El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 22 de marzo de 2021

Entendiendo el miedo a engordar

La comida  es el combustible que permite que el cuerpo pueda funcionar correctamente, ya que a través de la alimentación obtenemos energía para que el cuerpo pueda llevar a cabo todas las funciones necesarias del día a día, tales como el proceso de digestión, además de actividades como subir las escaleras o leer un libro. Siendo la comida un elemento tan fundamental para nuestro desarrollo y supervivencia, ¿cómo es posible que lleguemos a restringir nuestra alimentación o ésta se convierta en algo aversivo? En este post analizaremos algunas claves para entender el miedo a engordar.

¿Qué es el miedo?

El miedo es un mecanismo de supervivencia  que nos ha sido útil a lo largo de la historia para sobrevivir. En el momento que interpretamos algo de nuestro entorno como un peligro, la emoción de miedo aparece y nos avisa de la necesidad de emitir una conducta de huida cuando existe dicha amenaza. Para entender mejor este concepto, imaginemos el ejemplo de nuestros antecesores. En concreto imaginemos uno de esos primeros hombres, que sale en busca de alimento y se topa con una bestia con garras y dientes afilados.En ese momento, se dispara su respuesta de miedo, lo que influye en que huya corriendo y, por tanto, sobreviva.

Sin embargo, por nuestra historia de aprendizaje, en ocasiones también sentimos miedo ante elementos que no representan una amenaza real para nuestra supervivencia. Un ejemplo sería el caso de aquellas personas que tienen pavor al metro ya que, tal vez, tras una mala experiencia en la que sintieron mucho miedo viajando en metro terminasen asociando el miedo a ese medio de transporte, y al final aprenden que si ponen un pie en él, está en riesgo su supervivencia.

El miedo a… engordar

¿Entonces, es posible tener miedo a engordar? Por supuesto que sí. Podemos aprender que ciertos elementos de nuestro alrededor son una amenaza, aunque realmente no se traten de peligros para nuestra supervivencia. Actualmente, vivimos en un momento histórico característico, con una sociedad modernizada, en la que, por ejemplo, ya no tenemos que salir de caza para obtener alimentos, por lo tanto, también hemos ido desarrollando nuevos peligros que tal vez no tienen una repercusión directa sobre nuestra supervivencia, pero afectan por ejemplo a la hora de relacionarnos con los otros, lo cual es muy importante para nosotros como individuos.

Foto de Ketut Subiyanto en Pexels con licencia Creative Commons

A lo largo de nuestra vida vamos aprendiendo cómo desenvolvernos por el mundo, tanto por experiencias directas como por observación de las personas de nuestro alrededor. Muchos de estos aprendizajes empiezan desde que somos pequeños, por ejemplo, toda la información a la que estamos expuestos sobre los cánones de belleza imperantes. En publicidad y en películas, por ejemplo, nos muestran constantemente determinadas características de la imagen corporal asociadas a éxito a distintos niveles. Por otro lado, también aprendemos de nuestras propias experiencias. Por ejemplo, cuando de pequeños acudimos a una revisión con el pediatra y éste nos dice: “está al borde del sobrepeso…tiene que adelgazar”. En ese momento, una figura de autoridad como es un médico, nos está diciendo que nuestro peso tiene repercusiones negativas para nuestra salud, por lo que podríamos concluir que es necesario bajar de peso. También, en ocasiones, podemos haber experimentado en nuestra propia piel la recepción de comentarios críticos de nuestro entorno sobre nuestra imagen, lo que puede influir en que nos sintamos rechazados/as. Incluso podemos observar que aquellas personas que cumplen con los cánones de belleza establecidos en el momento parecen tener más éxito a nivel social.

Estas experiencias pueden ir influyendo en que las personas podamos llegar a experimentar  miedo a engordar por las posibles repercusiones que hemos aprendido que puede tener para nosotros/as, sobre nuestra salud o nuestras relaciones sociales (aunque, paradójicamente, esto no se ajuste a cómo funciona la realidad).

