El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 24 de abril de 2023

El estigma social del VIH

    El VIH es un virus que ataca el sistema inmunitario del cuerpo y se transmite a través de las relaciones sexuales, por el contacto con sangre infectada (por ejemplo, a través de transfusiones sanguíneas) o por compartir agujas. Además, puede transmitirse de madre a hijo durante el embarazo, el parto o la lactancia. Es una enfermedad que, a día de hoy, si se siguen las pautas de tratamiento proporcionadas, el contagio es prácticamente inexistente. De hecho, toda persona seropositiva que siga correctamente el tratamiento antirretroviral tendrá, con el tiempo, una carga de VIH no detectable, lo que evitará que infecte a su pareja sexual aunque no utilice preservativo. A pesar de esto, pareciera que el avance de la ciencia no genera avances en la sociedad. El estigma social del VIH sigue representando una barrera importante para su tratamiento y para las personas que lo sufren.

Imagen de Pexels
    Dentro de los mitos o conductas estigmatizantes más comunes, que discriminan a las personas que tienen VIH, suelen estar:
  • Creer que solo ciertos grupos de personas pueden contraer el VIH. Sobre todo colectivos que representan una minoría en la sociedad, como la comunidad LGTBQ+.
  • Rechazar el contacto casual con alguien que tiene el VIH por miedo a contagiarse u otras suposiciones erróneas.
  • Que un proveedor de atención médica se niegue a brindar servicios a una persona que tiene el VIH, por intersección de opiniones morales o religiosas personales.
  • Sentir que alguien merece contraer el VIH debido a las decisiones que toma.
  • Juzgar moralmente a las personas que toman medidas para prevenir la transmisión del VIH.
  Y así, muchas otras discriminaciones que las personas seropositivas deben enfrentar en su día a día.

    Muchas de las ideas que se tienen acerca del VIH actualmente provienen de las primeras imágenes del VIH que aparecieron a principios de los años 80. Aunque igual de erróneas, surgieron en un contexto en donde la ciencia no estaba tan avanzada ni tenía la tecnología adecuada para estudiar el virus, y en donde los colectivos oprimidos tenían menos derechos y voz que ahora. Por lo tanto, ¿por qué se continúan perpetuando este tipo de ideas en la sociedad? Y ¿qué podemos hacer para eliminarlas y educar a la sociedad sobre este tema tan importante?

    La combinación de falta de conocimiento e información con la existencia de suposiciones obsoletas produce en la gente temor a contraer el VIH y a discriminar a las personas que lo tienen. Dentro de los cambios que podemos hacer cada uno para aportar nuestro granito de arena, están:

  • Hablar abiertamente sobre el VIH, con tus amigos, compañeros de trabajo o familiares. Invítalos a leer información actualizada, cuéntales lo que sabes del tema y lo importante que es conocer sobre el estado actual de esta enfermedad.
  • Comparte información del tema en redes sociales o cualquier plataforma a la que tengas acceso. Existen muchas organizaciones y asociaciones que se dedican a apoyar a las personas con VIH y reducir el estigma que sufren.
    
    Todos podemos ayudar a terminar con el estigma por el VIH con nuestras acciones en la vida diaria.


Sol Patricia García Matus - Terapeuta del CPA



lunes, 28 de noviembre de 2022

Mitos de las agresiones sexuales: Cuando las víctimas son tratadas como culpables

El 25 de noviembre fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Dentro de las muchas violencias que sufren las mujeres en su día a día una de las más invisibilizadas es la violencia sexual. En España, un 13, 7% de las mujeres afirman haber sufrido violencia sexual a lo largo de su vida (Delegación del Gobierno, 2019). Según la última encuesta de violencia de género en España, “El 84,1% de las víctimas de violencia sexual y el 67,2% de las mujeres que han sufrido una violación no han buscado ayuda formal tras lo sucedido” (Delegación del Gobierno, 2019).

