El Centro de Psicología Aplicada pretende desde su blog, Psicología ComPartidA, divulgar la psicología en la comunidad universitaria con la intención de promover la salud física y mental. Nuestro objetivo es acercar el conocimiento a través de la publicación de artículos del ámbito psicológico y compartir noticias de actualidad.

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lunes, 3 de octubre de 2016

Miedos en la infancia

Todos los niños y niñas sufren y sienten miedos, la mayoría de estos miedos son adaptativos, es decir, son evolutivos e irán menguando con la edad. Los miedos evolutivos son normales y habituales en el ciclo evolutivo de la infancia, y se desarrollan totalmente por igual en todas las culturas.

El miedo es una emoción, tal como son, por ejemplo, la tristeza y la alegría. Las sensaciones y las emociones tienen un papel de adaptación. Por eso el miedo tiene una función beneficiosa, protege a los niños y niñas de sufrir peligros innecesarios.

Imagen: Pezibear, con licencia de Creative Commons.

Los miedos evolutivos más corrientes de 0 a 2 años son a los ruidos fuertes, a los extraños, a la pérdida del sostenimiento y a la separación de los padres. De 2 a 6 años encontramos que son a la oscuridad, a los animales, a los fantasmas, a los monstruos y al daño físico. De 6 a 8 años, estos miedos son a los accidentes, a las tormentas, y a la sangre y heridas. De 8 a 11 años son al colegio, a la muerte, a las críticas, al abandono, al fracaso, a la separación o el divorcio, y a las notas académicas. Y por último, de 12 a 18 años son a las relaciones sociales, a la propia imagen y al reconocimiento por parte de los demás. Como se puede observar en los primeros años de edad, los miedos más habituales son los físicos y fantasiosos, mientras que en la adolescencia los miedos más comunes son de índole social.

Sin embargo, el miedo puede convertirse en un problema cuando este deja de ser útil, y se vuelve desproporcionado y desadaptativo. A este tipo de miedo se le denomina fobia. Hablamos que el miedo es desproporcionado, cuando ante un elemento inofensivo y que no supone ningún peligro la respuesta del niño o niña es excesiva.  Y desadaptativo cuando la alta magnitud de la respuesta del niño o niña, le ocasiona un gran malestar, serias inquietudes, manifestaciones molestas como mareos, diarreas, dolores de cabeza, etc. Entorpeciendo en el funcionamiento de su vida cotidiana y en el crecimiento personal del niño o niña. En estas ocasiones de fobia, o de temor inadecuado que perjudica al estilo de vida cotidiano de la familia y/o el niño, se recomienda una intervención psicológica.

El problema, de la fobia o el temor intenso, suele originarse cuando el niño o la niña empieza a hacer conductas de escape del estímulo temido, o conductas de evitación frente a la aparición de este. Por ejemplo, si un niño o niña tiene un miedo desmesurado a los perros, evitará ir a las casas de sus amigos, vecinos, familiares, donde tengan como mascota a un  perro, y si los encuentra por la calle paseando con sus amos, intentará cruzar rápidamente a la otra acera. Si estas conductas de evitación o escape se mantienen en el niño o la niña, fomentarán que el niño o la niña conserve y hasta aumente su pavor a las cosas temidas, e incluso se sensibilice a estas.

La clave para superar los miedos (o la fobia) es la exposición a estos. Es decir, cuando el niño o la niña se ponga en la situación temida, y verifique que efectivamente no le ocurre nada perjudicial, empezará el proceso de aprendizaje denominado “extinción”,  o sea que cada vez que el niño o la niña, se exponga a la situación temida, se irá rompiendo la asociación entre el elemento temido y la respuesta de miedo originada.

En algunas ocasiones, tener miedo es ventajoso para el niño o la niña, ya que consiguen atención social por parte de los adultos, y por otro lado, se libran de las obligaciones o de las situaciones temidas. No obstante, puede ser complejo saber cuando el miedo puede ser real, y cuando puede ser ficticio.