Pongamos el ejemplo de una persona que pesa 75 kg y mide 1,70 cm con este miedo a engordar, para ello, comienza a perder peso a través de una dieta hipocalórica. Va progresivamente perdiendo peso, pero ese miedo persiste, por lo que además de la dieta, empieza a hacer ejercicio compulsivamente, a saltarse comidas y prohibirse ciertos alimentos que considera muy calóricos, consiguiendo bajar a 50 kg. Pero… ha bajado 25 kg y sigue teniendo miedo a engordar. ¿Cómo es posible que pese a este bajón de peso la persona siga teniendo ese miedo a engordar?

Como hemos comentado anteriormente, cuando sentimos miedo con mayor probabilidad pondremos en marcha una serie de conductas que nos sean útiles para escapar del peligro que percibimos. En este caso, algunas personas quizás comiencen a restringir su alimentación, prohibiéndose ciertos alimentos, y a realizar ejercicio físico en exceso, con el fin de evitar esa ganancia de peso. Estas conductas, a corto plazo, podrían resultar útiles para calmar el malestar que puede suponer subir de peso y otorgan cierta sensación de control sobre el mismo. Sin embargo, a largo plazo estos mismos comportamientos podrían influir en el mantenimiento del miedo, ya que no son estrategias que ayuden a superar ese miedo, sino que además, podrían aumentar la probabilidad de que surjan ciertas repercusiones para la persona como un bajo estado de ánimo, alta activación psicofisiológica, dificultades de concentración, alteración del sueño, disminución de la autoestima, etc.

Por todo lo anterior, podríamos llegar a la conclusión de que la clave del miedo a engordar no radica en el peso, sino en el miedo. El miedo a engordar permanece independientemente del peso perdido; nunca será suficiente la pérdida de peso. Hay que desmontar la falsa promesa de que cuando se llegue a ese peso ideal, un número determinado en la báscula, todo irá bien y se solucionará el problema.

Si en algún momento te has sentido identificada/o a lo largo de este post, y sientes que no puedes manejar tu malestar, no dudes en ponerte en manos de un/a profesional. En el CPA, podemos ayudarte.

Andrea Sánchez – Terapeuta del CPA


lunes, 3 de diciembre de 2018

Cuando la timidez se convierte en fobia social


“A Yolanda le resulta sencillo tratar con los compañeros de clase cuando comentan temas académicos. Su miedo aparece en otras situaciones donde debe relacionarse con los demás, como fiestas, comer en la cafetería o dar un discurso. Piensa que hará el ridículo y que le temblarán las manos”.
            ¿Te pasa lo mismo en algún tipo de situación social? Estos miedos son muy comunes. En esta entrada te explicamos cómo cambiar tu temor a actuar ante determinadas situaciones sociales que te generan malestar; pero antes, te adelantamos en primicia que desde CPA se ofrecerá un taller para mejorar las habilidades a la hora de hablar en público ¿Te apetecería mejorar tu exposición de TFG o TFM? ¿Te vas a dedicar a una profesión donde es necesario expresarse en público con fluidez? Apuntate al taller pero... ¡corre, las plazas son limitadas!



Según Carmen Pastor y Juan Sevillá (2005), la fobia social se define como el miedo irracional y desproporcionado a un determinado número de situaciones de interacción social donde la persona se ve expuesta a personas que no pertenecen a su ámbito familiar o a la posible evaluación por parte de los demás. Dicha persona está convencida de que actuará de una manera ridícula, embarazosa o humillante. Esta certeza se acompaña de sensaciones físicas (taquicardia, calor, rubor, sudoración, temblores). Ante este malestar, la persona tiende a evitar dichas situaciones sociales. Las situaciones sociales que más habitualmente provocan malestar son: asistir a fiestas o reuniones sociales, hablar en público, pedir información, relacionarse con figuras de autoridad, comer o beber en público, conocer a gente nueva, ir de compras o hablar por teléfono.

A continuación te dejamos un resumen de los aspectos más destacables de la fobia social. 