Muchas víctimas relatan lo difícil que es para ellas hablar de su experiencia y del rechazo que sienten en ocasiones por parte de su entorno y de la sociedad en su conjunto. En este sentido, muchos autores plantean que, en culturas como la española, existe la denominada “cultura de la violación”, una serie de creencias y actitudes que crean un contexto más permisivo con este tipo de conductas. Dentro de esta cultura tienen especial importancia la aceptación de una serie de mitos acerca de las violaciones, los cuales engloban creencias falsas sobre la violación, sobre las víctimas y los violadores, y que favorecen la creación de un clima hostil hacia las víctimas. Las personas que tienen más interiorizados estos mitos tienen más probabilidades de culpabilizar a la persona que ha sufrido una violación cuanto más se aleja la agresión sexual del “prototipo” de agresión (víctima agredida en un callejón oscuro por un desconocido), siendo también más probable que no quieran prestarle apoyo. 


Imagen de Freepik

        Algunos de los mitos más habituales a los que nos referimos son los siguientes:

·    Ella miente. Insinuaciones de que la víctima tiene otros motivos para denunciar a su agresor, como, por ejemplo, un cambio de opinión en el consentimiento de la relación sexual, una venganza, etc., o de que su testimonio no es creíble.

·     Ella “se lo buscó”. Se da a entender que la víctima realizó acciones que la culpabilizan de la violación, como coquetear, ingerir cualquier tipo de droga o irse con el agresor voluntariamente, entre otras.

·    La violación es algo trivial: referencias a la poca gravedad del daño infligido a la víctima, mencionándose, por ejemplo, que la víctima siguió con su vida, que se exageran las consecuencias o que no hubo denuncia.

·    Él no quería hacerlo. Cuando se trata de excusar la conducta del agresor, aludiendo, por ejemplo, a que consumió algún tipo de droga, a que se debe a necesidad biológica o a que no se percató de la resistencia de la chica.

·    No es el tipo de tío que haría eso. Mensajes que refuercen la idea de que los violadores son psicópatas o depravados sexuales y que los hombres de clase media no cometen agresiones sexuales.

·   Solo le pasa a ciertas mujeres. Creencias asociadas a que eso solo ocurre a mujeres con determinadas características como promiscuidad, fiesteras o con “mala reputación”, por ejemplo.

       Estos mitos se mantienen en el imaginario social e influyen en la visión que tenemos de las víctimas cuando estas cuentan sus historias. Esto genera la siguiente pregunta: “¿por qué se mantienen estas ideas?”. Algunas posibles explicaciones son las siguientes:

·      Reducir la incertidumbre y aumentar el control percibido de las personas sobre situaciones que son peligrosas: Si creo que hay un perfil de víctima de agresiones sexuales y un perfil de agresor, puedo sentirme menos vulnerable a poder ser víctima de estas conductas.

·      Mantener creencias sobre el mundo. Esta creencia va muy unida a la anterior. En este sentido, existe la “teoría del mundo justo”, la creencia de que el mundo es un lugar en el que todo el mundo consigue lo que se merece. El hecho de que haya mujeres que sean agredidas sexualmente iría en contra de esta idea de “un mundo justo”, por lo que aparecen ideas para justificar este hecho (ella se lo buscó, se lo ha inventado, el chico que lo ha hecho es un monstruo...), para mantener así esta visión del mundo.

·    Mantener roles de género y estereotipos. Las mujeres que son más criticadas y culpadas por haber sufrido una agresión sexual son aquellas que se salen de la idea de mujer que proponen los roles de género tradicionales, es decir, aquellas que no tienen un rol pasivo.

        Frente a estos mitos, es importante que nos planteemos estas ideas:

·  La mayor parte de agresores sexuales son conocidos de las víctimas (amigos, parejas o familiares).

·      Dar un beso, irse a un lugar apartado..., no justifica que se consienta todo lo que ocurra después. El consentimiento es específico, se puede consentir una cosa y no otra y reversible, siempre se puede cambiar de opinión.  Además, ante la ausencia de un “sí” entusiasta, tenemos que asumir un “no”.

