanso, el problema únicamente se enmascara temporalmente. De este modo, cuando se dejan de tomar la dificultad para dormir suele seguir ahí. Además, si se consumen habitualmente, el cuerpo se habitúa a ellas y cada vez se necesitan dosis mayores para lograr el mismo efecto.

Alternativa: Lo ideal es que vayas relajándote según se acerca la hora de dormir. Puedes crear un ambiente tranquilo y reducir tu ritmo progresivamente. También es útil respirar de manera relajada. Si estableces alguna rutina (o pasos) para acostarte, se facilitará asimismo la conciliación del sueño.

Te sugerimos que si tu descanso no es del todo satisfactorio vayas probando a modificar esta serie de hábitos. Asimismo, te  recomendamos que revises la siguiente entrada que publicamos hace tiempo: http://psicologia-cpa.blogspot.com/2015/11/tan-tarde-y-yo-sin-dormir.html

¿Tienes otros trucos para descansar mejor y empezar el día con energía? Compártelos con nosotros en los comentarios de esta entrada.

Cristina Aristimuño de las Heras – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:
-        Hauri, P. y Linde, S. (1992). Cómo acabar con el insomnio. Un método más seguro y efectivo que cualquier pastilla. Barcelona: Ediciones Médici.

-        Perlis, M.L, Jungquist, C., Smith, M.T y Posner, D. (2009). Insomnio. Una guía cognitivo-conductual de tratamiento. Bilbao: Desclée de Brouwer.

lunes, 2 de noviembre de 2015

¡Tan tarde y yo sin dormir!

Esta frase es una de las más repetidas ante la situación de intento fallido de querer dormir. Se trata de un pensamiento que, lejos de ayudar, dificulta la tan ansiada conciliación del sueño.

La 1…las 2…las 3… ¿A quién no le ha pasado, estar en la cama, cerrar los ojos, intentar dormir y no conseguirlo? Peor aún, ¿Qué ocurre cuando además del malestar que ya de por sí genera esta situación se añade la preocupación por anticipar el cansancio acumulado? Lo más probable es que tu nivel de malestar aumente y resulte todavía más complicado conseguir dormir.

Imagen: malavoda, con licencia Creative Commons
El insomnio es la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o la no consecución de un sueño reparador durante al menos un mes. Se trata de la queja más habitual en lo que al sueño se refiere, es más habitual a medida que aumenta la edad y suele darse en mayor medida en mujeres.

Existe la creencia popular de que se debe dormir al menos 8 horas para sentir recuperación física en el momento de despertar. Esta creencia se basa en que el patrón de sueño más frecuente en la población suele oscilar entre 6 horas y media y 9 horas, por lo que se trata de un promedio y no de un criterio estrictamente clínico. La cantidad necesaria de descanso depende de factores del organismo, del ambiente y del comportamiento, por lo que no todos necesitamos dormir las mismas horas.

También se tiende a considerar insomnio únicamente a la situación concreta del momento en que nos disponemos a dormir, pero ¿y si eres capaz de conciliarlo pero despiertas a mitad de la noche y es en ese momento cuando aparecen episodios de desvelos? ¿Y si te despiertas muy temprano por la mañana y no consigues volver a dormir? ¿Es insomnio? Efectivamente, estas situaciones pueden considerarse insomnio, aunque en ambos casos serían más una cuestión de incapacidad para mantener el sueño que de conciliarlo.

lunes, 9 de febrero de 2015

¿Por qué soñamos?



Imagina que tu cerebro es una lavadora. A lo largo del día vas metiendo en ella ropa que acabas de adquirir (los estímulos que percibes) y otras prendas (recuerdos) del mismo color (asociadas) que tenías en el armario (tu memoria). Llega el momento de acostarse y como te caen mal tus vecinos, la pones en funcionamiento hasta el día siguiente. Su programa es muy particular: cada cierto tiempo (en la fase REM del sueño) se activa una cámara que trata de registrar y dar sentido a ese revoltijo de ideas e imágenes inconexas. Si te despiertas en ese momento y tratas de ver lo que se acaba de grabar, sabrás qué has soñado esa noche. De lo contrario se borrará para siempre.

Con esta metáfora trato de ilustrar, grosso modo, cómo funciona el mecanismo que hay detrás de un fenómeno tan llamativo como son las ensoñaciones. La fascinación que producen da para muchos interrogantes, así que trataré de responder a los que un psicólogo clínico se suele encontrar con más frecuencia.

lunes, 19 de mayo de 2014

Dormir no es un juego de niños

El profesor de neurociencia en la Universidad de Oxford Russell Foster ofreció una charla bajo el título “¿Por qué dormimos?” en la que reflexiona sobre la importancia capital de una actividad en la que invertimos de media el 36 por ciento de nuestra vida, o lo que es lo mismo, unos 32 años de una persona que alcanzase la edad de 90.

Una necesidad vital de la que, sin embargo, muchos reniegan en esta sociedad frenética en la que no se puede perder un solo minuto. En tiempos pretéritos eran ejemplo de ello Thomas Edisson, quien llegó a decir que “el sueño es una pérdida criminal de tiempo y una herencia de nuestro pasado cavernícola” o Margaret Tatcher, que aseveró que “el sueño es para los débiles”.