1. Elementos de la fobia social

            A)Principales pensamientos en la fobia social    
    
Tipo de pensamientos
Ejemplos
Sobre la propia actuación
“No sé qué decir”,” siempre lo hago mal”, “tartamudearé y no me entenderán”, “me quedaré en blanco”
Sobre la percepción de los demás ante mi actuación
“Se van a dar cuenta”, “me están mirando”, “sabrán que estoy nervioso”
Sobre el juicio negativo de los demás
“Pensarán que soy un idiota, que estoy haciendo el ridículo y que soy aburrido”
Sobre ser rechazado
“No querrán hablar conmigo”, “dejarán de ser mis amigos”, “me despedirán”
Sobre autodesprecio
“Nunca lo superaré”, “soy poco interesante”, “no sirvo para nada”
Sobre reacciones de ansiedad visibles
“¡Es horrible, me estoy poniendo rojo”, “estoy empapada en sudor”, “me tiembla tanto la mano que no puedo sujetar el micrófono”

B) El elemento fisiológico 

           A nivel fisiológico, los cambios físicos que se producen son muy similares a los que ocurren en otros trastornos de ansiedad. Habitualmente los que más suelen darse en personas con fobia social son el rubor facial, el temblor y la sudoración. 

C) El elemento motor

            Consiste en la ejecución voluntaria de comportamientos preventivos destinados a no sentir ansiedad, a que no se note exteriormente o a no actuar torpemente, con el fin de reducir la posibilidad de ser evaluado negativamente por los demás. La persona evita la situación (Ej: rehúsa una invitación para acudir a una fiesta, toma una valeriana antes de la presentación, habla solo del tema que domina, usa ropa ancha para que no se note el sudor etc.) o escapa durante la misma (Ej: abandonar la situación).

2. ¿Cómo se mantiene la fobia social?
  
             Habitualmente se inicia con unasensación de peligro, es decir, los pensamientos catastrofistas sobre que algo malo va a suceder (Ej: “Me quedaré en blanco”), tras lo cual aparecen las sensaciones fisiológicas de ansiedad y la percepción de tales reacciones (Ej: “Me estoy poniendo roja”), lo que aumenta a su vez las reacciones fisiológicas (Ej: Comienzo a sudar más). En este momento de gran malestar, la persona emite las conductas de seguridad mencionadas anteriormente (Ej: huir al baño) que a corto plazo alivian el malestar, pero a largo plazo impiden a la persona comprobar que sus pensamientos catastrofistas no se convierten en realidad, por lo cual el problema se mantiene en el futuro
       
3. Tratamiento psicológico de la fobia social


             La forma de pensar, especialmente el temor a la evaluación y los pensamientos catastrofistas, son elementos cruciales en la fobia social. El primer paso es identificar los pensamientos negativos automáticos que se presentan ante las situaciones temidas (ejemplos de ellos serían los mencionados en el primer apartado). Posteriormente, se analizarían en base a criterios más objetivos como la certeza, gravedad o utilidad de los mismos. Puedes obtener más información de este proceso en la siguiente entrada http://psicologia-cpa.blogspot.com/2017/03/pensamientos-irracionales-como-graduar.html

            Una vez hayas modificado tus pensamientos hacia alternativas más que te permitan conseguir tu objetivo, será el momento de eliminar las conductas de seguridad. Para ello, deberás afrontar paulatinamente las situaciones evitadas con el fin de comprobar si eso que temes ocurre o no, o que, el caso de que ocurra, tendrás herramientas para gestionarlo. Por ello es importante trabajar al mismo tiempo técnicas del control de la ansiedad (Ej: respiración abdominal) o manejo de situaciones difíciles (Ej: cómo responder ante una crítica), denominadas habitualmente como asertividad (puedes leer más acerca de estas últimas en: http://psicologia-cpa.blogspot.com/2014/11/ser-asertivo-en-el-trabajo.html

Alejandra Peña – Terapeuta del CPA
Referencias bibliográficas
Pastor, C. y Sevillá, J. (2005). Tratamiento psicológico de la fobia social. Un manual de autoayuda paso a paso (3ª edición).Valencia: Publicaciones del Centro de Terapia de Conducta.

lunes, 5 de marzo de 2018

¿Eres de esas personas que creen tener “mala suerte”?, si es así esta entrada puede interesarte

¿Sabrías decir cuántas veces has escuchado que traen mala suerte las siguientes afirmaciones?