·       Si tenemos dudas de cómo está siendo nuestra reacción, cambiemos el crimen: en vez de pensar que estamos hablando de una agresión sexual, pensemos que es un atraco; ¿preguntarías a la víctima cómo era su cartera? ¿Considerarías que el ladrón no ha cometido un atraco porque iba demasiado borracho?

·     Las reacciones que tenemos ante cualquier evento son fruto de nuestra historia de aprendizaje. Por ello, dos víctimas no reaccionarán igual ante una agresión sexual. Puede que haya síntomas que sean comunes, pero estos difieren mucho de una víctima a otra y, por tanto, es imposible que podamos juzgar si una persona ha sufrido o no una agresión sexual en función de cómo esté después de la misma. 

En resumen, como sociedad tenemos que estar pendientes de estos mitos que están tan arraigados y cómo nos influyen, para comenzar a crear redes de apoyo que favorezcan que las víctimas se sientan cómodas si deciden hablar de lo sucedido.

Ariadna Sánchez Cabrera - Terapeuta del CPA


Referencias

  • Burt, M. R. (1980). Cultural myths and supports for rape. Journal of Personality and Social Psychology, 38(2), 217-230. doi: 10.1037/0022-3514.38.2.217
  • Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. (2019). Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019. Recuperado de: https://bit.ly/3g4HPKI
  • Trottier, D., Benbouriche, M., Bonneville, V., y Noorishad, P.G. (2020). Adhésionauxmythes du viol et perpétration de coercitionsexuellechez les étudiants et étudiantesuniversitaires: Une revuesystématique de la littérature, Canadian Psychology/Psychologiecanadienne, 1-19. doi: 10.1037/cap0000227
Serie por si te interesa este tema...

  • Grant, S., Timberman S., Beverly C., Cholodenko L., Waldman, A., Chabon, M., Couric, K., Tofel, R., Barsky, N., Semien, R. y Adler, M. (Productores). (2019-2016). Unbelievable [Serie]. Netflix. https://www.netflix.com/

 

 

lunes, 8 de abril de 2019

Mitos sobre nutrición: ¿cuántos aún crees?



Los mensajes nutricionales a los que habitualmente tenemos acceso mediante los medios de comunicación o bajo el amparo de la industria alimentaria, suelen estar, en parte, simplificados; lo que da lugar a desinformación en la población. Por otro lado, nos bombardean con etiquetas engañosas como “light” o “natural” o programas de adelgazamiento basados en dietas sin un correcto ajuste nutricional. ¿Te has parado a pensar cuántos mitos sobre nutrición aún crees? 


Fotografía de pixabay.com con licencia Creative Commons



Para el dietista-nutricionista Aitor Sánchez (2016) algunos de los mitos más comunes serían:

1- Para adelgazar solo necesito tomar menos kilocalorías
No se trata de contar cuántas kilocalorías ingiero, ya que es imposible estimarlas pues no se pueden contar con precisión la cantidad de nutrientes y energía que tiene cada alimento; siendo además diferente la respuesta de cada organismo y su aprovechamiento. Resulta mucho más adecuado tener presente el balance energético, es decir, el balance entre las kilocalorías que ingiero y las que gasto. No obstante creer que solo debo ingerir menos kilocalorías resulta problemático, ya que si esa premisa siempre fuese correcta, los alimentos light serían más nutritivos que alimentos más calóricos como el aceite de oliva virgen extra o los frutos secos. El sentido común nos dice que 100gr de aguacate no repercuten en nuestro organismo como 100gr de ginebra o azúcar. Lo saludable de un alimento no depende de su cantidad de kilocalorías sino de su calidad nutricional. Si además, se llevase a cabo una dieta puramente restrictiva y una abstinencia prolongada el organismo presentaría hambre constante, lo que facilitaría episodios de descontrol alimentario (por ejemplo, atracones). Por ello, la comida debería ser de alto valor nutricional, adecuada al balance energético y distribuida a lo largo del día (Froján, González y Cristóbal, 2006). 