Díez propuestas para ayudar al niño o niña con miedo:
  1. No reñirlo, no castigarle ni burlarse.
  2. No ignorar su miedo. Por ejemplo: “Tienes que ser valiente”.
  3. No utilizar el miedo para controlar el comportamiento del niño o la niña. Por ejemplo: “Que viene el hombre del saco”.
  4. No transmitir los miedos de los adultos.
  5. Enseñarle estrategias para controlar la ansiedad. Por ejemplo: Relajación, autoinstrucciones, escuchar música.
  6. Utilizar el buen humor. Por ejemplo: Contando chistes, narrar historias graciosas, etc.
  7. Hablar sobre lo que le produce miedo. Ayudarle a explicar su miedo,  que se sienta escuchado y comprendido. Emitir seguridad y confianza al niño o niña.
  8. Animarle a afrontar sus miedos. De un modo gradual, y reforzando positivamente sus conductas de afrontamiento.
  9. Brindar una percepción positiva del mundo. Enseñar a solucionar los problemas que les vayan apareciendo, y a no preocuparse exageradamente.
  10. Si los padres o adultos no consiguen manejar la situación de temor, a pesar del empeño que hayan puesto por solucionarla, es apropiado que acudan a un profesional de la psicología.

Débora Navarro (Terapeuta CPA)




lunes, 11 de mayo de 2015

¿Niños con fobias o simples miedos?


Foto: Erikthegreat, con licencia creative commons

Como ya sabemos, la ansiedad es una respuesta adaptativa que nos permite escapar de una situación de posible peligro. Por ello, el hecho de tener ansiedad ante ciertas situaciones no supone necesariamente un problema. Sin embargo, en opinión de esta psicóloga, hoy en día existe un fuerte rechazo hacia las sensaciones displacenteras, siendo interpretadas en seguida como un elemento aversivo que hay que evitar, y que además indica que no se está bien, que se tiene algún problema.
Esta intolerancia aparente a la ansiedad puede afectar a cómo se interpretan y abordan los miedos infantiles, ya que los miedos normales pueden ser interpretados como patológicos. 

lunes, 23 de marzo de 2015

Los niños pequeños, esos grandes maestros




Autora: Lola, con licencia creative commons
Todos nosotros hemos sido niños. Esta es una verdad incuestionable, sin embargo, parece que muchas veces cae en el olvido. ¿Por qué lo dejamos de lado, por qué nos olvidamos a veces de algo tan importante? El impacto que ejerce la cultura y la sociedad en el proceso de aprendizaje de convertirnos en adultos, "castigando" los comportamientos "infantiles", es tal que en muchas ocasiones trae consigo la inhibición de una serie de conductas adaptativas que manifestábamos de niños y que ya siendo adultos solemos emitir en menor frecuencia.

En mi experiencia con niños -tanto en consulta como fuera de ella- he podido comprobar cómo ellos mismos son verdaderos maestros, grandes modelos que nos enseñan cada día importantes lecciones a los adultos:

lunes, 23 de febrero de 2015

La bolsa o la vida


Foto: alepuz, con licencia creative commons

O más bien tu hijo o tu vida. Cada vez hay más demanda por parte de padres desesperados y agobiados con sus hijos desobedientes, maleducados, agresivos…
Este comportamiento tan alejado de normas es bastante habitual en el desarrollo de los niños: los lloros, las pataletas, los insultos (“eres tonta”)... son frecuentes y convenientes en ciertos momentos de la vida de un niño, y con este comportamiento se puede generar que el niño adopte un estilo de comunicación asertivo, defendiendo sus derechos y respetando los de los demás. El problema está cuando estos comportamientos no cesan.

Quizá se pueda pensar en el componente hereditario de este tipo de conductas, en la estabilidad de las mismas y en la imposibilidad hacia el cambio. Pero nada más alejado de la realidad.