·        Romper un espejo.
·        Pasar por debajo de una escalera.
·        Tirar la sal.
·        Abrir el paraguas dentro de una casa.
·        Que un gato negro se cruce por tu camino.

Todas estas frases tienen un gran carga cultural y un importante efecto en cómo nos comportamos. Tanto es así, que la Fundación affinity que tiene como objetivo investigar, actuar y promover los beneficios de los animales de compañía en la sociedad, aporta datos recogidos de distintos estudios sobre el estigma al que se enfrentan los gatos negros a causa de la creencia en la mala suerte. De hecho, esto explica en parte, que el índice de adopción sea menor que el de los gatos de otro color y no sean tan apreciados.
El ejemplo anterior, aunque refleja una situación sin mucho sentido, es una de las consecuencias que tienen en nuestra cultura determinados mitos o leyendas populares. Vayamos un paso más allá.

¿Qué explica la superstición?
La superstición o mejor dicho la conducta supersticiosa, surge cuando un reforzador se produce contiguo a un comportamiento independiente. Así, si durante un examen que creo que me ha salido muy bien he elegido un bolígrafo concreto, puedo llegar a creer que ha sido el hecho de escribir con ese bolígrafo lo que ha favorecido que el examen haya ido bien. Esto puede dar pie a que coja ese bolígrafo en los próximos exámenes, quedando así justificada mi creencia.
Además, puede ocurrir que las personas tiendan a confirmar sus creencias prestando atención a los datos a favor de éstas y obviando los datos en contra, dando lugar al mantenimiento de las mismas. Por ejemplo, pasaremos por alto las veces que se nos cruzó un gato negro y no nos pasó nada desagradable, y recordaremos más las veces en las que se nos cruzó un gato negro y sí nos ocurrió algo malo.

 ¿Qué inconvenientes tiene la superstición?
Una de las principales consecuencias puede ser que la persona crea que tiene poca capacidad para cambiar algo o manejar una determinada situación, es decir, falta de control a la hora de gestionar un aspecto relevante para ella.
El hecho de asociar un determinado objeto o amuleto a determinadas situaciones puede dar lugar a que sintamos malestar si no lo tenemos, e incluso puede afectar a nuestro desempeño. Un ejemplo podría ser, aludiendo a lo mencionado anteriormente, no llevar encima nuestro “bolígrafo de la suerte” en un examen.
Además, la superstición puede conducir a la persona a creer que algo funciona sin tener pruebas de ello, ya que estas creencias hacen que asumamos determinados aspectos para los que no existe una explicación clara. Un ejemplo archiconocido por todos son los horóscopos.

¿Qué podemos poner en práctica para ganar control de lo que hacemos?
·        Lo primero es tener en cuenta que lo que mantiene las conductas supersticiosas son las creencias que tenemos sobre la mala suerte. Si en lugar de pensar “este bolígrafo va a hacer que pueda aprobar el examen”, me digo “tengo bien preparado el examen y esto puede hacer que apruebe”, he dado la vuelta a la situación tomando el control.
·        Pensar que algo no me ha ido bien porque “he tenido mala suerte” lleva a que en ocasiones no nos responsabilicemos de determinados hechos. Una alternativa podría ser centrarnos en lo que podemos hacer para resolver situaciones complicadas y en los recursos a poner en práctica.
·        Controlar los nervios o la activación antes de una situación importante para nosotros a través de técnicas de relajación o a través de lo que me digo a mí mismo, es más útil que dejarlo en manos de amuletos u objetos. En el primer caso tomo yo el control, mientras que en el segundo dependo de que ese objeto esté o no.

Quizás esta entrada pueda ayudarnos a ver a los gatos negros con otros ojos a partir de ahora;  o, mejor dicho, a valorarlos con el respeto y cariño que se merecen.