2- Los hidratos de carbono engordan
Por definición, no. Como hemos comentado, la ganancia de peso será una consecuencia de nuestro balance energético. Los hidratos de carbono contribuyen con su energía a proporcionarnos una parte de las kilocalorías, junto a la que aportan las grasas o proteínas, que nuestro cuerpo necesita a diario. Por ello, los hidratos no engordan por sí mismos sino por un consumo excesivo, pero igual que engordaríamos por un consumo excesivo de proteínas o grasas. 

3- El desayuno es la comida más importante del día
El desayuno puede convertirse en la comida más importante del día si así lo deseamos, por ejemplo, varía mucho el tipo de alimentos que se consumen en el desayuno según la cultura. Sería óptimo entender que si deseamos que sea importante deberíamos intentar que fuese lo más saludable posible (¿acaso cuando desayunamos esos bollos, zumos comerciales, cacao en polvo azucarado o galletas creemos que es saludable?). Desde el punto de vista nutricional podríamos desayunar lo que nos apeteciera siempre y cuando fuese coherente con el resto de nuestras ingestas y los alimentos tuviesen un alto contenido nutricional (por ejemplo, batidos de frutas y verduras caseros, cereales sin azúcar, tostadas integrales, un bol lleno de alimentos saludables como yogurt, fruta troceada y frutos secos...).

4- El azúcar es necesario
Muchos de los productos que encontramos en el supermercado conllevan azúcar, pues la industria alimentaria los incorpora con el fin de abaratar el producto (es una materia prima muy económica), hacerlos más agradables al paladar y convertirlos en alimentos no perecederos. Sin embargo, las calorías que producen son calorías vacías pues solo proporciona energía pero no otros nutrientes y además este aditivo provoca en nuestro organismo fenómenos como picos de glucemia, infamación, acúmulo de grasa visceral….que predisponen al sobrepeso y a la diabetes mellitus. No se trata de no consumir alimentos con sacarosa sino de proporcionar al cuerpo alimentos ricos en glucosa y con mayor aporte nutricional como por ejemplo legumbres, cereales o tubérculos.

Esperamos que esta entrada te haya ayudado a desterrar algunos de los mitos nutricionales. Si quieres saber más sobre problemas alimentarios te animamos a que leas la entrada http://psicologia-cpa.blogspot.com/2015/04/titulo-atrapado-en-tu-propio-cuerpo.html

Alejandra Peña  - Terapeuta del CPA
Referencias
Sánchez, A. (2016). Mi dieta cojea. Barcelona: Paidós.
Froján, M.X; González, M. y Cristóbla, R. (2006). Qué es la anorexia. Madrid: Biblioteca Nueva.

lunes, 25 de febrero de 2019

Rompiendo el mito ¿qué me voy a encontrar cuando vaya al psicólogo?

Foto de  GotCredit con Licencia CreativeCommons


Cuando hablamos de Psicología muchas personas tienen dudas sobre a qué nos referimos. Existen prejuicios acerca de esta ciencia y la idea inicial puede estar alejada de la realidad.

La Psicología es la ciencia que se encarga de estudiar la conducta humana. Esta definición, se puede interpretar de forma incorrecta. Generalmente equiparamos conducta con “aquellas cosas que una persona hace”. Sin embargo, para un psicólogo/a la conducta es mucho, muchísimo, más. El comportamiento solo se puede entender como una interacción, y esta interacción no incluye solo la relación con los aspectos externos, fuera de la piel, como si esta fuese una barrera entre el individuo y el mundo. Cuando un psicólogo/a habla de conducta también está teniendo en cuenta lo interno, tanto las sensaciones físicas, las emociones y sentimientos, como los pensamientos. Además, no podemos hacer una separación entre cuerpo y mente. El ser humano es un todo, por ejemplo, no podemos separar con un cuchillo el proceso de digestión y el placer de comer, van unidos. 