Fotografía: Emily Hopper, con licencia Creative Commons

Elena Ballesteros – Terapeuta del CPA

Referencias Bibliográficas:

Mieres, H. G., González, N. G., y González, A. F. (2016). La medición de la superstición y su relación con el locus de control. RIDPSICLO, 1(2), 9.

domingo, 14 de enero de 2018

¡Tranquilo/a! Es un ataque de pánico

¡Ya estamos de vuelta! ¿Qué tal has pasado la Navidad? Puede que seas de los que odian esa época, las reuniones familiares, largas colas en las tiendas y ver a Papa Noel allá donde mires. O, por lo contrario, te encanta el periodo navideño, te pones jersey con renos y cantas villancicos, pero los exámenes de enero no te permiten disfrutarlo como te gustaría.

Seas del grupo que seas, es una época del año complicada para muchas personas, y puede que, en algún momento, hayas experimentado malestar, sensaciones fisiológicas intensas y se te hayan pasado por la cabeza pensamientos como “¿qué me está pasando, es normal esa taquicardia o me está dando un infarto?”. Si te resulta familiar o conoces a alguien a quien le haya pasado, sabrás que podemos estar ante lo que definimos como un ataque de pánico.

 Fotografía: Una cierta mirada, con licencia Creative Commons


Un ataque de pánico se define como un miedo intenso, malestar elevado y sensación de peligro, acompañados de sensaciones fisiológicas como taquicardia, mareo, sensación de ahogo, sudoración, etc. Ante el malestar experimentado, la persona suele realizar conductas como escaparse de la situación, poner fin a la fuente del malestar o distraerse. Ciertas variables (el contexto, la intensidad del ataque, la interpretación de éste, etc.) pueden contribuir a que esta experiencia afecte negativamente a la persona, interfiriendo en su vida de manera significativa. Aparece una preocupación constante por sufrir un nuevo ataque y miedo ante posibles consecuencias catastróficas de éste. También pueden generalizarse los contextos que la persona identifica como desencadenantes de los ataques, por ejemplo, si ha sufrido un ataque de pánico en el metro, tendrá miedo y puede que evite usar todos los medios de transporte público con características parecidas (bus, tren, tranvía, etc.). 
A continuación, te dejamos un resumen de los aspectos más importantes de los ataques de pánico: 


¿Qué puede pasar?
·   Experimentar miedo, malestar, preocupación, sensación de peligro, etc.
·   Sentir sensaciones fisiológicas como: mareo, taquicardia, sudoración, temblores, sensación de falta de aire o ahogo, nudo en el estómago, tensión muscular, opresión en el pecho, nauseas, hormigueo, escalofríos...
·   Pensar: “me está dando un infarto, me voy a desmayar, haré el ridículo, me estoy volviendo loco, qué vergüenza, ya se están fijando en mí…”
¿Cuándo y dónde?
Es una pregunta imposible de responder, ya que podemos sufrir un ataque de pánico en cualquier momento y lugar. No obstante, a menudo la gente relaciona estos ataques con un sitio concreto, un momento del día o incluso la presencia de alguien, por lo que puede anticipar la aparición de éste.
¿Qué hago normalmente?
La primera respuesta, casi automática, que llevamos a cabo es escaparnos del contexto en el que se está desarrollando el ataque de pánico, poniéndole así fin al malestar que experimentamos en ese momento. Si no podemos irnos de la situación, por lo menos intentaremos distraernos y centrar nuestra atención en otra cosa. En el futuro, evitaremos este tipo de situaciones.
¿Qué error cometo?
Escapándonos o evitando la situación, a corto plazo efectivamente conseguimos disminuir el malestar que experimentamos, por lo que es normal que nuestra primera reacción sea así. No obstante, a largo plazo no desarrollamos las estrategias adecuadas para afrontar nuestro problema. Éste persiste o incluso empeora, ya que acabamos temiendo y evitando cada vez más contextos, con tal de prevenir cualquier posibilidad de sufrir un nuevo ataque de pánico. Además, a menudo a lo que realmente tememos son nuestros pensamientos y anticipaciones que generamos. No llegamos a comprobar si las consecuencias temidas realmente son ciertas y si son tan horribles como nos las imaginamos (¿realmente acabaríamos teniendo un infarto o nos desmayaríamos si no llegásemos a escaparnos?)
¿Qué debo hacer?
La respuesta es: exponte. Quédate haciendo la tarea que estabas realizando en ese momento. Lo mejor de la ansiedad es que dura un tiempo limitado por lo que tal y como ha venido, se irá. Primero subirá, hasta alcanzar un pico que puede durar un tiempo, pero antes o después bajará. Sin la necesidad de escaparte o distraerte. Y podrás comprobarlo sólo si te quedas y te atreves a exponerte a todas esas sensaciones indeseadas que queremos evitar a toda costa. Así comprobarás de primera mano que todo lo que tanto temes (desmayarte, hacer el ridículo, morir) en realidad no pasa. Además, es muy importante lo que piensas en ese momento: céntrate en lo que realmente sientes (“tengo taquicardia”) y no permitas que los pensamientos catastrofistas se apoderen de ti (“me está dando un infarto”). Puede resultar beneficioso mandarnos mensajes como “esto, tal y como ha empezado, acabará”, “estoy sintiendo taquicardia pero esto no implica nada más allá que mi corazón late más deprisa”, “puedo con esto porque ya lo he superado antes”, “es desagradable pero cada vez me pasa menos y lo controlo mejor”, etc.
Nota: empezar a exponerte a las sensaciones fisiológicas que temes puede resultar complicado y debe hacerse en condiciones adecuadas. Buscar ayuda profesional y acudir a terapia para aprender a manejar los ataques de pánico, acompañado de un experto, es la opción más recomendada.




Así que, si alguna vez experimentas las sensaciones descritas en esta entrada, ya sabes, ¡tranquilo/a!, es un ataque de pánico y tal como viene, se va. Con la diferencia de que ahora ya sabes cómo actuar para hacerle frente.

Si te apetece saber más sobre el tema, puedes consultar el Protocolo de intervención clínica para los problemas de pánico y agorafobia (http://www.uam.es/centros/psicologia/paginas/cpa/paginas/doc/documentacion/rincon/protocolo_panico_agorafobia.pdf) o el videoblog ¿Qué es la ansiedad? (https://www.youtube.com/watch?v=I26zZsIzsyM&t=) realizado por el equipo del CPA. Como siempre, si la problemática tratada en esta entrada te causa malestar y afecta negativamente a tu vida, no dudes en contactar con nosotros, ya que, en el CPA, contamos con profesionales cualificados que podrán ayudarte.

¡Esperamos que te haya resultado útil!

Kaja Chmielowiec – Terapeuta del CPA.

Bibliografía recomendada:

Calero, A. y Bados, A. (2010). Protocolo de intervención clínica para los problemas de pánico y agorafobia. Madrid: UAM. 

lunes, 11 de diciembre de 2017

BULLYING: CÓMO RECONOCER Y ACTUAR FRENTE AL ACOSO ESCOLAR

Las relaciones que los niños y adolescentes establecen con su entorno más cercano (familia, escuela, vecindario, etc.) son imprescindibles para un adecuado desarrollo emocional, social y cognitivo. Sin embargo, las relaciones humanas implican conflictos; siendo el acoso escolar un claro ejemplo de este tipo de disputas.
Son diversos los estudios que evidencian la tendencia ascendente de este tipo de comportamientos. Entre ellos, la investigación realizada por la Fundación ANAR en el año 2016 concluye que 1.207 niños y niñas españoles se vieron envueltos en alguna situación de bullying en su centro educativo, lo cual supone un aumento del 87,7% en el último año.

Los padres y profesores son las personas con las que los menores invierten una mayor cantidad de tiempo. Por ello, resulta imprescindible que conozcan los comportamientos que caracterizan a las víctimas de acoso escolar, así como el modo de intervenir ante este tipo de situaciones.