Cuando una persona aparece en consulta con un problema psicológico, el psicólogo/a entiende que esta persona valora su comportamiento como “poco adaptativo” para su vida. Es decir, esa persona tiene conductas que son ineficaces a la hora de enfrentarse a los retos de su vida. El/la  profesional se encargará de evaluar qué ocurre y por qué se mantiene la problemática, considerando que el problema no es algo inherente a la persona. Es decir,  no va a colocar el problema dentro de uno mismo. De este modo, si una persona sufre ansiedad, la ansiedad no está en el individuo como un ente inamovible, como quien tiene un corazón o dos pulmones, ni es una etiqueta del individuo como quien es alto o moreno. La ansiedad serán una serie de comportamientos, pensamientos y emociones que le están impidiendo relacionarse con su medio como desea.  

El/la profesional de la psicología tampoco considerará la ansiedad como una enfermedad. Cuando decimos que una persona está enferma de tuberculosis se debe a que está contagiada con la bacteria que causa la tuberculosis y cursa con síntomas como tos, dolor en el pecho, fiebre, dificultad respiratoria, etc. Esta persona debe tomar antibióticos, aunque desaparezcan los síntomas, hasta que ha logrado acabar con todas las bacterias que le han invadido. Los problemas psicológicos NO funcionan así. Volviendo a la persona que solicita ayuda por ansiedad. Entre sus síntomas se evalúa que presenta taquicardia, sudoración, pensamientos negativos sobre su “torpeza” social y, además, evita reuniones de amigos donde haya gente nueva. En el momento que se enfrente a las situaciones problemáticas y desaparece esta sintomatología diremos que ha aprendido conductas más adaptativa. Así, la Psicología no busca la “bacteria” de la ansiedad. Por el contrario, pretende conocer qué factores de la interacción individuo-medio explican los síntomas y proporcionar las herramientas necesarias para que la persona pueda modificar su comportamiento por otro que le resulte más adecuado. 

¿Cómo puede la Psicología ayudar a resolver problemas?
Los psicólogos aplican los modelos generales que su ciencia ha desarrollado sobre aprendizaje (y desaprendizaje) de comportamientos. Además los ajustan al caso particular que solicita psicoterapia. Para ello, un psicólogo/a necesita conocer en profundidad todas las variables del problema de la persona en consulta. Durante las primeras sesiones, la base de la interacción será una entrevista, permitiendo al/a la profesional elaborar una descripción funcional muy detallada de la demanda. En este proceso será muy importante la colaboración de la persona que busca ayuda. El objetivo final será tener una explicación del porqué ocurren los comportamientos desadaptativos y elaborar un plan de tratamiento para modificarlos.

Una vez que el psicólogo/a entiende qué ocurre, por qué ocurre y cuales es el mantenimiento del problema, hará participe a la persona,  explicando la situación para poder comenzar el proceso de intervención.

Lo fundamental en la intervención psicológica es que la persona que acude a consulta sea agente del cambio. Una vez consensuado el plan de tratamiento entre la persona que demanda terapia y el psicólogo/a, será la propia persona quien lo lleve a cabo con ayuda de su psicólogo/a, que le irá guiando en todo momento, entrenándole en técnicas empíricamente validadas. Es cierto que este proceso a veces dará miedo. Requiere esfuerzo y caminar lejos de la zona de confort. A raíz de un trabajo personal, se adquieren las herramientas para enfrentarse no solo al problema específico, sino a muchos otros problemas diarios, generalizando así el aprendizaje adquirido a lo largo del proceso terapéutico. Esto se debe a que, afortunadamente, los seres humanos tienen una gran capacidad de generalizar los aprendizajes. 

De este modo cuando vayamos a un psicólogo/a, vamos a encontrar a un/a profesional que va a ofrecernos todo sus conocimientos teóricos y técnicos sobre psicológica. El psicólogo/a nos acompañará en el proceso de aprendizaje de comportamientos adaptativos, pero en última instancia el poder de cambio reside en nosotros mismos y es que nosotros somos la mejor herramienta que existe. 

Naiara Matesanz– Terapeuta del CPA
Referencias bibliográficas
Froján, M.X. y Santacreu, J (2008) Qué es un tratamiento Psicológico. Biblioteca Nueva. Madrid.