Fotografía: Pimkie, con licencia Creative Commons

Cómo reconocer una situación de acoso escolar (profesores):
VÍCTIMA
AGRESOR
-    Se muestran tristes e indefensos
-    Se ausentan a menudo del colegio
-    Presentan marcas, rasguños, golpes, etc.
-    Sus interacciones con los compañeros de clase se ven disminuidas
-    A menudo manifiestan que alguna de sus pertenencias ha desaparecido (comida, material escolar, etc.)
-    Se observan cambios en su comportamiento en clase (se muestran más introvertidos, menos participativos, su rendimiento académico baja, etc.)
-      Con frecuencia forman parte de peleas, disputas y enfrentamientos
-      Se comportan de manera agresiva
-      Llevan a cabo agresiones físicas, verbales, psicológicas y exclusión social

Cómo prevenir una situación de acoso escolar (profesores):
Ø  Atender a los comportamientos anteriormente descritos, con el propósito de identificar una posible situación de acoso escolar.
Ø  Evitar subestimar, reforzar o fomentar las situaciones de violencia entre iguales que puedan sucederse en clase (no reírse ante un mote o acusar a un alumno de “soplón” por comunicar una posible situación de acoso escolar).
Ø  Adoptar una actitud cercana con los alumnos, mostrar interés y preocupación por ellos.
Ø  Fomentar la cohesión grupal con actividades cooperativas que, a su vez, promuevan el respeto a los derechos del resto del alumnado, tales como la elaboración de las normas de convivencia del centro.
Ø  Realizar actividades, dinámicas grupales o juegos que fomenten el desarrollo de una adecuada autoestima, la empatía, el autocontrol emocional, la adecuada resolución de conflictos y la conducta asertiva entre el alumnado.

Cómo actuar en el caso de haber detectado una situación de acoso escolar (profesores):
Ø  Antes de dar por hecho la situación de acoso escolar, recabar más información sobre lo ocurrido.
Ø  Hablar con las partes implicadas en lo sucedido (víctima, agresor y espectadores).
Ø  Trabajar el conflicto en clase.
Ø  Informar de la situación al equipo directivo y orientador.
Ø  Hablar tanto con la familia de la víctima como del agresor.
Ø  Valorar la posibilidad de ofrecer a la víctima apoyo psicológico.
Cómo reconocer una situación de acoso escolar (padres):
Además de las señales anteriormente descritas, resulta conveniente estar atentos a la presencia de:
VÍCTIMA
-        Insomnio
-    Pérdida de apetito
-    Cambios de humor
-    Pasar mucho tiempo en casa y no salir con amigos
-    Cambio repentino en la forma en que el menor se habla a sí mismo –refiriéndose a sí mismo como “perdedor” o “fracasado”-
-    Poner excusas para faltar al colegio de forma recurrente (por ejemplo, fingiendo estar enfermo). En algunas ocasiones, pueden aparecer síntomas psicosomáticos como vómitos o dolores de cabeza

Cómo prevenir una situación de acoso escolar (padres):
Ø  Atender a los comportamientos anteriormente descritos.
Ø  Inculcar al menor la importancia del respeto a los demás y a sus diferencias, el compañerismo, la solidaridad y la ayuda.
Ø  Enseñarle a resolver conflictos de forma constructiva (la mediación y negociación como medios de resolución de conflictos sin violencia).
Ø  Conocer a los integrantes de su grupo de amigos.
Cómo actuar en el caso de haber detectado una situación de acoso escolar (padres):
Ø  Escuchar atentamente al menor: los niños víctimas de acoso escolar únicamente hablan de su situación cuando tienen absoluta certeza de que van a ser escuchados y ayudados.
Ø  Al hablar con el menor acerca del incidente, explicarle que los conceptos “delatar” y “soplón” son etiquetas negativas que pueden utilizarse para disuadir a los niños de informar sobre una agresión.
Ø  Informar a la escuela de lo sucedido y trabajar conjuntamente con ella.

Referencias bibliográficas:

-        Barajas, M., Caballero, M., Martín, M. V. y Ramos, A. E. (2016). Estudio sobre acoso escolar y ciberbullying. Guía del profesor. Madrid: Fundación ANAR

-         Merayo, M. M. (2013). Acoso escolar. Guía para padres y madres. Madrid: CEAPA


Irene Álvarez Ossorio – Terapeuta del CPA